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Entrevista con Darío Villanueva, director de la Real Academia Española (RAE)

Entrevista con Darío Villanueva, director de la Real Academia Española (RAE)

miércoles 04 de febrero de 2015, 17:15h
Darío Villanueva Prieto (Vilalba, Lugo, 1950), fue elegido director de la Real Academia Española (RAE) en diciembre de 2014, después de haber ocupado la secretaría de la institución en los últimos cuatro años y ser miembro de número de la RAE desde 2007, fecha en la que fue elegido para ocupar la silla D.
Villanueva es catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Santiago de Compostela, de cuya Facultad de Filología fue decano entre 1987 y 1990. Correspondiente de la Academia Argentina de Letras, es también doctor honoris causa por siete Universidades de Argentina, Estados Unidos, Perú, Reino Unido y Suecia.
Hombre extremadamente curioso y lúcido intelectualmente, tiene en su haber innumerables méritos académicos y también como escritor. Baste decir que ha sido profesor visitante o conferenciante en universidades de 30 países de los cinco continentes. Y que, por si todo ello fuera poco, es autor de varios libros sobre análisis y teoría literaria traducidos a varios idiomas, y ha publicado también, en español e inglés, más de tres centenares de artículos de teoría, crítica y literatura comparada en revistas españolas y extranjeras.

En octubre del año pasado pronunció un brillante discurso en la sesión conmemorativa del III Centenario de la RAE, presidida por los Reyes de España, en la que se presentó oficialmente la 23ª edición del 'Diccionario de la lengua española'.

Para el nuevo  director de la RAE, saberse depositario de un legado de más de 300 años  de observación, estudio, normalización y expansión de la lengua española  "es una responsabilidad muy compartida, nada más y nada menos que con 500 millones de personas, todos los hispanohablantes que es a quienes nos corresponde esa responsabilidad de mantener el idioma en forma, usarlo bien y emplearlo con buenos fines. Me siento en connivencia y en complicidad con todos ellos y, además, la dirección de la Academia lleva emparejada la presidencia de la Asociación de Academias de la lengua española que, en estos momentos y contando la nuestra, son veintidós, y todo indica que a partir de este año vamos a ser ya veintitrés con la incorporación de la Academia Ecuatoguineana de la lengua española. África se incorpora así a esa asociación a través de Guinea Ecuatorial, un país en el que tiene mucha fuerza el uso y el estudio del idioma español".

Obras son amores

Viendo el ritmo de  trabajo  que sus antecesores han impuesto en la Academia, comentamos al profesor Villanueva que aquí se trabaja mucho, que no hay mucho espacio para la indolencia y el director de la RAE  nos agradece la apreciación, que ilustra con unos cuantos datos contundentes: "desde el año 2009 hasta finales de 2014, la Academia ha publicado una nueva Gramática (la última era de 1931) y esta es la Gramática, porque tiene cerca de 5000 páginas, incluyendo una Fonética y una Fonología. Este texto exhaustivo tiene también una versión de Manual de unas 900 páginas, y una segunda versión escolar de 300". Y  el director  añade, a renglón seguido, que "al año siguiente se publicó una Ortografía, monumental también porque tiene unas 800 páginas, de la cual se ha  hecho también un breviario e, incluso, un cuaderno ortográfico, como es costumbre en la Academia, para que la ortografía llegue a tener una formulación casi, casi escolar. Luego hemos publicado también, junto a la Asociación de Academias, un Diccionario de americanismos, el primero que se hace desde aquí y, por último, la vigésimo  tercera edición del Diccionario, con ocasión del tercer centenario de la Academia, que se presentó en octubre de 2014, que cuenta con 95000 lemas o entradas, y 200000 acepciones".

Tampoco la RAE se ha librado de la crisis económica: "Muchas veces se piensa que ese recorte se centra en los Presupuestos Generales del Estado -comenta don Darío-, que ha sido importante (un 60 por ciento), pero hay que recordar que la Academia no es un organismo estatal, no forma parte de la  Administración del Estado. En el momento mejor de financiación procedente de los Presupuestos del Estado, hacia la Academia, ese aporte no superaba el 50 por ciento de su presupuesto; el resto, lo conseguía por otras vías. Y aquí también ha habido recortes porque una de esas vías era la fundación pro RAE, que se constituyó hace ya 21 años y de la cual forman parte importantes empresas e instituciones del país; dispone de un capital considerable y lo que nos aporta cada año es lo que resulta de los beneficios financieros de ese capital, y esto también ha experimentado una baja considerable en estos últimos años. Otra fuente de siempre para la financiación de la RAE era la venta de nuestras obras, pero el sector editorial está experimentando una crisis de ventas muy profunda, sobre todo en lo que afecta a lo que antes llamábamos el libro de fondo, como los que nosotros  publicamos".

