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Vuelta al mundo en bicicleta, autostop o con la mochila a cuestas: cómo viajar y cambiar el rumbo de tu vida
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(Foto: Jornadas Iati de los grandes viajes)

Vuelta al mundo en bicicleta, autostop o con la mochila a cuestas: cómo viajar y cambiar el rumbo de tu vida

domingo 27 de marzo de 2022, 11:55h

Roberto Sastre y su perra Cocaí salieron rumbo a China en autostop. En su paso por India adoptaron otra perra, Chai. Tras un año de pandemia en el país, regresaron a casa. Esto es solo el resumen de un largo viaje que cambio la vida de este intrépido viajero y que modificó la ruta sobre la marcha.

La historia comienza en marzo de 2019. Roberto y su compañera perruna de viajes salieron de Madrid con una misión: llegar a China a dedo. Un viaje que bautizó como el 'Pekín Express Canino'. Aunque no llegaron a Pekín -la pandemia impidió alcanzar el destino- no fue tan exprés como en un principio había previsto.

Pero la aventura les llevó por Turquía, Armenia, Irán, Pakistán e India. Un recorrido en el que se incorporó una nueva amiga peluda en el desierto de Rajastán. Tres años después debían volver a Madrid.

Roberto en moto con sus perras

Roberto en moto con sus perras

Una aventura que se convierte en un aprendizaje de vida: "Me gusta mucho viajar. En 2013 puse rumbo a Brasil con una beca de la universidad -estudió Biología-. Terminé allí la carrera y después, recorrí Sudamérica.

Fue allí donde encontré a mi compañera Cocaí", relata Roberto Sastre. Esta compañera cambió el rumbo de su viaje. "¿Cómo viajar con un perro?", se preguntó en aquel momento. Pero todo encajó y Roberto cambió su manera de viajar adaptándose a las nuevas condiciones. Con Cocaí visitó Bolivia oriental, recorrieron los ríos Madeira y Amazonas -en un viaje fluvial de casi dos semanas durmiendo en hamaca- y conocieron Perú, Ecuador, la Patagonia y Brasil, entre algunos de los rincones.

Roberto se dió cuenta que podía viajar con un perro pero no quería "seguir viajando sin rumbo fijo" y creó Viajeros perrunos, un blog para ofrecer consejos a otros trotamundos que recorren el mundo con compañía perruna. En Asia "quería seguir demostrando que se puede viajar con perros en autostop y con pocos recursos. Siempre por tierra y nunca en avión. Descarto meter a mis perras en aviones".

"Viajar abre la mente a otras formas de entender la vida"

Viajar como lo hace Roberto, en autostop, rompe con los prejuicios que se puedan tener sobre esta manera de viajar: "Me he subido en miles de coches y no me ha pasado nada. Solo en México, nos llevaron unos narcotraficantes pero no nos hicieron nada. No somos la diana". Es cierto que, en ocasiones, toca estar en el sitio equivocado. Y Roberto y sus compañeras de viaje sufrieron otros contratiempos, como un accidente de coche en Armenia, robos en Georgia e India y hasta se enamoró de una mochilera taiwanesa con la que hizo parte del viaje. "Tres años dan para mucho, hasta para incorporar otra perra a la aventura viajera", relata.

Roberto Sastre en uno de sus destinos

Roberto Sastre en uno de sus destinos

Camino a Nepal, el Covid lo cambió todo. Vivió confinado un año en India, en una casa que se caía a pedazos: "Se trató de una experiencia religiosa. Fue un caos y los primeros meses una locura. Al principio solo salía para comprar comida y alimentar a los perros de la calle. Dependían de los negocios y al permanecer cerrados, no tenían nada para llevarse a la boca". Roberto sufrió la discriminación de los vecinos por ser extranjero hasta que un día "todo se relajó y los transportes volvieron a circular".

"Gastaba entre 100 y 150 euros al mes"

Pero como era imposible seguir hacia el este por las fronteras cerradas, decidió volver. Lo hicieron por tierra, pero la pandemia no se lo puso nada fácil. Una odisea de trabas en el camino, entre ellas la rotura de bazo de Cocaí y su operación. Sin embargo, llegar a Pakistán y conocer su diversidad de etnias culturales fascinó al viajero: "Viajar abre la mente y presenta otras formas de entender la vida. No hay solo un tipo de vida".

