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Entrevista con David Fraile, director pedagógico de Cuarta Pared: "El teatro exige del alumno un fuerte compromiso y una gran vocación"

  • "Para ser un buen profesional del teatro hay que saber mucho, y haber pisado muchas tablas"
  • "Formamos actores de ruta, de carretera y de furgoneta"

jueves 18 de julio de 2019, 10:56h
Entrevista con David Fraile, director pedagógico de Cuarta Pared: 'El teatro exige del alumno un fuerte compromiso y una gran vocación'
(Foto: David Fraile)
Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense, y con estudios en Contabilidad Financiera en la Cámara de Comercio de Madrid, David Fraile, director pedagógico de Cuarta Pared, no se consolidó profesionalmente dentro del ámbito del teatro hasta que no cumplió la treintena. Desde entonces y hasta hoy, el teatro ha sido y sigue siendo su pasión, su vida, su eterno, esforzado y gozoso día a día, que fundamentalmente ha dedicado a la Escuela de teatro Cuarta Pared. “Desde el principio, tuvimos muy clara la conciencia de autofinanciación”, comienza diciéndonos Fraile para explicar el milagro de una escuela de teatro con más de tres décadas de historia que hoy aglutina a más de mil alumnos de todas las edades”.

1986 fue el año que vio nacer a la madrileña sala, la compañía y la escuela de teatro Cuarta Pared. Sus instalaciones estaban en la calle del Olivar. Cinco años después se trasladaron a Ercilla, 17, su actual ubicación. Y aún sería 4 años después, en 1995, cuando se refundó y se eligió a la directiva actual, de la que nuestro interlocutor forma parte desde 1998: “Lo hice casi coincidiendo con el estreno de la primera parte de la ‘Trilogía de La juventud’, Las manos (1999)”. Efectivamente, en los años siguientes se sucederían los estrenos de Imagina y 24-7, Veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Sus entonces tres jóvenes autores -José Ramón Fernández, Javier García Yagüe y Yolanda Pallín-, probablemente no eran conscientes de que con su iniciativa estaban comenzando a consolidar eso que después se llamó en España teatro alternativo, o teatro Off. Esa ‘Trilogía de la juventud’, tan íntimamente ligada a Cuarta Pared, y a la historia más reciente de nuestro teatro, acaba de recibir el espaldarazo de Ediciones Cátedra, que este mismo año ha publicado las tres obras en un solo volumen, dentro de su colección Letras Hispánicas.

En la Trilogía se retrataba la juventud de tres generaciones, la de los abuelos, cuya juventud había trascurrido en el campo y en la posguerra española; la de los padres, que habían tenido que emigrar del campo a la ciudad para protagonizar la industrialización de los años 70 y, finalmente, esa otra juventud de los 90 que ya comenzaba a sentir la perplejidad y la desubicación. Algunos de ellos eran esos jóvenes dramaturgos, directores de escena y actores que han estado vinculados a Cuarta Pared. Hoy, muchos otros jóvenes y menos jóvenes, hombres y mujeres de nuestros días siguen comenzando su andadura por el arte dramático a través de esta mítica sala y escuela de teatro.

“En Cuarta Pared, cada día suceden muchas cosas…”

Foto: Daniel Martínez

Fraile prefiere no pararse a pensar mucho en ello porque el día a día ya le plantea suficientes dificultades: “yo siempre digo que en Cuarta Pared suceden muchas cosas, algunas de las cuales tienen un carácter muy importante, eventos teatrales de gran relevancia y por eso, no sólo yo, sino todos los que formamos el equipo de la escuela y de la sala, sabemos que en cuanto terminas una cosa, estás ya inmediatamente haciendo otra… Para bien o para mal, porque a veces no tienes tiempo de saborear debidamente los ‘éxitos’, los logros. Pero, al mismo tiempo, tampoco te detienes demasiado en lamentarte cuando las cosas no salen tan bien como esperabas. Con todo, este es un ámbito de trabajo muy reflexivo. Hay que analizar minuciosamente cuanto se hace para establecer medidas correctoras de cara al día siguiente”.

