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El enemigo de partido

El enemigo de partido

miércoles 10 de julio de 2013, 09:29h
     Decía alguien (lo he escuchado en varias fuentes) que hay tres tipos de enemigos: el enemigo, el enemigo a muerte y el compañero de partido. Seguro que esta sentencia, tan aguda y cabal, la dijo Churchill, que es a quien se le suele adjudicar este tipo de aforismos. Así que no me voy a meter en internet para averiguar quién fue el autor de la frase. Me da lo mismo. Lo importante es que clava el intrincado mundo de las pendencias partidarias. La historia guarda como muestra de esta sentencia el área difuminada de la UCD llena de traiciones y batallas oscuras. 

     Y siguiendo en esta línea de angustia partidaria, éste pequeño relato sí que parece de Churchill. Estaba el grandullón británico sentado en su escaño, plácido, ceremonioso, seguro que auscultado con sus ojos pícaros el aire denso del parlamento. Entonces, un mozalbete confiado, que se sentaba cerca, le hizo un comentario sobre lo bien que estaban todos juntitos, con el enemigo enfrente. "No chaval qué va", le contestó inglés sardónico, "los que están enfrente son los adversarios, el enemigo se sienta a nuestro lado". Está claro que los puñales que se clavan más hondo en la espalda son los que uno tiene cerca.  Shakespeare devana este asunto en su profundísima obra Julio César.

    Que le pregunten a muchos ex-políticos si su defunción no se debió más a los amigos que a los contrarios. Cuenta la leyenda que don Alfonso Guerra fue en esto uno de los mayores expertos. Pues hay que tener mucha saña y sadismo intelectual para decir que el que se mueva no sale en la foto. Quítale a un político su foto y lo dejas como a un drogadicto sin metadona. Y otro que también lo hacía bien, según cuentan las víctimas, era don José Bono, pues su poder omnívoro regional devoró cualquier luciérnaga que pudiera competir con su destello. Pero con mucha gracia eh, que Bono tiene su salsa picante.

     Pero nadie ha habido, o hay, con tantas ganas de hacer daño a los suyos como el recluso Bárcenas. Debe de tener un ansia de hundirlos casi enfermiza, patológica, pues sentarse cuatro horas con Pedro J Ramírez para rajar de los compañeros, y darle una batería de documentación que poco a poco irá sacando, solo se hace desde el ansia de daño más cruel que uno pueda imaginar. Primero porque el director de El Mundo no se ahorra una estocada ni con su padre. Segundo porque la munición es de gran calibre, de la que usa el rey para cargarse a los elefantes. Y tercero porque en este caso no se trata de cargarse a un compañero, sino al propio partido, que aunque quiera ahogar la noticia, se percibe claro que es la noticia quien le está ahogando a él. El PP no podrá evitar que en la conciencia colectiva se desmorone cualquier la mínima credibilidad que quedaba. Salvo que lo aclare todo. 

El caso es que la democracia tiene la cara y los ojos hinchados por tanta paliza. Esto tiene que cambiar mucho para que la gente vuelva a confiar en los políticos, aunque la generalización sea injusta. Vivimos en una montaña rusa. No salimos de un abismo y ya estamos en otro. O se hacen cambios profundos, para que sea imposible tanta  impunidad, o se corre el peligro de que la sociedad caiga en una depresión política interminable. Y luego cualquiera sabe. Lo serio sería convertir esta crisis en una oportunidad, como dicen los manuales. La de realizar, al fin, la regeneración democrática que la sociedad ya está hasta de pedir,  y los grandes partidos no se cansan de aplazar.      
 
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