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Datos de la evolución del 'ladrillazo' y su impacto en nuestra economía

¿Burbuja inmobiliaria o mala gestión?

¿Burbuja inmobiliaria o mala gestión?

miércoles 31 de octubre de 2012, 19:54h
Se habla mucho de la burbuja del ladrillo, cuyo pinchazo en 2007 ha generado la mayor crisis de la historia reciente de nuestro país, y en cambio, los problemas de la banca no se conciben tanto como una burbuja, sino como un problema de mala gestión, y de unos cuantos golfos llevándose el dinero de las cajas de ahorro mediante millonarias indemnizaciones.
Es importante entender que en el sector financiero sí que se ha inflado, a lo largo de los últimos 15 años, una impresionante burbuja, gemela de la vivida en el sector inmobiliario. Y si no, observen los datos publicados ayer martes por el Banco Central Europeo, que refleja a las claras la hipertrofia bancaria española: Número de sucursales bancarias en España en 2011: 40.103. Número de sucursales en Francia: 38.323 Francia; 37.853 en Alemania, 33.561 en Italia o menos de 12.000 en Reino Unido. 

Es decir, que España, con solo el 10% de los activos bancarios totales de toda la Eurozona, cuenta con el 22% de todas las sucursales. O si lo prefieren, España, con 46 millones de habitantes, tiene más sucursales bancarias que Alemania, con 81 millones de ciudadanos. Es evidente que, en base a estos datos, nuestro país es, con una sucursal por cada 1.069 ciudadanos, la economía más bancarizada del continente, con bastante diferencia (en Francia hay una sucursal por cada 2.272 habitantes, y en Alemania, por cada 2.141).
 
Y eso que en estos últimos cinco años las entidades financieras españolas han comenzado a reducir una pequeña parte de esa enorme estructura. En 2007, justo antes de la crisis, existían 45.500 sucursales bancarias en nuestro país, unas seis mil más que en Alemania o Francia. Ningún otro país europeo ha visto cómo se eliminaban tantas sucursales (más de 5.000) en estos años.
 
En cambio, la reducción de plantilla que se está produciendo en nuestro país no es especialmente significativa: Hemos pasado de 275.000 a 245.000 mil empleados en la banca española (30.000 menos) similar al descenso experimentado por Alemania o Italia, e inferior al registrado en Francia y Reino Unido (en torno a 50.000 trabajadores menos).
 
Y esa gigantesca red de sucursales de los bancos y cajas españolas, ¿a qué se debe? Básicamente, hay dos razones. Por un lado, la cultura financiera del país, donde empresas y particulares son muy dependientes de la financiación bancaria para su normal funcionamiento, a diferencia de otros países donde existen alternativas (mercados de valores atractivos para pymes, factoring, private equity, etc) Y por otro, sin duda, el propio desarrollo de la burbuja inmobiliaria, pues no se olvide que el promotor/constructor es un sector intensivo en crédito, ya que para funcionar necesita financiación ajena, que ha sido facilitada por bancos y cajas a espuertas durante todos estos años.
 
Y si en la banca se ha vivido por una burbuja tan grande como en el ladrillo, ¿qué consecuencias podemos extraer? La primera y más obvia, que nadie espere por tanto una recuperación a corto plazo del crédito bancario, pues ahora mismo lo que toca es sanear y purgar los excesos cometidos en el pasado.
 
Guerra de depósitos
 
Quizá haya leído hace poco que los depósitos en las instituciones financieras españolas han aumentado en septiembre por primera vez en seis meses, y quizá lo haya interpretado como una señal de que nuestro sistema financiero está dejando de provocar desconfianza entre los ciudadanos. La realidad es que no hay motivos para la alegría por este dato, de la misma manera que no había tampoco razones para el pánico cuando esas mismas estadísticas arrojaban salidas constantes de depósitos, pues la gran mayoría de los ciudadanos que los retiraron no estaban sacando su dinero fuera del país, simplemente estaban buscando mejores rentabilidades para su dinero.
 
Porque no es una coincidencia que el flujo de dinero depositado en los bancos haya comenzado a recuperarse en el preciso momento en que el Gobierno decidiera abolir una regulación en vigor desde el año pasado por la que se penalizaba la oferta de los llamados superdepósitos, con tipos de interés elevados. 
 
La mayoría de entidades financieras españolas sigue teniendo vedado el acceso a los mercados mayoristas del crédito, lo que significa que la única manera que tienen de reponer sus niveles de capital es mediante la captación de capital a través de la red de clientes, esto es, a través de los depósitos, incluso si ello se produce a costa de ofrecer altísimas rentabilidades, que sin duda van a afectar a los márgenes de muchas entidades.
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