De cualquier forma –comentamos a Fraile- el hecho es que gran parte de la profesión está vinculada a Cuarta Pared, por una u otra razón. “Sí –nos responde-, la verdad es que cuando ahora sales en Madrid a cualquiera de las funciones que se ofertan en la cartelera teatral, enseguida estableces los vínculos. Cuarta Pared ha sido un emisor de un montón de profesionales”. Para Fraile, lo que en su día comenzó a denominarse ‘salas alternativas’, teatro independiente, tuvo su primer caldo de cultivo en Cuarta Pared. Apostamos desde el principio por valores de cantera, y con unos criterios de programación muy claros. Quisimos apoyar dramaturgias contemporáneas, con un claro valor en la exploración y en la investigación; que tuvieran un vínculo claro con la sociedad española; que fueran obras escritas por dramaturgos españoles y para una sala que, aunque es pequeña, tiene un gran escenario y cuenta con un aforo de 200 personas.. . Y, por favor –subraya enfáticamente David-, ¡que nunca se nos pudiera confundir con la multiprogramación!, sino orientándonos a que los espectáculos tuvieran un tiempo suficiente de programación para que fuera funcionando la labor de expansión a través del público que visitaba la sala. Y, evidentemente, entonces no habían más de doscientas salas, como ocurre hoy en Madrid. ¡Éramos muy pocos!, y todos nos considerábamos compañeros de viaje”.

Foto: Daniel Martínez

“Cuando hoy vemos la gran cantidad de creadores con que cuenta el teatro español –continúa diciendo el director pedagógico de Cuarta Pared -, y que gran parte de ellos tienen o han tenido una fuerte vinculación con nuestra escuela o nuestra sala, asistimos con gozo a comprobar que ese sentimiento, esa pretensión, no ha muerto. A través de la propia Sala, del Proyecto Espacio de Teatro Contemporáneo (Proyecto ETC), seguimos empujando a la gente más joven que, en nuestra opinión, tienen mucho futuro por delante. Siempre hemos tenido muy claro que tenemos que hacer lo que nosotros consideramos que tenemos que hacer. Es decir, seguir siendo fieles a esos criterios por difícil que te lo ponga el camino. Es muy fácil incurrir en otros valores de mercado, en la multiprogramación, etc., y no lo hemos hecho. Y, como nos ha ido bien así, así vamos a seguir. Y, por otro lado siempre hemos tenido clara la conciencia de autofinanciación, es decir, que para poder programar el teatro que queremos hay que ser libre, y seguir esforzándose muchísimo en continuar financiándonos a través de medios absolutamente privados. De ahí que la Escuela Cuarta Pared tenga mucho valor, así como nuestro grupo de socios, Ahora mismo la Escuela aglutina a más de mil alumnos”. ¿Hemos escuchado bien: mil alumnos…? volvemos a incidir en la afirmación de Fraile, y este nos explica más pormenorizadamente la cifra: “la mayoría de ellos pueden encuadrarse entre los que denominamos ‘lúdicos’, aquellos alumnos que acuden a Cuarta Pared por inclinaciones humanísticas o educativas. Algunos de ellos acaban trasladándose al curso de Interpretación, pero la mayoría de ellos están aquí años y años. Muchos adolescentes han pasado antes por la escuela infantil, y siguen haciendo teatro porque ellos mismos se dan cuenta de que el teatro es bueno para la vida. Por eso aquí tratamos el tema con mucha seriedad y, por otro lado, propiciamos que cada uno se vincule al teatro en la manera que quiere”.