A Darío Villanueva no le asusta tampoco el futuro porque "si la RAE ha permanecido durante 300 años, en los que han pasado muchas cosas, no hay ningún motivo fuerte de sospecha para dejar de pensar que podamos seguir teniendo esa misma continuidad".

"Ahora vivimos un momento fascinante -añade Villanueva-, una de las grandes revoluciones culturales y sociales en la historia de la humanidad, muy parecido a lo que supuso en su momento el descubrimiento de la escritura alfabética, una revolución tecnológica extraordinaria en la Sumeria de hace unos 3000 o 3500 años antes de Cristo, y luego la imprenta a mediados del siglo XV. Estamos en este nuevo universo digital, que lo está cambiando todo, no solo la transmisión de la comunicación y sus formas, sino también las prácticas sociales y las relaciones entre las personas".

La Academia no tiene, pues, más remedio que adaptarse a los tiempos: "Vamos a tratar durante todo este año, en el pleno de la Academia -continúa diciendo su director-, una verdadera refundación del diccionario. El siguiente  Diccionario  de la RAE no será un libro que se digitaliza, sino un diccionario digital que se hace libro".

Cervantes y la lectura

"Yo no estoy seguro de que el Quijote cada vez se lea menos" -nos dice en respuesta a una afirmación nuestra-. En 2002, la Asociación de Escritores Suecos hizo una encuesta entre cien escritores de todo el mundo para determinar cuál era para ellos la novela más importante de la historia de la literatura, y ganó por goleada el Quijote. La segunda, que obtuvo la mitad de votos que nuestra novela, fue 'En busca del tiempo perdido', de Proust, y la tercera 'Guerra y paz', de Tolstoi... El Quijote sigue siendo leído en versiones populares y adaptadas. Por cierto, que la que acaba de publicar la RAE, a cargo de Arturo Pérez Reverte, es espléndida. Se ha agotado en España y en América de forma inmediata. La presentamos en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México), a principios de diciembre 2014; luego la presentamos aquí, y ha tenido una salida inmediata". Muy pronto, además, los lectores tendrán la oportunidad de ver la  edición  crítica y erudita, a cargo de  Francisco Rico, "que vamos a presentar este año 2015", concluye diciendo Darío Villanueva.

Pero una encuesta reciente del CIS confirma, sin embargo, que los españoles cada vez leemos menos (el 35 por ciento, ni un solo libro al año). La pregunta surge  inmediata: "¿No le parece a Vd. que una sociedad que no lee es una sociedad que no reflexiona, que no tiene ninguna capacidad crítica y que corre el riesgo de convertirse en totalmente acrítica?". Y el académico no lo duda ni un instante: "Sí, estoy totalmente de acuerdo con Vd. Yo soy de la opinión de que la lectura es la actividad intelectualmente más rica y más formativa que existe. La lectura -y hablo también de la lectura literaria- es, en primer lugar, un elemento de placer y de disfrute; significa también un goce estético, pero al mismo tiempo la literatura está llena de información, ayuda extraordinariamente a perfeccionar el uso del idioma. La mejor manera de hablar y escribir bien, incluso de asimilar las normas ortográficas, es leer".
"El Quijote -continúa diciendo Villanueva- ha sido definido por Harold Bloom, el gran crítico norteamericano, muy famoso por su obra titulada 'El canon occidental', y furibundo amante y defensor de Shakespeare, como lo muestra en su obra monumental 'Shakespeare o la invención de lo humano' (en la que sostiene que la condición humana fue inventada por el autor inglés, lo cual me parece una exageración manifiesta), afirma también que la obra de Shakespeare en su conjunto es la biblia laica. Pues bien, en una obra también suya, ya del siglo XXI,  sobre lo que él llama la literatura sapiencial, le dedica el capítulo central a Shakespeare y a Cervantes y considera que El Quijote es uno de los grandes libros sapienciales. Y eso es cierto porque hay mucha gente que lee El Quijote a trozos como quien lee los versículos de la Biblia; abre una página y lee, y no defrauda nunca. En cualquier página del Quijote que se abra, hay un pensamiento, una reflexión y, además, con un valor que el propio Bloom destaca y es que los personajes de Shakespeare son grandes solitarios, son solipsistas, se expresan sobre todo a través de monólogos, mientras que en Cervantes la sabiduría viene por el diálogo, por el contraste de perspectivas. Y la sabiduría que hay en el Quijote es, por una parte, erudita, libresca, oculta, pero también está toda la gran sabiduría popular, la sabiduría de los analfabetos, pero de los analfabetos que reflexionan, que conocen la realidad de las cosas y que la interpretan".

