Europa concentró ayer la atención con señales de debilidad que vuelven a cuestionar la solidez de la recuperación. En Alemania, el índice Ifo retrocedió a 88,1, por debajo de las expectativas, lo que confirma que la mayor economía de la Eurozona sigue sin un punto de inflexión claro tras dos años de contracción.
La ligera mejora en la evaluación de la situación actual no compensó el deterioro de las expectativas empresariales, en línea con la pérdida de impulso observada en los PMI. La falta de avances en la agenda de reformas continúa pesando sobre la confianza. En Francia, el debate presupuestario añadió presión al panorama europeo. Tras el rechazo parcial del texto en la Asamblea Nacional, el Gobierno mantiene su objetivo de situar el déficit por debajo del 5 % del PIB en 2026, pero afronta ahora una negociación compleja en el Senado y, posteriormente, en un comité conjunto. La fragmentación parlamentaria incrementa el riesgo de retrasos y obliga a una reescritura profunda de las medidas fiscales, alimentando dudas sobre la credibilidad del ajuste previsto.
El Reino Unido continúa enfrentando restricciones estructurales: inflación más alta que en otros miembros del G7, inversión empresarial insuficiente y un mercado laboral tensionado. El presupuesto que se presenta mañana miércoles será clave para definir el grado de ajuste necesario para estabilizar unas finanzas públicas aún frágiles.