A su llegada a Madrid, después de tres años, Roberto reconoce que le produjo "un choque muy gordo". A su crecimiento personal se une el sentimiento de saber que se puede ser autosuficiente con pocos recursos: "En autostop y con tienda de campaña. No tenía gastos en alojamiento y transporte. Gastaba entre 100 y 150 euros al mes". Además, en su recorrido preparó postales viajeras, que vendía a través de Instagram, y continuó con la escritura de libros y cuentos.

Una experiencia que compartirá este sábado en las jornadas iati de los grandes viajes. Un evento inspirador que será presencial y retransmitido en streaming desde el Espacio Rastro Madrid y el Centro cultural Casa del Reloj. Una ocasión para contar las aventuras de trotamundos que, como Roberto, viajaron varios meses y años en barco, transportes públicos, bicicleta, furgoneta, en solitario, en pareja y con mascotas. Las posibilidades son infinitas y también los motivos por los que emprenden estos viajes, en ocasiones sin fecha de vuelta.

Es el caso de Blanca Fernández, quien a sus 57 años fue en bici hasta Tailandia y a los 60 circunvaló África o el del madrileño Javier Martínez de la Varga, que ha pasado nueve años viajando en bicicleta.

Durante varios años, Javier trabajó como fotógrafo y reportero en diferentes países en conflicto. Tras un viaje de 17 meses por África y Oriente Medio haciendo reportajes, se cansó de documentar tanta injusticia. "Unos soldados israelíes abatieron a un palestino a tres metros y cayó fulminado.

En ese momento estaba con la cámara de fotos y no pude. Decidí que quería hacer otro tipo de fotografías", recuerda este viajero amante de las bicis. "El deporte siempre ha sido mi pasión y vi que la bicicleta se convertía en un medio de transporte estupendo para seguir viajando y documentando las historias cotidianas y extraordinarias", relata. La bicicleta es sinónimo de libertad: "En bici hueles tierra mojada, saludas a gente y puedes ir donde quieras y con lo que necesitas. Ofrece una libertad total".

"La bicicleta ofrece una libertad total"

Y así comenzó su nueva aventura, con su bicicleta y con un presupuesto mínimo: "Solo gastaba cinco euros al día". Eligió el lugar más lejano desde el que pudiera regresar a casa con su bici sin tomar aviones. En 2010 voló a Jakarta. Calculó que el viaje desde Indonesia a España le llevaría un año y medio. Tres años y 38.000 kilómetros después, Javier llegó a Madrid pedaleando.

Con ganas de más, continuó el viaje por África. Tardó dos años y medio en llegar a Ciudad del Cabo (Sudáfrica), desde donde se embarcó en un velero rumbo a Brasil. Desde allí llegó al sur del continente, a Ushuaia, y se dirigió al norte para llegar hasta Alaska. Casi sin darse cuenta, iba a dar la vuelta al mundo. Cuando llevaba ya nueve años, en Colombia, conoció a su actual pareja con la que tuvo una hija. Juntos decidieron continuar el viaje en bicicleta, pero llegó el Covid y tuvieron que posponer los planes.

Javier pudo ver de cerca a elefantes en su viaje

Javier pudo ver de cerca a elefantes en su viaje

El viaje también acumuló sustos y complicaciones: "He pasado cuatro malarias, dos tifus y un dengue. En Nigeria me confundieron con un terrorista y una muchedumbre me atacó a palos". Un brote de ébola, una detención en una mina de diamantes de Guinea, cruzar el desierto de Somalia por la noche y frenar su biccleta para no chocar con un gorila en la selva son otros de los momentos que siempre quedarán en su retina. Pero no se arrepiente de la experiencia: "Volvería a repetir cada momento", asegura. Todas la dificultades se compensan con el aprendizaje que se llevó: "Cuando uno viaja solo piensa en el ahora, no en el mañana. He aprendido que cuando llueve, es importante tener un tejado y comida. Los viajes me han ayudado a aprender que los problemas que no son de salud, son retos".

Javier no descarta retomar el viaje que dejó en Panamá: "Me gustaría iniciarlo desde allí con mi mujer, mi hija y una perrita que adoptamos en Medellín". Aunque la próxima aventura ya no podrá afrontarla con la misma libertad, este trotamundos madrileño tiene claro que viajar con familia es posible: "Los límites los ponemos los padres. Solo es saber que el lugar donde viajas no presenta graves riesgos"

Con la mochila a cuestas

La madrileña Diana Tallo también cambio de rumbo su vida. Una crisis laboral la situó en una encrucijada de caminos: "Vi que mi futuro laboral no tenía continuidad. Me sentí como en un abismo que me hizo replantearme la situación. ¿Qué hacer con tanto tiempo libre?". Ambientalista de carrera y oficinista hasta los 40, decidió cumplir su gran sueño: viajar sin fecha de vuelta. Cuando comenzó a planear su viaje en solitario por Asia, se cruzó Mike en su destino.