A esta escuela profesional entran cada año 22 nuevos alumnos, chicos y chicas. Antes han tenido que entrevistarse personalmente con el propio Fraile, al menos durante media hora, momento que este aprovecha para conocer el grado de implicación que el alumno está dispuesto a asumir. Es él quien debe gestionarse su propio tiempo y, por tanto, quien debe decidir si puede o no compatibilizar su paso por la Escuela con otro tipo de estudios o de trabajo: “nosotros promovemos la autonomía, la adultez y la responsabilidad. Hay gente que estudia en la Escuela Cuarta Pared al tiempo que cursa una carrera, o trabaja para poder financiarse su estancia en Madrid, o para ayudarse a la propia financiación familiar que reciben, pero yo siempre les digo en esas entrevistas que ellos son los dueños de su tiempo y que deben a aprender a gestionarlo desde el primer momento. La asistencia a las clases es ineludible. Los compañeros y las compañeras tienen que tener confianza en ti y tú en ellos. Lo segundo es que, si queremos un alto nivel de prácticas, y en varias asignaturas –como es el caso-, hay que quedar y gestionar todo eso en equipo. Aquí el alumno se encarga de todo (gestionar las muestras fin de curso, la rotación de escenas, el acogimiento del público, la información sobre qué es lo que van a ver, etc.)”.

Ese trasiego constante de los diferentes grupos de públicos por Cuarta Pared, a su director pedagógico le parece “emocionante” –asegura-, y continúa diciendo que “más allá de esos 22 chavales que entran cada año, el resto, es decir, más de 900 alumnos anuales, acuden a Cuarta Pared con la pretensión de vincularse a un grupo humano con el que trabajar, y con el que comunicar a través del teatro. Sea con pretensiones profesionales o de disfrute personal… Entre todos los grupos tenemos desde niños de 3 o 4 años, hasta personas de más de 80. Y, efectivamente, son más de 1000 entre todos, porque sólo en la sede de Cuarta Pared tenemos ya más de 500. El resto forman parte de una red muy extendida que Cuarta Pared tiene repartida por toda la Comunidad de Madrid”.

El oficio del teatro

Algunas docenas de alumnos que, inicialmente, se han vinculado al teatro únicamente por juego, por diversión, acaban dando el paso de hacer del teatro su profesión. Traspasar esa frontera no debe de ser fácil para el alumno, decimos a Fraile, pero él asiste con frecuencia a ese momento: “ahí está la Escuela para ayudarle a tomar la decisión. Tratamos siempre de que esa apuesta venga ligada al compromiso. El alumno tiene que tener un fuerte impulso creador, pero también una vocación para formarse en un arte muy complejo como es el del teatro. No sólo desde el punto de vista de la creación, sino también desde todo lo que conlleva el lenguaje teatral. El del teatro, profesionalmente considerado, es un arte caro porque necesita de muchos recursos y, además, juegas con la incertidumbre de no saber la longevidad que acabará teniendo un espectáculo en el que, paralelamente, hay que comprometerse tanto desde el punto de vista personal, que exige la vinculación a un grupo humano, etc. Todo eso lo tiene que saber el alumno antes de comprometerse a iniciar una carrera profesional. Por eso digo que, cuando toma esa decisión, no es fruto de un acto inconsciente o idealizado, sino de una reflexión profunda y seria que yo no oculto nunca en esa entrevista inicial con los aspirantes a ingresar en nuestra Escuela Regular de Interpretación. No queremos esos impulsos comerciales que, a veces, se dan de forma ilusoria, del ‘yo voy a ser actor para ser famoso y estar en las series de televisión’…”.

Estas razones hacen que otros alumnos desistan de emprender este camino de compromiso (20 horas semanales de clase, asistencia obligatoria, trabajo en grupo, compromiso…), y algunos opten por caminos más cortos y, al menos teóricamente, más fáciles para llegar a esas metas que buscan. “Y eso me parece bien –sentencia Fraile-, porque uno tiene que medir la relación entre las metas que persigue y el esfuerzo necesario para llegar hasta ellas… Cuarta Pared impulsa al alumno hacia un viaje artístico y cultural enorme, y nadie debe llevarse a engaño desde el principio”.

La asistencia al teatro, el contacto frecuente con las compañías –dentro y fuera de Cuarta Pared-, a espectáculos de danza, instalaciones y a exposiciones o conciertos, es la norma entre los alumnos de esta Escuela porque es precisamente “lo multidisciplinar lo que caracteriza al teatro contemporáneo, y esas iniciativas las animamos siempre desde Cuarta Pared. Aquí no solo se hacen muestras de interpretación, sino también auténticas instalaciones donde se mezcla todo tipo de material , y el actor se siente siempre impulsado a hacer arte, y además tiene muy claro el vínculo existente entre el teatro y la sociedad”.

