La intensificación del conflicto en Oriente Medio ha situado al estrecho de Ormuz en el centro del riesgo macro global, con implicaciones directas sobre los mercados energéticos y la inflación. La intervención militar de Estados Unidos para garantizar el tránsito marítimo, junto con las advertencias de Irán, ha elevado la incertidumbre sobre una vía que canaliza cerca del 20 % del comercio mundial de petróleo, impulsando el crudo por encima de los 110 dólares por barril. En Estados Unidos, este shock ya se refleja en la dinámica de precios. El índice PCE repuntó al 3,5 % en marzo desde el 2,8 % anterior, con estimaciones que apuntan a tasas próximas al 4 % en los próximos meses. Este entorno limita el margen de la política monetaria, pese a la resiliencia puntual de la actividad, como muestra el aumento de los pedidos de fábrica del 1,5 % frente al 0,3 % previo y al 0,5 % esperado.
En la eurozona, el deterioro del ciclo comienza a hacerse más visible. Aunque el PMI manufacturero se situó en 52,2 desde 51,6, el crecimiento responde en gran medida al acopio preventivo de inventarios. Esta distorsión es especialmente evidente en Alemania, donde el PMI descendió a 51,4 desde 52,2 y las expectativas empresariales entraron en terreno negativo por primera vez desde 2024, en un contexto de costes de insumos en máximos desde 2022 y crecientes tensiones en la cadena de suministro. El contraste entre actividad presente y expectativas confirma un entorno de crecimiento cada vez más frágil y condicionado por factores transitorios.