El poder de la palabra

Cuando pasan las modas por ciertas palabras estrella (por ejemplo  'abdicar'  en la primavera 2014), el término 'cultura' vuelve a ocupar el lugar preponderante entre quienes consultamos el Diccionario de la RAE. "No es mala noticia -comenta el director y académico-. Probablemente tiene que ver con el hecho de que el concepto de cultura es complejo y, además, porque su uso, en los últimos tiempos, ha derivado por caminos, incluso, sorprendentes en expresiones como, por ejemplo, "la cultura de la droga, la cultura del crimen, la cultura de la muerte..." Se vuelve un poco a lo que es el étimo de Cultura, que es cultivo; agricultura viene de una práctica casi manual. De ahí que cuando uno habla de 'cultura de la droga' se refiera a todo el conjunto de acciones, incluso utensilios o de prácticas, que tienen que ver con ese mundo de la droga. Supongo que todo esto influye en el hecho de que se siga buscando en el diccionario el significado de cultura".

Otros términos despiertan intereses por razones muy distintas. Por ejemplo, 'franquismo', pasó a ser definido en la edición anterior del Diccionario como "movimiento político", y en esta 23ª ha pasado a ser definido como "dictadura". "No vaya a pensar que esos debates fueron de carácter ideológico -nos dice  Villanueva-, donde una parte de la Academia estaba en una posición y la otra no; fue un debate puramente académico y el resultado es un perfeccionamiento de aquella definición que ahora nos encontramos en la 23ª edición del diccionario de la RAE".

Darío Villanueva ha dicho ya alguna otra vez que no podemos escribir como nos dé la gana porque "escribir significa aceptar un código compartido" y ese código hay que aceptarlo como se acepta el de la circulación. Nos insiste en ello al afirmar que  "hablando no se cometen faltas de ortografía. A quienes piensen así, les  aconsejo que, en vez de escribir, que hablen, porque así nadie les podrá poner en evidencia. Se trata de una decisión personal de rebeldía ante la norma, lo cual es muy humano; todos nos hemos rebelado alguna vez contra alguna norma. Sí, todas las normas suponen una coerción de la voluntad individual, pero sin esa coerción la vida en comunidad no sería posible. El gran lingüista del siglo XX, que marcó la inflexión de la lingüística moderna, el suizo Ferdinand de Saussure, definió el ejercicio del lenguaje como la capacidad que tenemos los humanos, a través de dos conceptos: la lengua y el habla. El habla es la dimensión totalmente individual y privada del ejercicio, pero la lengua es el código compartido. Esas dos partes tienen que confluir. Si alguien quiere romper con el código, puede hacerlo porque es dueño de la lengua, a través de su habla, pero corre el riesgo de que no le lleguen a entender".

