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El último paseo por el lado salvaje, adiós a Lou Reed

El último paseo por el lado salvaje, adiós a Lou Reed

domingo 27 de octubre de 2013, 21:51h
Imaginen un mundo sin David Bowie, sin Sex Pistols, sin Sonic Youth o Pixies, sin glam rock, sin punk o sin indie, la historia del rock sería otra si el hombre que ha muerto este domingo ('Sunday morning' nunca volverá a sonar igual) no hubiese existido. Lewis Allan, más conocido como Lou, Reed no es sólo parte de esa historia, es uno de los diez hombres más importantes de la misma. Es el momento de decir adiós a la dulce Juana, al satélite del amor, a los rock´n´roll animals, a las Venus en pieles, a los días perfectos, a la heroína... adiós a Lou Reed.
Si Lou Reed hubiese muerto en 1970 tras abandonar la Velvet Underground, con 28 años en vez de 71, su importancia seguiría siendo la misma pero su mito mucho mayor. Además la noticia de su muerte hubiese sido mucho menos sorprendente. Primero, en 1970 nadie le conocía más allá de unos cuantos fanáticos de la música y, segundo, a esos pocos fanáticos no les hubiese sorprendido que uno de los yonquis más famosos de Nueva York acabase con una sobredosis. Si el fallecimiento le hubiese sorprendido dos años más tarde, el mundo ya se hubiese conmocionado, no porque Reed hubiese superado sus adicciones, sino porque su alumno más aventajado le había convertido en una estrella mundial, 'Walk on the wild side' mediante.

Pero Lou Reed no murió en 1970, ni en 1972, sino el 27 de octubre de 2013, unas pocas horas antes de que escriba estas notas. Lo curioso del caso es que el cantante parecía encontrarse bien de salud, habiendo dejado atrás sus adicciones años atrás y habiendo superado hace unos meses un trasplante de hígado que le había hecho exclamar "soy un milagro de la medicina moderna". Y es que Reed fue durante años, casi a la par que Keith Richards, la apuesta segura para los que les gustaba adivinar quien sería la siguiente estrella del rock en acompañar a Hendrix y compañía. Tanto es así que cuando murió Sterling Morrison, el otro guitarrista de la Velvet, hubo varios artículos señalando con sorpresa que no hubiese sido Reed, el primero del grupo en morir.

Para los más despistados hay que señalar que el hombre que acaba de morir fundó en 1965 una de las bandas más influyentes de la historia, la Velvet Underground. Una frase que dicha así, suena a tópico: "una de las bandas más influyentes de la historia". En este caso estamos hablando totalmente en serio, no se me ocurre una banda, más allá de los Beatles, más influyente que la Velvet, y no estoy hablando de gustos, de importancia o de ventas. Si Lou Reed, John Cale, Sterling Morrison y Maureen Tucker no hubiesen sacado su primer disco, 'The Velvet Underground & Nico', la historia del rock hubiese sido totalmente diferente. La leyenda dice que la Velvet solo vendió unos cientos de discos pero que cada una de las personas que los compró formó una banda. Como bien sabe John Ford, aunque sea mentira, cuando la leyenda se convierte en hechos, imprimimos la leyenda.

La legión de grupos y artistas que deben su vida a la existencia de Reed y la Velvet es inabarcable, así que nos centraremos en aquel que le sacó del anonimato y le convirtió en estrella, David Bowie. Fue Bowie el que en pleno explosión de Ziggy Stardust y el Glam se dio el lujazo de conocer a su héroe y producirle, junto a su mano derecha Mick Ronson, un disco. Era el segundo en solitario de la carrera de Reed (el primero, editado unos meses antes, había pasado sin pena ni gloria) y se llamó 'Transformer'. Dentro aparecían canciones como 'Vicious', 'Perfect day', 'Satellite of love' y la celebérrima 'Walk on the wild side', donde Reed rememoraba a parte de la fauna que pululaba por la Factory de Andy Warhol. Canción y disco fueron un tremendo éxito y convirtieron a Reed en una estrella mundial, permitiéndole grabar a continuación el ambicioso 'Berlín' en el que contaba con músicos como Steve Winwood, Jack Bruce, Michael Brecker o el joven prodigio Steve Hunter, responsable también de uno de los momentos más gloriosos de la carrera en solitario de Reed, la intro del 'Sweet Jane' del 'Rock'n´roll animal'.

Así vivió durante muchos años Reed, paseándose alegremente por el lado salvaje, entre pinchazos, espantadas como las que protagonizó en España a principios de los 80, y experimentos como 'The Blue mask', viviendo la vida de 'rock star' hasta que en 1989 volvió a demostrarnos su genialidad con 'New York', un disco a la altura de 'Transformer' que nos devolvía a uno de los mejores letristas que ha dado un género tan tendente a la banalidad como el rock.

Luego hubo más, un gran disco junto a John Cale, una innecesaria reunión de la Velvet, convertidos ya en una de las bandas más reverenciadas de nuestro tiempo, y más discos y proyectos de los que puedo enumerar en esta crónica.

No me salen las palabras para expresar lo que siento tras su muerte. No es el dolor ante la pérdida de un ser querido, no le conocía, ni se si era un buenazo o un cabrón, pero para alguien que decidió que no podía vivir sin escuchar música mientras oía 'Sweet Jane', en todas sus versiones posibles, se hace raro pensar que Lou Reed, como dirían los Monty Python, ha dejado de ser, ha pasado a mejor vida, descansa en paz, la ha palmado, se ha ido al más allá, mordido el polvo, la ha diñado, ha exhalado su último aliento... vamos que el mundo es ahora un poquito peor.

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