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¿Estamos locos o qué?

La columna de G. Lendoiro. 'Del amor a las putas y otros líos, by Strauss-Kahn'

La columna de G. Lendoiro. "Del amor a las putas y otros líos, by Strauss-Kahn"

jueves 23 de febrero de 2012, 12:29h

Personalmente no siento demasiada simpatía por los hombres que utilizan los servicios de las prostitutas pero pongo por delante que la gente ejerza su libertad como mejor le parezca siempre y cuando no se cometan abusos y/o delitos. Si una mujer decide libremente acostarse con un hombre y a cambio reclama dinero no tengo nada que objetar. Y además hay multitud de maneras de reclamar dinero a cambio de sexo. Otra cosa muy diferente es que sea esclava de una mafia y se vea obligada a ejercer la prostitución y no tenga más escapatoria.

Strauss-Kahn parece que todavía no ha terminado su particular vía crucis derivado de una excesiva pasión por las mujeres en general y las prostitutas en particular. Superado el feo asunto en Estados Unidos ahora tiene que resolver con la justicia gala haber participado en orgías con prostitutas en Europa (también Estados Unidos), al parecer pagadas por directivos de empresa privadas.

Sería hipócrita llevarse las manos a la cabeza porque un hombre, sea de la condición que sea, ideológica, laboral, económica, se vaya de putas. Los lupanares están llenos (incluso con la crisis) y es una práctica extendida que al finalizar reuniones muchos ejecutivos celebren lo que tengan que celebrar con las señoritas de compañía. No hay delito en ello. Distinto sería que fuesen pagadas con dinero público pero entonces el escándalo no sería por lo moral sino por usar el dinero de los ciudadanos para disfrute personal. Pero parece que tampoco es el caso.

Se le ha mantenido bajo arresto mientras ha declarado (él mismo solicitó declarar). Y de hecho permaneció en el calabozo 72 horas. Mientras, la instrucción sigue su curso y todavía no se sabe si finalmente será procesado. Pero a falta de saberlo el juicio público es ya evidente. Pero parece que lo que más escandaliza a la opinión pública es el hecho de que se fuera de putas en sí lugar de hacerlo por un supuesto proxenetismo o una supuesta desviación de fondos. Los titulares van por lo primero.

La hipocresía en su estado más puro pone de nuevo el dedo en la llaga, al final nos interesa más saber los líos de faldas que investigar sobre temas que sí son delito. Es cierto, puede ser reprobable que un hombre se acueste con una puta pero no por nosotros, quizás la que debería pedirle cuentas es su señora (yo se las pediría si fuese mi marido). Y, desde luego las declaraciones de su abogado sobre lo difícil que es distinguir a una puta y una señora con clase si ambas están desnudas, no dejan de ser una mera anécdota más típica de un machista que confunde el señorío y la clase con la moralidad, que cada uno tiene la que mejor le parece. Me sorprende que los tiros se desvíen hacia saber si Strauss-Kahn hacía orgías, cómo, en qué posturas o con quién en lugar de hacerlo hacia los delitos supuestamente cometidos.

Dominique es mujeriego y su afición a usar la entrepierna no sólo terminó con su carrera hacia el Elíseo sino que va camino de acabar definitivamente con él. Al tiempo. Supongo que él mismo es consciente de todo ello y no me sorprendería verlo declarar en el futuro señalando con el dedo a todos aquellos que lo acompañaron en esas inolvidables orgías. Tirará de la manta a buen seguro y con ella se caerá probablemente el que ha orquestado y organizado minuciosamente su caída. Operación que no le habría podido salir mejor, por cierto.

Que telefonee a Clinton, quizá pueda ayudarlo a reconducir su carrera. Él lo ha hecho a pesar de que a mucha gente se le pase por la cabeza la idílica imagen de una becaria arrodillada debajo de la mesa del despacho oval. Tanto glamour, pompa y boato que siempre tendemos a imaginarnos de los que gobiernan y siempre tenemos que llevarnos estos desengaños. No hay derecho. Pobre Dominique.

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