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Pablo Iglesias y los Angry Young Men

martes 01 de marzo de 2016, 12:39h

Estoy seguro que tanto Pablo Iglesias como Iñigo Errejón y el resto de los profesores universitarios que se han convertido en lideres politicos en apenas 12 meses conocen y han leido a mâs de uno de los integrantes de los "Angry Young Men", el grupo de escritores británicos que a mediados del siglo XX cambió la flrma de mirarse de la sociedad a la que pertenecian. Más que airados, aqui, en España, les llamariamos jóvenes cabreados, jóvenes hartos del modelo social que les condena a vivir con sus padres hasta pasados los 30 años, que les ofrece salarios de 500 euros, que no encuentran un hueco para sus esperanzas e ilusiones en el futuro al que se asoman.

Entre aquel grupo en el que la mayoria ha muerto decubri para mi placer a Allan Sillitoe, nacido en un barrio obrero de Londres, casado con una poetisa neoyorkina, y que aprovechó sus cinco años en España para escribir sus dos obras más conocidas, las dos llevadas al cine, y en las dos reflejando la hipocresia de una clase rica y acomodada, y la rabia de una clase obrera a la que se le cerraban las puertas. Hablaba de Inglaterra pero podrīa haber hablaso de nuestro paīs.

En Alicante escribió "La soledad del corredor de fondo" y en Mallorca "Sábado noche, domingo mañana", dos titulos perfectos para loa dos grandes protagonistas de esta semana, que se han cambiado los papeles y contra los que dispararà sin compasión el lïder de Podemos. Iglesias es un "angry men", está cabreado y está lleno de deseos de poder. Está con Tony Negri en el postcapitalismo pero en lugar de quedarse en las barricadas del 15-M decidió entrar en el juego de la burguesia polītica para cambiarlo desde dentro, la misma posición socialdemócrata que dice combatir.

Pedro Sánchez ha intentado romper a la izquierda mientras firmaba con la derecha. Los intentos han fallado y tendrá que esperar dos meses para comprobarlo, salvo que antes de mayo rompa con la derecha e intente firmar con la izquierda. El precio a pagar será màs alto pero la supervivencia de todo buen corredor de fondo está en mantenerse en el grupo de cabeza. Ese será su sàbado por la noche y su domingo por la mañana. El tiempo de escuchar a los suyos y volver a empezar.

Mariano Rajoy tiene demostrado que es un auténtico, experimentado y correoso corredor de fondo, y que ha comprendido que sus fines de semana son para mantenerse en forma, para que la campaña electoral que cree segura a partir de mayo no le pille con grasa en su abdomen político.

Todo corredor de fondo es un solitario, alguien que pelea contra si mismo. No se trata de ganar a los demàs, se trata de sentirse vencedor en la soledad del esfuerzo. Por eso hizo las oposiciones a registrador de la propiedad, otro reto para solitarios. A Pedro y a Mariano los conoce bien Iglesias. Los ha observado, los ha analizado, los ha diseccionado para poder atacarles en el momento que crea màs oportuno y más favorable a los intereses de su grupo. El no es un solitario, el actua en grupo, en paramanada. Es mucho màs lobo que tigre. Necesita la compañia para triunfar pero dejando claro quien manda.

Allan Sillitoe y su mujer, Ruth Fainligt, tradujeron al inglés la Fuenteovejuna de Lope de Vega. La titularon: "Todos los ciudadanos son soldados", y la trasladaron al Madrid republicano y cercado por las tropas de Franco. Una làstima que el Teatro Nacional no quisiera representarla -tal y como contó Juan Cruz en El Pais hace años- y que duerma el sueñase lo injusto. Para nuestros polîticos todos sus militantes son soldados en esta larga guerra de seis meses en la que nos han embarcado.

Si Colin Smith -nuestro joven Garcia o Fernandez- el corredor de Allan Sillitoe tiene que elegir entre la porcelana que le ofrecen sus dotes de atleta y los ladrillos que le han visto crecer, a Pedro parece que le gusta la cerámica, a Mariano la porcelana y que Pablo ya tiene decidido el destino de los ladrillos: romper a los dos.

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