El plan inicial cambió de rumbo y juntos iniciaron el recorrido por Latinoamérica: "Mike llevaba muchos años sin ver a su familia y me propuso ir para alla". Una aventura que les llevó dos años y no uno, como lo tenía previsto Diana.

Once países formaron parte de su recorrido. Casi siempre por carretera. Empezaron en mayo de 2018 recorriendo el nordeste de Brasil, con maravillas naturales como la cataratas de Iguazú, y Ushuaia, donde pudieron navegar a vela por el canal de Beagle. Siguieron a Bolivia y quedaron fascinados el salar de Uyuni: "Una de las maravillas del mundo". Luego pasaron por Perú, Ecuador y Colombia, alternando entre la Amazonia, los Andes y la costa.

Diana y Mike en su viaje

Diana y Mike en su viaje

En su aventura viajera probaron riruales de medicinas ancestrales, visitaron Machu Picchu, incluso fueron testigos de terremotos y volcanes. Atraveraron Panamá y Costa Rica y llegaron a Nicaragua y Guatemala. "En la frontera de Colombia con Panamá, que la cruzamos por nuestra cuenta, hay una zona especialmente problemática por guerrillas y tráfico de personas. Nos quedamos atascados en esa zona bastantes días". Finalmente entraron en México, lo recorrieron durante cuatro meses hasta que poco antes de volver a Madrid en marzo de 2020, les cancelaron el avión por Covid. Pudieron regresar en un vuelo de repatriación el día del cierre de fronteras en España.

"Es una experiencia profundamente transformadora"

"Es una experiencia profundamente transformadora", cuenta Diana. El simple hecho de meter todo lo que necesitas en 12 kilos de mochila ya es revelador: "Derribas esas barreras mentales y comienzas a entender que existen muchas formas de vida y que no se necesita tanto para vivir". De hecho, a su llegada a Madrid, se dieron cuenta que les sobraban media casa: "Abría los cajones y veía un montón de calcetines. ¿Para qué?. Me di de bruces con la persona que se fue". El aprendizaje de vivir con menos continúa estando presente en su día a día.

Aunque su viaje no estuvo exento de inconvenientes, lo cierto es que no vivieron momentos especialmente complicados. Quizás el ajuste del presupuesto económico les descolocaba algunas jornadas: "Teníamos previsto unos 40 dólares al día para transporte, alojamiento y comida. En algunos sitios como Brasil gastábamos la mitad, en otros como Costa Rica y Panamá era más complicado. Pero lo cierto es que no subíamos el dinero. Si había que comer solo huevo con pan algunos días, así hacíamos". Un ajuste de economía que se veía compensado con los alojamientos locales: "Las familias te abren las puertas y puedes ver cómo viven, trabajan o comen. Eso hizo nuestro viaje muy especial".

Diana y Mike recorrieron Latinoamérica

Diana y Mike recorrieron Latinoamérica

Cuando regresaron a Madrid con un confinamiento a la vista, Diana se planteó de nuevo qué hacer con su vida. Esta vez tenía claro el reto: "Formarse como profesora de yoga. La pandemia fue un momento de instrospección y de evolución para incorporar los cambios que quería en mi vida". Y publicaron 'Mochilamérica. Diario y poemas de un gran viaje': "El mismo mundo, el mismo viaje, contado desde dos miradas y expresiones tan diferentes". Plasmaron sus experiencias e impresiones en dos formatos: Diana, como un relato en su diario de viaje y Mike, a través de su poesía.

Una "sobredosis" de vida y gente. Así definen estos dos mochileros su experiencia. "Ojalá nos embarquemos en otro viaje de largo recorrido".

Y con ese entusiasmo describirán su recorrido en las jornadas de este sábado. Una cita que cumple su décima edición y que reúne cada año a centenares de trotamundos, consolidándose como el evento de referencia para los amantes de los viajes. Una oportunidad que demuestra que los grandes viajes no son terreno exclusivo de nadie. Dar la vuelta al mundo o recorrer el planeta durante varios meses o años son viajes al alcance de quien se lo proponga.

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