Ya no son sólo los sindicatos. Un grupo de pacientes del recientemente estrenado Hospital Puerta de Hierro de Majadahonda se unió este lunes a los trabajadores y sus representantes en las protestas durante la visita al centro de Esperanza Aguirre y Juan José Güemes.
Esta vez no fue sólo el consejero de Sanidad el que aguantó el chaparrón, el quinto en las últimas semanas, sino que estuvo acompañado por la presidenta regional para celebrar el primer nacimiento atendido en el nuevo centro.
Junto a las reivindicaciones de "Sanidad pública" y "No a la privatización", y por primera vez en estas visitas, un
grupo reducido de pacientes y una decena de médicos -según afirmó un portavoz de la Comunidad de Madrid a
Madridiario- reprocharon a Güemes y Aguirre las deficiencias de la gestión privada y las prisas con las que ha abierto el nuevo centro sanitario.
Usuarios como P.B., paciente diabética, respaldaron la versión de los trabajadores asegurando que "no hay calefacción, ni teléfono público ni televisión; esto lo han diseñado como un hotel, no tenían ni idea de que iba a ser un hospital". "Como el sistema informático no ha funcionado, casi me mandan al otro barrio porque no me pusieron los sueros que había ordenado el médico", relató.
Se derivan urgencias de riesgo Los propios empleados sanitarios y no sanitarios del hospital confirmaron a
Madridiario la existencia de deficiencias graves como la falta de material básico (gasas, antisépticos, jeringuillas) o la ausencia de equipos adecuados para la reanimación en Urgencias. "Venían a ver el primer niño que ha nacido y resulta que esta misma mañana han derivado a una embarazada de siete meses a La Paz porque no podían atenderla. Es una vergüenza", explicaron a este digital.
Dioni Chicharro, representante de CC.OO. en el Puerta de Hierro, denunció a este diario que al hospital "le faltan entre tres y seis meses para poder dar servicio correctamente" ya que el agua de la diálisis sigue contaminada, las neveras no funcionan -ya se han echado a perder medicamentos- y hay laboratorios parados por problemas en el suministro de aire. "La descoordinación entre las contratas privadas es total", recalca. Además, los pacientes padecen obras en varias plantas y el trasiego propio de la instalación del mobiliario o la falta de sillas de ruedas.
Enchufes colocados junto a tomas de agua, trabajadores sin ordenadores, celadores y cocineros que trabajan con ropa de calle porque sólo tienen un uniforme completan el panorama que denuncian los sanitarios.
Es "normal"
Ante las peticiones de los trabajadores para que los responsables políticos dieran la cara, Esperanza Aguirre y Juan José Güemes argumentaron en los pasillos que "es normal" que existan problemas los primeros días. Güemes recordó que el traslado "se está haciendo paulatinamente" y que los servicios "están funcionando correctamente", algo que negaron tajantemente los pacientes afectados. Las protestas, añadió el consejero, son "muy aisladas, comprensibles, respetables y legítimas".
Para los miembros de CC.OO. y UGT en cambio la situación es cualquier cosa menos normal. "Los pacientes son atendidos gracias a los magníficos profesionales que hay, no por otra cosa. Tenemos 800 camas y no funcionan ni 50 porque no hay personal y en el traslado, en contra de lo que se pactó, se ha despedido al menos a 100 personas que tenían contratos eventuales desde hace 4 años", afirma Dioni Chicharro, que recalca que el gerente de área se niega a recibir a los representantes de los trabajadores.
Para Alfonso Merino, responsable de Sanidad de UGT Madrid, el traslado a Majadahonda ha estado presidido por "las prisas, la descoordinación y la desinformación a los propios trabajadores" a los que se ha prometido "una bolsa de trabajo que no servirá para nada". Esto, en su opinión, ha repercutido gravemente en la calidad asistencial y ha provocado que los pacientes se vuelvan contra la Administración.