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Obra de teatro 'El corazón entre ortigas'
Obra de teatro 'El corazón entre ortigas'

'El corazón entre ortigas': poesía, dolor, belleza y verdad

lunes 29 de mayo de 2017, 17:37h

La poesía es capaz de hacerse un hueco por derecho propio incluso entre el más horrible dolor, el mayor de los desgarros, la sinrazón, el espanto y hasta enmedio de la propia muerte. ‘El corazón entre ortigas’, una propuesta escénica de Tribueñe detiene literalmente el tiempo durante casi hora y media, partiendo del bello y elaboradísimo texto de Eusebio Calonge, y bajo la dirección escénica de Paco de la Zaranda.

Incluso en la mayor de las tragedias, en el más terrible de los sucesos, mirándolo a fondo, es posible descubrir también unas gotas escondidas de humor, y esta paradoja la encontramos ya desde el primer momento en ‘El corazón entre ortigas’, en un escenario repleto de personajes con la mueca congelada en la que se pinta el miedo, el horror, la fatalidad, la guerra, al tiempo que una mujer tan leve como divertida va gritando al público, a medida que va llenando la sala y ocupando sus asientos «… lo más granado de la inteligencia», «¡caballero, caballero, qué elegancia!», «¡qué público tan singular…, qué ingenio, qué belleza…!». Ella es Nereida San Martín, quien forma parte de un coro de extraordinarios actores junto a David García, Nené Pérez-Muñoz, Inma Barrionuevo, Josefa del Valle, Pablo Múgica, Miguel Pérez-Muñoz, Irene Polo, Matilde Juárez, Helena Fernández, José Miguel Baena y Begoña Caparrós. En todos ellos domina el color negro, únicamente roto por el rojo chal que cubre a Helena Fernández, que interpreta en directo al piano músicas de artistas clásicos (Bach, Vivaldi,…) para contrarrestar tanta amargura, tanta crueldad, tanto pesimismo surgidos de las gargantas de los actores en forma de sonidos guturales o de cantos intensos y sobrecogedores.

Como si de la materialización en movimiento de algunas de las Pinturas Negras de Goya se tratase, el conjunto de actores se mueve sobre el escenario de la Sala Tribueñe con una lentitud y una armonía celestiales, en un ejercicio actoral encomiable del que es difícil destacar a cualquiera de los integrantes del elenco. El trabajo de dirección de Paco de La Zaranda es impresionante, y eso que el tamaño del escenario de la sala es quizás algo escaso para tanto personaje. Así y todo, la belleza estética de cuanto sucede en escena hace olvidar pronto al espectador este tipo de limitaciones o condicionamientos espaciales.

El montaje es todo un homenaje a un personaje muy poco citado de nuestra Guerra Civil, el entonces embajador de Chile en España, Carlos Morla Lynch, que tuvo la valentía, el ingenio y la generosidad de buscar fórmulas y triquiñuelas para salvar la vida de unos dos mil refugiados de los dos bandos contendientes. Y su mérito es aún mayor porque en muchos casos los refugiados eran abiertamente contrarios a su propia ideología. Pero este hombre singular y heroico supo poner por encima de ideologías, por encima de sí mismo y de su familia la condición de seres humanos atrapados en una oleada de odio, de venganza, de sinrazón y de violencia, para ponerlos a salvo de lo inevitable: las bombas, la guerra, el salvajismo sin etiquetas y en uno y otro bando.

Los claroscuros de la personalidad humana aparecen reflejados en ‘El corazón entre ortigas’ con una nitidez que hiere pero, al tiempo, manifiesta la esperanza de que aún en el más terrible de los momentos, siempre hay almas generosas, héroes que anteponen el bien, la ética y la moral, a su propia vida. Una lección que es mejor no olvidar si no queremos enterrar lo mejor que tenemos como seres humanos. Un paso más de Tribueñe por poner en pie un teatro de altísima calidad que no considera al espectador un mero consumidor, sino un ser inteligente, capaz de reflexionar por sí solo y situarse frente a los grandes asuntos de nuestra existencia, a los grandes acontecimientos que señalan a todo hombre y a toda mujer como seres singulares e irrepetibles. Imprescindible.


‘El corazón entre ortigas’

Texto: Eusebio Calonge (basado en los informes diplomáticos de Carlos Morla Lynch)

Dirección: Paco de la Zaranda

Intérpretes: David García, Nené Pérez-Muñoz, Nereida San Martín, Inma Barrionuevo, Josefa del Valle, Pablo Múgica, Miguel Pérez-Muñoz, Irene Polo, Matilde Juárez, Helena Fernández, José Miguel Baena y Begoña Caparrós

Iluminación: Eusebio Calonge y Miguel Pérez-Muñoz

Teatro Tribueñe, Madrid
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