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Cuando Rajoy parece empezar a moverse, laus Deo

sábado 08 de agosto de 2015, 10:28h

Quien suscribe, y perdón por la inicial excursión autobiográfica, es una de esas muchas personas que lleva años abogando por una reforma constitucional a fondo, y desesperándose por las negativas de Rajoy a mover la más mínima pieza y también por la falta de concreción del PSOE en sus propósitos reformistas. Entiendo que hace años, bastantes años, que socialistas y ‘populares’ tendrían que haberse puesto de acuerdo para estudiar, e inmediatamente consensuar, esos inevitables cambios constitucionales que ahora parece, por fin, aceptar, claro que para la próxima Legislatura, el actual presidente del Gobierno central. Alegrémonos al menos de eso: ¿ha abandonado Rajoy su posición de enroque político?

Tras su encuentro con el Rey en Marivent, Rajoy ofreció el viernes --ya era hora tras la insustancial del pasado día 31--, una rueda de prensa con cierta ‘chicha’ informativa. En la que, respondiendo a una sola pregunta, acerca de la sugerencia de reforma constitucional sugerida dos días antes por el ministro de Justicia a Europa Press, copó todos los titulares del sábado. Porque el presidente respaldaba lo que su ministro Rafael Catalá, un hombre eficaz que nada tiene que ver con su antecesor en cuanto a ocurrencias, había adelantado: que podrá estudiarse una reforma de la ley fundamental que incluya redefinir las competencias del Estado, es decir, abrir el melón del Título VIII sobre el proceso autonómico. Entre otras cosas en las que la buena Constitución de 1978 se ha quedado algo obsoleta.

No será ahora, claro, porque la Legislatura está prácticamente concluida y las cámaras legislativas se disolverán previsiblemente a finales de octubre. Pero, tras lo dicho por Rajoy –y no compartido por algunos dirigentes de segundos escalones ‘populares’, que aún no se han enterado de por dónde van los súbitos tiros--, el PP se verá obligado a incluir el tema en el programa electoral con el que concurrirá a las elecciones de diciembre.

Ahora solo falta todo lo demás. Que el PP concrete hasta dónde llegarían los cambios que propone –porque es el Gobierno quien debe proponer, y no esperar, como hasta ahora ha dicho Rajoy, a que otros propongan--; y que el PSOE, que tiene a una comisión estudiando esa reforma, también llegue a planteamientos más tangibles, de manera que unos y otros sepan en qué coinciden y en qué discrepan. Para inmediatamente llegar a un debate en sede parlamentaria. Y a acuerdos, claro está, que no andan los tiempos como para insistir en ese error de Pedro Sánchez proclamando ‘a priori’ que jamás pactará con el PP; si Rajoy ha tenido que rectificar espectacularmente sobre su posición reticente a los cambios constitucionales, bien puede Sánchez hacer lo mismo respecto de su demasiado tajante apriorismo en política de pactos.

La próxima Legislatura, que sin duda será la de los grandes pactos y las reformas a fondo, será también seguramente breve, para que, al disolver las Cortes, digamos en 2018, se convoque al tiempo el referéndum para la reforma ‘agravada’ de la Constitución y previamente acordada entre la mayor parte de los grupos parlamentarios. La etapa que comienza en 2016 se perfila, así, como novedosa en la aún breve historia de la democracia española. Porque a ese pacto reformista deberían incorporarse también otras fuerzas políticas, como Ciudadanos y, por qué no, el ‘nuevo’ Podemos surgido de la impostada moderación de Pablo Iglesias, que parece haber abandonado –él también está virando—su actitud despectiva hacia la mayor parte de la humanidad.

Tiene razón Rajoy cuando dice que la reforma por la que transige ahora no va a gustar a los independentistas; nada les va a gustar ya a los fanatizados en torno a una postura. Pero puede hacer que se vean forzados a dialogar, una vez que comprueben que proclamar la independencia, así como así, no va a resultar tan fácil, por mucho que la lista de Mas gane las elecciones. Y una vez que se constate que el ‘inmovilismo de Madrid’, que los acólitos de Mas denuncian, se ha tornado en actividad regeneracionista frenética.

Y sí, lo más probable es que que ‘junts pel sí’ ganará esas elecciones del cada vez más próximo 27 de septiembre, ante el panorama tremendo de balbuceos que exhiben los no secesionistas, comenzando por los giros inexplicables del PSC, que tanto disgustan, por el acercamiento a Esquerra, en la sede central socialista de Ferraz. Quo vadis, Iceta? ¿Por el camino errado de Zapatero y ‘sus’ tripartitos?

Habría, entonces, que agradecer a Artur Mas que al menos haya facilitado el desbloqueo de un debate político en España que afecta a lo sustancial, a esa territorialidad mal planteada, a esa marcha del Estado de las autonomías que se va haciendo, en cuanto se habla de financiación, imposible. Claro que Mas no pretende desbloqueo alguno, sino, al contrario, poner al Estado en un brete, pero la verdad es que el president de la Generalitat hace tiempo que no mide las últimas consecuencias de sus actos. Puede que, igualmente de manera indirecta, también esté facilitando un acercamiento, de momento al menos telefónico, entre Rajoy y Sánchez: quiero creer que existen conversaciones de acercamiento estos días de las que ya acabaremos enterándonos. Algo se mueve, o eso parece. Y ello es ya una buena noticia.

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