Las tensiones geopolíticas en Oriente Medio se intensificaron tras los bombardeos sobre Teherán y Beirut, desencadenando una reacción inmediata en los mercados financieros internacionales. La ofensiva aérea y la respuesta con misiles y drones han elevado el riesgo de una interrupción prolongada del suministro energético global, especialmente tras el bloqueo del tránsito marítimo por el estrecho de Estrecho de Ormuz, por donde circula una parte sustancial del comercio mundial de crudo y gas natural licuado. El encarecimiento del petróleo, que acumula un alza del 17% en dos sesiones, y el repunte del gas en Europa, superior al 40%, reflejan la creciente prima de riesgo geopolítico.
Este escenario coincide con una inflación en la eurozona que repunta desde 1,7% al 1,9% en febrero, aún por debajo del objetivo del Banco Central Europeo, y de un repunte de la subyacente desde 2,2% a 2,4%. El componente energético mantiene tasas negativas, pero la escalada bélica introduce un riesgo evidente al alza, especialmente en una economía cada vez más dependiente del gas natural licuado. Aunque la autoridad monetaria ha mantenido los tipos en el 2%, calificándolos de neutrales en un entorno incierto, la prolongación del conflicto podría alterar el actual equilibrio entre estabilidad de precios y crecimiento. Si las tensiones energéticas persisten, el margen para futuras decisiones acomodaticias se estrecharía, reintroduciendo volatilidad en unas expectativas que hasta ahora permanecían ancladas.