El escenario macroeconómico global continúa deteriorándose a medida que el shock energético se consolida como principal factor de riesgo. El repunte del Brent está desplazando el foco desde la recuperación cíclica hacia un entorno de menor crecimiento y mayor inflación.
La OCDE mantiene el crecimiento mundial para 2026 en el 2,9% y para 2027 lo rebaja en una décima al 3,0%, cifras inferiores al 3,3% de 2025. Para la inflación del G20 en 2026 la eleva al 4,0% desde el 2,8% estimado en diciembre, reflejando el impacto directo del encarecimiento energético. En la eurozona, el deterioro es más acusado. El crecimiento esperado en 2026 se reduce al 0,8% desde el 1,2%, y eleva la inflación del 1,9% al 2,6% mientras los indicadores de confianza anticipan un enfriamiento adicional. El índice de confianza del consumidor alemán GfK marca mínimos de dos años y las encuestas en Francia e Italia apuntan a un deterioro progresivo. Paralelamente, los gobiernos comienzan a activar respuestas fiscales selectivas para mitigar el impacto.
En Estados Unidos, el ciclo mantiene mayor resiliencia, aunque con señales incipientes de desaceleración. Las solicitudes de desempleo se sitúan en 210.000 frente a 205.000 anteriores, reflejando un mercado laboral aún sólido, pero con menor dinamismo. Este entorno está forzando a los bancos centrales a recalibrar su estrategia. Miembros del BCE adoptan un sesgo más restrictivo y no descartan subidas si se consolidan los efectos de segunda ronda.