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Gisela João, la pasión que  'nasció fadista'

Gisela João, la pasión que "nasció fadista"

lunes 23 de junio de 2014, 09:48h

El IV Festival de Fado ha traído  estos días a Madrid  algunos de los más  grandes fadistas de Portugal. Mísia, Gisela João y Carlos do Carmo han actuado  este fin de semana pasado  en los Teatros del Canal y han llenado con sus voces, su música y su sensibilidad a quienes  tuvimos  la oportunidad de acercarnos a escucharlos.

El  viernes 20 pude   comprobar que  Gisela João, a pesar de su juventud  (apenas  pasa  de  los 30), paseó su figura frágil, su talante vitalista   y su voz  grave  por  la Sala Roja durante  75 minutos, metiéndose al público en el bolsillo  con su  naturalidad, su sencillez  y su  preciosa voz,  desde el primer  minuto  que pisó el escenario. Acompañada por 3 inmensos músicos, Nelson Aleixo (viola fado), Francisco Gaspar (bajo) y Ricardo Parreira (guitarra portuguesa), situados   en diagonal    a lo largo de todo  el escenario, sobre unas tarimas  estáticas  y con  una Gisela  que,  en la  tercera de sus canciones se desprendió de las sandalias   para  cantar  hasta el final del concierto con sus pies descalzos, aferrándose bien a la tierra  española  con  la misma intensidad  y pasión,  canciones  clásicas y  modernas  del  repertorio fadista portugués.

Gisela discurrió  entre  el sonido más clásico de fado, como   "Meu amigo esta longe",  y  los  nuevos ritmos como la "Casa da Mariquinhas"    y en todos ellos  se movía lenta o  bailaba suave y alegremente y se conmovía  declamando  y cantando, al tiempo que transmitía  su emoción  al  público (mitad  español, mitad portugués) que  llenó  la Sala Roja de los Teatros del Canal.

João es  una  joven  realidad del fado  portugués a la que auguramos  el mayor de los éxitos  si mantiene  esa  voz tan  profunda,  ese amor por  la  palabra  hecha poesía  y esa naturalidad  que  trasciende  al último espectador  y que, con su "portoñol" -ella misma  denominó así a su  loable  afán por  expresarse  en español, pero consciente de que no siempre  era  correcto- supo   transportar al público  madrileño   a través de  la esencia de ese canto, el fado,     esa  canción popular característica de Portugal, sobre todo de Lisboa y Coímbra, que no ha dejado de escucharse desde su probable nacimiento  con  la invasión árabe de la península Ibérica  y que, sobre todo desde  el siglo  XIX -con un pequeño  bache en los años 20 del siglo pasado-  ha dominado  el gusto  del pueblo portugués, tan lírico  y sentimental  como  el fado  lleno de  amor, desamor o  realismo social, que  Gisela  Joao  nos trajo  a Madrid un día después de  la ceremonia popular de aclamación a Felipe VI.

Desde aquel circuito Marialva de la Invicta (Oporto), que vio nacer  a Gisela João como fadista, hasta  su paso posterior por    el barrio lisboeta de Mouraria,  y su fugaz paso  por Madrid,  la fadista portuguesa ha recorrido  un  intenso  y fructífero camino por  el fado  que   nos   parece  el  anuncio  de  que estamos ante una de las voces más  personales  del fado portugués, que bien pudiera llegar a ser  la  sucesora de la   diosa del género: Amalia Rodrigues.

 

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