En Cuarta Pared, pues, simultanean sus estudios cada año un máximo de 66 alumnos (22 por cada uno de los tres cursos), aunque ese número suele estar más cerca de los 50 porque, a medida que se van pasando los años, algunos de esos alumnos se van quedando en el camino (“no porque nosotros los excluyamos sino, más bien, por su propia autoexclusión…”), de forma que es mucho más ajustado afirmar que ese número anual de alumnos en la Escuela profesional de interpretación se acerca más a 50. “No se trata -prosigue afirmando Fraile-, de que los alumnos tengan que elegir entre sus estudios universitarios de Medicina, Filología o Teatro –pongamos por caso- sino más bien que tienen que elegir permanentemente entre compatibilizar sus estudios de teatro con otro tipo de estudios o con su trabajo, y esas otras actividades que hacen perder tanto tiempo, como estar embobado frente al televisor, engancharse a los videojuegos, o estar horas navegando por internet que, aunque parezcan muy superficiales, a la gente nos tienen muy enganchados… O, dicho de otra forma, hay gente a la que se le hace muy cuesta arriba tener que salir un domingo de casa a las 5 de la tarde porque tiene que ensayar, en lugar de irse a tomar unas cañas con los amigos, después de llevar toda la semana acudiendo a sus clases de teatro y compatibilizarlas con estudios y trabajo… Si esto fuera un valor también en las universidades, probablemente estarían vacías. Eso sí, los alumnos que se quedaran, que apostasen por el estudio en serio, serían magníficos futuros profesionales, docentes o investigadores”.

“No hace falta una titulación oficial para ser actor”

Preguntamos ahora a David sobre la idoneidad de la elección para un alumno entre las ESAD y escuelas privadas como Cuarta Pared y este, sin querer eludir el dilema, nos responde que “lo que se cuece fuera de Cuarta Pared, lo conozco poco. Me paso aquí demasiado tiempo gestionándolo todo y trato de ver mucho teatro, con lo cual apenas me queda tiempo para informarme sobre cómo son las cosas en otros lados… Lo que sí veo es que son entornos muy personalizados, adscritos a una figura concreta que va generando ‘discípulos de’, mientras que esta no es la escuela de Javier Yagüe o de David Fraile, sino una escuela con más de 30 profesionales que sistematizamos juntos una forma de trabajo. Y con respecto a la RESAD, tiene todas las ventajas e inconvenientes que tiene cualquier universidad pública: por un lado, tiene medios y seguro que unas prácticas muy enriquecedoras, muy buenos profesionales –a muchos de ellos los conocemos y, además, han colaborado con nosotros-, pero, por otro lado, también tienen que tener muchos problemas para actualizar los contenidos y las prácticas de una formación a la realidad del teatro. Al final creo que acaba predominando ese carácter academicista que, las más de las veces, genera cierto inmovilismo”.

Por otro lado, el director pedagógico de Cuarta Pared está persuadido de que en los centros oficiales de enseñanza del Arte Dramático se da valor a la adquisición del conocimiento de un modo muy cuantitativo en las asignaturas teóricas. En Cuarta Pared, por el contrario, nadie hace un examen a nadie. Cuando damos unas lecturas de ciertos dramaturgos, o ciertos ensayos acerca de ciertos creadores, como puedan ser Eugenio Barba, o Sófocles –pongamos por caso- -, todo eso se lee, se comparte, se explora y se conoce, pero al final todo está encaminado a su utilización práctica, para que esos conocimientos puedan ser llevados a escena, de una u otra forma. A la dramaturgia, aquí dedicamos tres horas semanales de clase, pero, además, hay muchas más horas dedicadas a la lectura, o al visionado de vídeos que exploran la historia de la puesta en escena, etc.”.

