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La responsabilidad del hermano mayor

La responsabilidad del hermano mayor

jueves 05 de septiembre de 2019, 12:46h

No crean que voy a hablar del nuevo director general de juventud de la Comunidad de Madrid, Pedro García Aguado, presentador del programa “Hermano mayor”, no, supongo que el tema ya está bastante trillado. Algunos cargos políticos no hace falta que sean ocupados por políticos o especialistas en la materia, sino que como ellos mismos dicen, son fichajes y al final parece que su función puede hacerla cualquiera que responda a una imagen “ilusionante” y poco más. No importa su formación para realizar un trabajo especializado.

No, voy a escribir sobre el aprendizaje por observación. Si han tenido hermanos pequeños o ahora hijos con los que poder comparar, habrán visto la gran capacidad de imitación de los niños y niñas a partir de los 2 años. Para ellos su hermano mayor es el modelo a seguir para hablar, bailar, jugar, relacionarse…son su referente y se identifican con ellos. El psicólogo Albert Bandura explica que, durante el desarrollo, los niños observan a otros niños y en su mente reproducen mediante la imaginación esas situaciones. Gracias a ese almacén de experiencias ajenas, cuando viven un momento similar, reaccionan de la forma que han observado en otros. Eso es lo que Bandura denominará aprendizaje vicario. Según su teoría, el ser humano aprende el comportamiento a través de modelos reales. Dicho aprendizaje se produce de forma más significativa cuando el modelo es alguien admirable, fuerte o afectuoso. En definitiva, que tiene ascendencia sobre la persona. De ahí que los niños pequeños se inspiren en su hermano mayor o en cualquier otro referente próximo a él. Si aprendiz y modelo tienen además rasgos similares, el potencial de aprendizaje es mayor y aumenta la probabilidad de aprendizaje. No hay mejor maestro que un igual.

¿Qué están consiguiendo estos hermanitos copiones? Creer en sí mismos, en sus propios recursos y en sus habilidades. La autoconfianza desarrollada gracias a los ejemplos que ven en los demás niños, además de los refuerzos de los padres, consiguen lo que denominamos autoeficacia. La mera expectativa de saber que pueden, les llevará a proponerse nuevos retos. Esta percepción personal del niño aumenta su confianza y, por tanto, la motivación.

En el rendimiento escolar la realización de una tarea va a depender además de las capacidades del niño, de la evaluación subjetiva que recibe sobre su eficacia y la comparación con el rendimiento de los demás y necesitará esforzarse al máximo para poner a prueba sus capacidades.

Cuando escuchamos la queja “¡es que mi hermano hace lo mismo que yo!”, pensamos que es una fase más, pero imprescindible para generar confianza en los pequeños y toda una responsabilidad para el modelo a seguir.

Fátima Martí

Es psicóloga sanitaria experta en Psicología Educativa. Es presidenta de la asociación para niños y niñas con altas capacidades ARCA (www.altascapacidadesarca.org) y directora técnica en la asociación AAESI. Asesora a familias y da formación al profesorado sobre la detección y atención al alumnado con altas capacidades. Trabaja en consulta con niños y adolescentes. También es profesora en el Máster en intervención en necesidades específicas de apoyo educativo del CES DON BOSCO.

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