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El cementerio de Mingorrubio 1 año después: algún nostálgico y mucho ciclista

sábado 24 de octubre de 2020, 14:40h

El cementerio de Mingorrubio, testigo hace un año del traslado de los restos de Franco, ha cambiado poco desde entonces. Algo más concurrido, los fines de semana lo visitan algunos nostálgicos, otros curiosos y nunca fallan los ciclistas que se hacen una foto frente a la iglesia donde está enterrado el dictador.

Este tranquilo enclave de Madrid, perteneciente al barrio (casi pueblo) de El Pardo, ha notado más los efectos del confinamiento perimetral de la capital que el polémico traslado de Franco, enterrado ahora junto a su mujer, Carmen Polo, en la cripta del pequeño templo situado al entrar en el camposanto a mano izquierda.

Como única vía de escape, centenares de madrileños se han refugiado en El Pardo estas dos semanas de encierro de la capital saturando sus carreteras y montes. Algunos han aprovechado para entrar en el cementerio, que en el último año ha visto crecer sus visitantes, sobre todo en fin de semana.

Lo explica a Efe un operario del camposanto, abierto todos los días desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde y que permanece aparentemente igual, si no fuera por la fisionomía de la entrada de la iglesia.Sus barrotes están ahora llenos de banderas de España, fotos de Franco, imágenes de vírgenes, cirios, textos como el "Credo legionario", flores rojigualdas y emblemas militares, de la Policía Nacional y la Guardia Civil que van dejando los que lo visitan.

Cara al sol

Cuenta el empleado que son muchos los ciclistas que, venidos de Madrid y al final de su recorrido antes de volver a la capital (en el cementerio acaba la carretera, más allá es terreno vedado de Patrimonio Nacional), se hacen fotos frente a la iglesia con sus monos multicolores.También algún franquista canta el "Cara al sol" o toca la trompeta, e incluso se celebró una misa frente a la iglesia acabado el confinamiento, pero todo de forma pacífica, sin que se haya registrado ningún incidente, aclara.Todos los homenajes tienen que ser a las puertas de la iglesia, cerrada a cal y canto desde hace doce meses y que solo puede visitar la familia del dictador, previo aviso de 48 horas.Únicamente ellos pueden acceder a la cripta donde reposan los restos de Franco y Polo, construida en 1969, de interior austero y con la inscripción en el techo "Yo soy el Alfa y la Omega", que aparece en la Biblia.

El traslado de los restos se vivió con resignación entre los vecinos, que temían una avalancha de visitantes que finalmente no se ha producido.Llegaron al cementerio en helicóptero desde el Valle de los Caídos, a cincuenta kilómetros de distancia, ante decenas de periodistas nacionales e internacionales y un puñado de seguidores del dictador, entre ellos Antonio Tejero.Olvidado ese día que rompió la tranquilidad del lugar, el cementerio continúa prácticamente igual, rodeado de encinas centenarias y con sus 500 sepulturas, 2.200 nichos, 1.050 columbarios y medio centenar de panteones, lo que lo configura como uno de los camposantos más pequeños de los 22 que hay en Madrid.

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