Si no hay exámenes, los alumnos se autoexcluyen por vergüenza torera, ¿no?, preguntamos ahora a David, y este vuelve a indicarnos que, “efectivamente, es una cuestión de compromiso y de implicación real, no idealizada. Además aquí se trabaja en equipo y se explora mucho –no te olvides que somos pedagogos-, la dinámica de grupo, la comunicación que se da en su seno, las herramientas para la toma de decisiones, así como tareas concretas y una gestión adecuada de los tiempos para llevarlas a cabo. Es toda una metodología en la que un alumno puede no sentirse cómodo y, por tanto, puede llegar a tomar la decisión de abandonar”.

Todos los profesores de Cuarta pared comparten y aplican esa metodología. Por eso se presta mucha importancia a la formación continua de los propios formadores de Cuarta Pared: “ponemos muchos medios a este fin. Desde los económicos hasta los del tiempo específico para ello en cada curso. Aquí no hay ningún profesor que no pase por ese marco formativo. Incluso la incorporación de nuevos profesores es siempre paulatina (primero acompañando a un profesor titular, para ir luego haciendo determinadas prácticas, etc. En la universidad, un profesor, cuando llega, establece su propio criterio pedagógico y aplica un determinado programa (bueno, malo o regular), pero aquí eso no existe”.

Aunque la inmensa mayoría de los alumnos de Cuarta Pared acuden a la escuela buscando la Interpretación, “cuando uno abre esa puerta, no puede saber dónde va a terminar. Yo, además de la entrevista inicial, y de las de valoración trimestral conjunta, al final de los tres cursos les pregunto también por esto, y muchos de ellos acaban descubriendo todo un campo de acción en el teatro físico, otros en la escritura, o la dirección o la dramaturgia escénica… Aquí, en ese proceso de tres años, vamos tocando todos los palos”.

La mayor parte de los alumnos que acceden a Cuarta Pared proceden de Bachillerato, aunque David prefiere conocer las inclinaciones literarias, artísticas o cinematográficas de los aspirantes. “A veces dejaron el bachiller hace algún tiempo y entonces lo que me interesa es conocer qué han hecho desde entonces hasta ese momento. Porque es muy interesante haber cursado alguna Formación Profesional, o haber salido fuera de España para trabajar y, de paso, aprender otro idioma… Hace poco entrevisté a una chica que, después de terminar la ESO, se fue a Londres para aprender inglés, trabajar para supervivir, y ver teatro y exposiciones de forma permanente. Eso indica una vivencia, un alto interés por la cultura… Y luego, eso sí, incido mucho en la necesidad previa de que sepan leer y escribir más que correctamente”.

“Cuando vas a producir, lo primero que tienes que tener en cuenta es qué te cabe en la furgoneta…”

Casi todos los alumnos que acuden a Cuarta Pared ya conocen previamente la filosofía de la Escuela, y son más los padres que acompañan a algunos de esos alumnos antes de matricularse los que vienen preocupados por la validez y la extensión de los estudios de Teatro. Desde el principio, todos ellos conocen que esos estudios no están homologados y que en Cuarta Pared se extiende un título, “una diplomatura que sólo tiene un carácter privado… Aunque, sinceramente, a los alumnos esto no les preocupa demasiado –afirma David entre sonrisas -. Ellos saben que están dentro de un ámbito en donde no hace falta una titulación oficial para ser actor. Quien te tenga que valorar será, desde luego, por otras actitudes, no por el título. Este es un oficio con un alto componente técnico que, además, exige un altísimo nivel de práctica. Y todos ellos salen con la pregunta concreta de ¿qué vas a hacer mañana? E incidimos que sí, que mañana mismo, porque si no se pone en práctica todo lo aprendido desde el mismo momento de salir de la Escuela, se entra en una vía muerta. Cada día sin práctica es un paso hacia atrás”.

Cuarta Pared ha hecho una apuesta muy fuerte a través del Proyecto ETC para llevar el teatro a las aulas. Y no sólo a través de la propia Escuela, sino también vinculando a creadores, actores y músicos con los propios profesores de las aulas. Además de esto, la Escuela cuenta con una compañía de teatro propia que, aunque ha visto reducidas sus posibilidades de producción y distribución durante los últimos años (los presupuestos públicos se han reducido drásticamente), nunca ha dejado de producir. Aparte del gran formato, antes se hacían producciones también en pequeño formato, pero estas últimas se han visto muy mermadas. De una u otra forma, esto posibilita que los chavales de cantera comiencen a bregarse sobre los escenarios. Pero esos primeros estímulos provenientes del sector público, han ido decayendo paulatinamente después de la crisis económica de estos últimos años”.

