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Nuevo socialismo o viejo comunismo

Nuevo socialismo o viejo comunismo

El “Nuevo Socialismo del Siglo XXI”, vendido por Chávez como propuesta inédita y distinta, cuando se analiza más allá del mensaje propagandístico, deviene en un proyecto que no es nuevo y que no es necesariamente socialista. Generalmente, el socialismo se asocia a la búsqueda del bien colectivo y al desarrollo de políticas que conlleven a la igualdad social. Se centra más en el problema del control de los medios de distribución de la producción y de la riqueza, a diferencia del comunismo al que interesa, fundamentalmente, atacar el problema de la propiedad de los modos o estructuras productivas (propiedad privada vs. propiedad colectiva).

En el “Nuevo Socialismo” chavista no existen propuestas ideológicas que signifiquen de alguna manera, una variante al socialismo en ninguna de sus expresiones (clásico, científico, utópico, o tan siquiera reformista). Ni las vemos en sus dirigentes, que  agotan su discurso en el ya cacareado “Patria, Socialismo o Muerte”. El asunto del cambio de propiedad, de como aparece en la Constitución actual hacia otras formas como las contenidas en el proyecto de reforma rechazado el 2/12/2007, y del que la nueva Ley de Tierras Urbanas es la punta de lanza, políticamente considerado, se corresponde mas con un proyecto de corte comunista que con uno socialista. Tampoco hay un contenido educativo guiado a buscar esa igualdad social, que no sea la repetición de los manuales cubanos dirigidos a  nivelar y unificar el pensamiento ideológico, por medio del lavado de cerebro propagandístico, propio de los regímenes totalitarios de izquierda y que tiene su mejor manifestación en la repudiada Ley Orgánica de Educación que acaba de promulgarse. Quizás, a lo que más se asemejan las ideas de Chávez es al anarquismo, es decir, a una corriente de pensamiento que pretende acabar con toda forma de poder organizado y reglamentado, como el Estado mismo. Recordemos sino, todo el aparataje de estructuras intercaladas, paralelas a las instituciones tradicionales del Estado, concebido como “la nueva geometría del poder”, poder que supuestamente era para el pueblo, pero que al final se concentraba todo en Chávez a la hora de las decisiones y del que la Autoridad Única y usurpadora de Caracas, es la más reciente expresión.
Pero lo que si llama definitivamente la atención en el “Nuevo Socialismo del Siglo XXI” como un elemento inédito, es la presencia de militares y de ex militares en todos los niveles de la cadena de mando a nivel horizontal o vertical. Están por todas partes, dentro y alrededor de la administración pública tanto centralizada como descentralizada. Y lo resaltamos, porque no deja de ser una contradicción, bajo la óptica del marxismo teórico, que los militares, a quienes Marx consideraba parásitos de la sociedad, sean quienes nos ayuden a alcanzar el paraíso comunista.

Otro aspecto, totalmente vernáculo, que distingue al Socialismo del Siglo XXI del comunismo clásico, lo constituye el ideario bolivariano, recogido como fundamento filosófico de la Constitución ilegítima de 1999 y que por alguna razón, que solo algunos iluminados conocen, es inherente a toda manifestación de pensamiento izquierdista; ésto sin importar, claro está, que el propio Libertador, bajo el enfoque del materialismo histórico marxista pudiera ser considerado un hacendado esclavista o un latifundista explotador.
Al final, estamos en la misma situación  donde el comunismo soviético o el chino maoísta, nos dejaron en el siglo pasado, esto es, en manos de una “nomenclatura”, de una nueva dirigencia, la detentadora del poder, pero en este caso, mayoritariamente militar.

Es con esta especie de “pasticho” ideológico conformado por algunas cosas tomadas del viejo comunismo y algunas otras del socialismo clásico, que la “nueva elite” construye el camino hacia la “dictadura del proletariado”; o tal vez, de alguna otra dictadura, ¡vaya usted a saber de quién!. 


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