En deuda con las mujeres

Entre 2008 y 2014 han sido cuatro las mujeres que han entrado a formar parte de la Academia: Soledad Puértolas, Inés Fernández Ordóñez, Carme Riera y Aurora Egido. Preguntamos al profesor Villanueva  si habrá alguna vez en la RAE tantas mujeres como hombres para hacer efectivo eso que ahora se denomina 'paridad', y  no duda un momento  en responder: "En la Academia existe una conciencia muy clara de que, históricamente, ha sido profundamente injusta con las escritoras, con las lingüistas, con las filólogas... A la Academia se llega por haber acreditado una aportación significativa a la lengua. La Academia empezó bien porque, a mediados del siglo XVIII, eligió a una académica, lo que pasa es que luego eso no tuvo continuidad y en el siglo XIX se cometió un error morrocotudo y es que cuando la escritora hispano cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda se postuló para entrar en la Academia -y tenía méritos sobrados para poder hacerlo-, la Academia reaccionó de forma bastante absurda, sin dar ninguna razón ya que le contestó que no estaba previsto que hubiera mujeres en la Academia, que no es ninguna razón. Y, aún peor, algo más tarde, cuando Emilia Pardo Bazán, que era una de las figuras  principales de las letras y de la intelectualidad española del momento  -último tercio del siglo XIX y primeros del XX-, la Academia, en vez de enmendar el error anterior con Gómez de Avellaneda, respondió a Pardo Bazán con el mismo argumento. Eso la Academia lo sabe perfectamente, lo que pasa es que nosotros no podemos rehacer el pasado, el mal hecho está ahí. La Academia tiene ahora la conciencia de que esto tiene que reconducirse y una muestra de ello es lo que Vd. comentaba. Desde el año  2008 hasta  2015 han entrado casi tantas mujeres como desde el comienzo de la entrada moderna de mujeres a la Academia, con Carmen Conde, en la época de la transición (por cierto, un año antes de la entrada en la Academie Française, de Marguerite Yourcenar). En fin, que la puerta está abierta, que el ritmo de entrada ha empezado ya a regularizarse, pero también es cierto que en la Academia, tanto las académicas como los académicos no trabajamos con la idea de una paridad, entendida como algo matemático. La Academia entiende que a cada sillón debe de ir la persona con más mérito en cada momento, independientemente de que sea hombre o mujer. Yo creo que con el tiempo, esta situación se irá corrigiendo. Por ejemplo, ahora tenemos cinco plazas vacantes (una de ellas procedente de la  lamentable pérdida de Ana María Matute) y esperemos que por la vía de los hechos, esta tendencia se vaya haciendo  evidente...".

La invasión de anglicismos en la lengua española es, a veces, incluso preocupante. Hay ocasiones en que leyendo o escuchando ciertas publicaciones o a ciertos personajes, no hay forma de entenderlos por el abuso de términos  anglosajones perfectamente innecesarios. José Luis  Gómez, también académico de la RAE,  apuntaba hace algún tiempo que lo mismo se debe a que nosotros no nos sentimos tan orgullosos de nuestra lengua como los ingleses de la suya. Para el director de la RAE, "lo peor es el papanatismo. El que haya préstamos de otras lenguas es absolutamente normal, siempre ha ocurrido. De lo que no cabe duda es de que el inglés ganó la II Guerra Mundial y, desde entonces, ha ocupado en el mundo una situación de preeminencia, que últimamente se ha redoblado por la revolución tecnológica en la medida de que muchos de los inventos de la nueva sociedad digital proceden de Estados  Unidos o del mundo anglosajón y, generalmente, la cosa trae la palabra consigo. Es lo que nos pasó en el siglo XIX con el tren. El invento se extiende desde Inglaterra y desde Francia y con él vienen también los nombres, lo que pasa  es que hoy están tan asimilados al español, que ya no los sentimos como ajenos (la propia palabra tren, el vagón, raíl, etc.). El problema   fundamental no son los préstamos obligados cuanto el papanatismo esnobista de utilizar términos ingleses de manera innecesaria para "darse pisto", para parecer muy cool, muy guay. Eso es lo que a mí, a José Luis Gómez y a muchos más nos repatea enormemente. De todas formas creo que, más que un problema de sentirnos orgullosos o no de nuestra lengua, es un problema de frivolidad y de falta de consistencia".

Por último, y ya que ha citado a la escritora francesa Marguerite Yourcenar,  preguntamos a Darío Villanueva qué término del Diccionario de la Lengua Española le parece más apropiado para calificar el bárbaro atentado yihadista contra la revista satírica 'Charlie Hebdo'. El director nos apunta una premisa antes de llegar al término preciso: "España sufrió también un atentado brutal, el de la estación de Atocha, en donde murieron muchas más personas, honrados trabajadores de muchas procedencias étnicas y culturales. No eran famosos, no escribían en periódicos... Me da la sensación de que en aquel momento España no reaccionó de la misma forma admirable que ha reaccionado Francia, y con ella el mundo entero, en relación a esto. La fuente era la misma, evidentemente, y no necesita motivos concretos para actuar, porque nace de una exacerbación de la palabra a la que quiero llegar. Esa palabra es sectarismo, una palabra que es válida para el fundamentalismo religioso pero también para muchos otros aspectos. Por ejemplo, esas peleas brutales entre forofos del fútbol, en las que, a veces, acaba muriendo alguno. El sectarismo es contradecir esa tendencia natural de la condición humana a identificarse con los demás, en un sentido contrario, buscando motivos y exacerbándolos para hacer del hombre un lobo para el hombre. El sectarismo es, tal y como yo veo las cosas, lo que ha provocado ese acontecimiento terrible de Francia".
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