“Pensar que, a través de acudir a castings, por el mero hecho de que tienes unas dotes físicas o expresivas determinadas, vas a acabar siendo un actor, primero de éxito, y luego profesional, para toda tu vida, es como soñar con el premio gordo de la lotería”. Así de contundente y desmitificador se muestra Fraile a la hora de situar a los nuevos actores frente a la realidad de la profesión. “Para ser profesional durante años y años en el ámbito del teatro –continúa diciendo-, hay que saber mucho, y haber pisado muchas tablas, y hay que pensar que, cuando llegas a ser algún protagónico en algún sitio –salvo excepciones, que también las hay-, tienes que ser un profesional muy cualificado. En esto hay que ser muy claros y el filtro que tenemos que hacer en las escuelas que podemos hacerlo –otras no pueden, porque si no, no se sustentarían-, es eliminar esa dosis de esnobismo que conlleva para algunos aspirantes el oficio del teatro… Después, hay que añadir también que, dentro del teatro, es fácil hacerte cautivo dentro de una serie de valores de mercado porque hay directores, y directoras, que pasan a mitificarse y, en ese sentido, parece que todo debe de ir conducido en tu carrera a acabar trabajando con esas personas. Pero claro, ellos, que son buenos profesionales, no pueden acabar acaparando a todo el mundo. Al final, la generalidad de actores suelen ser seres desconocidos, salvo en su ámbito”.

Quizás, por las razones apuntadas más arriba, en Cuarta Pared se prima tanto el contacto habitual con las compañías profesionales ya consolidadas que, en general, responden a este último retrato pintado por Fraile. Una de ellas podría ser Ultramarinos de Lucas. “Es de esas compañías que aún pueden denominarse como de actores de ruta, de carretera y de furgoneta, 25 años después de su fundación y habiendo obtenido el Premio Nacional de Teatro. Por eso es bueno que los alumnos hablen con gentes como ellos. Cuando hablas con ellos lo primero que te dicen es que, cuando vas a producir, lo primero que tienes que tener en cuenta es qué te cabe en la furgoneta. ¡Son gente magnífica! Y, sobre todo, son grandes trabajadores del teatro, auténticos curritos. Yo reivindico mucho la figura del currito, del obrero dentro del teatro”.

Nuestra última pregunta al director pedagógico de Cuarta Pared ha querido ser incómoda, y Fraile no la ha rehuido, sino todo lo contrario. ¿En qué medida, durante estos últimos 20 o 25 años de trabajo, has llegado a la conclusión de que ha merecido la pena, a pesar de lo que haya podido quedarse en el camino de tu entorno, tu familia, tus amigos…? David nos confiesa que “cuando entro a clase con mis alumnos, me autoconvenzo de que soy el que fui, y he hecho lo que debía. Pero tengo que ser sincero: cada día uno se pregunta por qué permanece en un marco tan complicado como este, de tanta brega, de tantísimas horas de trabajo, y al final uno tiene que acabar pensando también en el peaje que ha tenido que pagar por esta elección. En qué medida esto ha afectado a tu divorcio, en qué medida esto le ha restado tiempo a tus hijas, en qué medida -sentimentalmente hablando- no eres la mejor pareja para nadie… Pero, al fin, uno se autoconvence de que es lo que es por decisión propia. A mí nadie me ha empujado a esto, y vengo de haber recorrido otros caminos profesionales anteriores (he sido jefe logístico en una empresa, he sido también jefe contable, entre muchas otras cosas), hasta que a eso de los 30 años me crucé con el teatro y, desde entonces, ya no he abandonado este camino. Ahora bien, dentro de que las personas somos vulnerables y no somos perfectas, uno valora cada día lo que hace, por qué lo hace, y cuánto le cuesta".

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