El encarecimiento de la energía por el conflicto en Oriente Medio ha impulsado un fuerte aumento de los precios de importación en Estados Unidos, alcanzando su mayor ritmo en cuatro años. Este incremento, superior a lo previsto, refleja subidas generalizadas en combustibles, alimentos y bienes de consumo, junto con un notable encarecimiento de los bienes de capital, el mayor desde finales de los años ochenta. Además, la debilidad previa del dólar ha contribuido a elevar los precios básicos de importación, que crecieron un 3,0% interanual. Todo ello apunta a una aceleración de la inflación en los próximos meses, reforzada por el alza del petróleo, los fertilizantes y las tensiones en la cadena de suministro. Ante este escenario, se prevé que la FED mantenga los tipos sin cambios por más tiempo.
En la eurozona, el BCE ha advertido que podría subir los tipos de interés si la inflación se mantiene elevada debido al impacto del conflicto energético. Aunque recientemente optó por no actuar, se debate la posibilidad de ajustes si los precios se desvían del objetivo del 2%, con escenarios que contemplan inflación superior al 4% o incluso al 6%. Las autoridades vigilarán señales como salarios y expectativas empresariales, mientras el deterioro económico ya afecta a la confianza y al crecimiento. Los mercados anticipan entre dos y tres subidas de tipos este año, aunque algunos analistas creen que el repunte podría ser temporal.