El Fondo Monetario Internacional advirtió ayer de una revisión a la baja de las previsiones de crecimiento global, en un contexto marcado por la persistencia del shock energético derivado del conflicto en Oriente Medio y por el riesgo de nuevas tensiones inflacionistas. En enero, la institución situó el crecimiento mundial en el 3,3% para 2026 y en el 3,2% para 2027, aunque todavía no ha precisado el nuevo nivel que publicará la próxima semana. Asimismo, anticipó una revisión al alza de las previsiones de inflación, reflejando el impacto del encarecimiento de la energía, la disrupción de las cadenas logísticas y el deterioro de la confianza.
En este contexto, los datos de Estados Unidos refuerzan la percepción de un entorno más complejo para la política monetaria. La inflación medida por el PCE repuntó en febrero hasta el 0,4% mensual, desde el 0,3% anterior, mientras la tasa anual se mantuvo en el 2,8%. El componente subyacente se situó en el 3,0% interanual, una décima por debajo del 3,1% previo, confirmando que las presiones de precios siguen siendo elevadas incluso antes del impacto del repunte del petróleo. Por el lado el PIB del cuarto trimestre fue revisado a la baja hasta el 0,5%, frente al 0,7% estimado previamente y muy por debajo del 4,4% del tercer trimestre, evidenciando una desaceleración más intensa. El escenario combina así menor crecimiento y persistencia inflacionaria, manteniendo un sesgo de cautela sobre la futura actuación de la FED.