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Sol

El futuro de la Tierra cuando el Sol acabe convertido en una gigante roja, cien veces más grande que su tamaño actual, es incierto, de acuerdo con el estudio de una estrella similar.

Esta imagen, tomada por el telescopio espacial Hubble de la NASA / ESA, muestra el colorido 'último adiós' de una estrella como nuestro sol. La estrella está terminando su vida despojándose de sus capas exteriores de gas, que forman un capullo alrededor del núcleo restante de la estrella. La luz ultravioleta de la estrella moribunda hace que la materia brille. La estrella quemada, llamada enana blanca, es el punto blanco en el centro. Nuestro sol finalmente se quemará y envolverá con restos estelares de forma similar, pero no hasta que pasen 5.000 millones de años.

El Sol produe erupciones capaces de descomponer la comunicación por radio y fuentes de energía en la Tierra. Pero... ¿podría emitir superllamaradas tan devastadoras como otras estrellas?. Un equipo internacional de investigadores dirigido por Christoffer Karoff de la Universidad de Aarhus, Dinamarca, responde que es poco probable, pero no es imposible. Su estudio se publica en Nature Communications.

Una alargada protuberancia solar se levantó por encima de la superficie del Sol y se deshizo lentamente este 3 de febrero,según un vídeo del Observatorio de Dinámica Solar (SDO) de la NASA.

El próximo mes de junio llegará a España 'Time in a Can', la primera exposición de solarigrafía en la que ha participado 50 fotógrafos de distintos lugares del mundo, todos ellos especializados en esta original técnica y participando en sincronía desde distintas localizaciones en nuestro planeta.
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El ignoto planeta Nueve en el borde del Sistema Solar, predicho en enero de 2016 por Konstantin Batygin y Mike Brown, de Caltech, parece ser responsable de la inclinación inusual del Sol.

Simulaciones por ordenador de la Universidad de Lund (Suecia) muestran que es muy probable que el considerado Planeta 9 del Sistema Solar es en realidad un exoplaneta.

El Sol puede llegar a registrar fulguraciones varias veces al día expulsando material caliente, ionizado y a altas velocidades, pero sólo en ocasiones ocurren en alineación con la Tierra provocando tormentas solares. En 2015 los científicos registraron un evento equivalente a 10.000 millones de bombas atómicas de Hiroshima, pero se estima que sólo fue una mínima fracción de lo que ocurrió en 1859 cuando llegó a nuestro planeta una tormenta solar tan intensa que se observaron auroras boreales en pleno Madrid. Algunos expertos creen que este tipo de fenómenos tan potentes pueden ocurrir en intervalos de unos 150 años, por lo que podríamos estar cerca de otra gran tormenta solar. Y si esto sucediera, ¿el mundo interconectado en el que vivimos podría sufrir un apagón mundial?