La evolución del conflicto en Oriente Medio sigue condicionando el marco macroeconómico global, desplazando el foco hacia el impacto del shock energético sobre inflación y política monetaria. La decisión de Estados Unidos de aplazar temporalmente los ataques a infraestructuras energéticas iraníes introdujo un respiro en los mercados, con una fuerte corrección del petróleo cercana al 8%, aunque la volatilidad sigue elevada y la incertidumbre geopolítica permanece intacta.
En este contexto, los bancos centrales comienzan a recalibrar su diagnóstico. Desde el Banco Central Europeo se insiste en que el impacto inicial sobre precios es inevitable, pero se advierte de una respuesta más restrictiva si emergen efectos de segunda ronda. La inflación, que se ha mantenido en torno al 2%, podría repuntar hasta el 2,6% en el escenario más optimista, con riesgos al alza. Este cambio de tono se produce en paralelo a un deterioro del ciclo.
La confianza del consumidor en la zona euro cayó hasta -16,3 desde -12,3, muy por debajo del -14,4 esperado, apuntando a una desaceleración del gasto y riesgo de estancamiento del PIB en los próximos trimestres. El entorno se replica parcialmente en otras economías. En Estados Unidos, el gasto en construcción retrocedió un -0,3% tras un +0,8% anterior, mientras que en Reino Unido el aumento de los costes energéticos ha llevado a los rendimientos a 10 años por encima del 5%, reabriendo el debate sobre subidas de tipos.