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Chuchi Guerra
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Chuchi Guerra

Crítica de la obra de teatro 'Todos los ángeles alzaron el vuelo': vida en las calles, el teatro y en el cementerio

lunes 12 de enero de 2026, 17:54h

¡Es La Zaranda, señores!, ¡Despierten...! El legendario grupo teatral jerezano (48 años de lúcida y comprometida vida teatral los contemplan ya…). Recala estos días en Naves del Matadero y sólo hasta el 25 de enero, con su última creación, ‘Todos los ángeles alzaron el vuelo’, con un texto cuidadísimo, hermoso, incisivo, al alcance de cualquier espectador y con una poética magistral de Eusebio Calonge, una dirección exquisita de Paco de La Zaranda y una interpretación de esas que conmueven hasta los últimos escondites del alma que llevan a cabo los magníficos Francisco Sánchez, Gaspar Campuzano y Enrique Bustos, acompañados en escena en este montaje por otras dos excelentes actrices, Ingrid Magrinyà y Natalia Martínez.

Si un espectador de teatro no ha visto nunca a La Zaranda no es un espectador de verdad. Lo que hacen en escena en ‘Todos los ángeles alzaron el vuelo’ estos cinco grandes actores y actrices es prestar su cuerpo y su espíritu a esos personajes que llevan marcado en su ADN la segura perdición (prostitutas, sintecho, presidiarios, buscavidas...), que ya aparecieron en marzo de 2025 en el estreno mundial de la obra en el Teatro de Rojas de Toledo.

Han danzado ya por media España y por Iberoamérica, y ahora pasan por Naves del Matadero pletóricos de verdad, de denuncia, de verdadera vida, para contarse y para contarnos que la verdad de la existencia está ahí, en la calle, en los teatros y, al final, en los cementerios, que es donde desembocan -quiéranlo o no, piénsenlo o no-, todos los seres vivos, por mucho que signifiquen para nosotros, como le sucedió a Jorge Manrique cuando despedía a su padre con aquellos versos eternos: “Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando…”.

(Imagen promocional de 'Todos los ángeles alzaron el vuelo' / Foto Chuchi Guerra)Sobre el escenario dos prostitutas (Micaela, de origen rumano y yonki, y La Alacrana, mujer de armas tomar, originaria de L’Hospitalet), encarnadas por Ingrid Magrinyá y Natalia Martínez, respectivamente. Ellos son un proxeneta, (Paco Cadena, camello y rey de los polígonos industriales donde explota su despreciable negocio), habitado por Enrique Bustos; Virgilio es Gaspar Campuzano, atracador y camello recién salido de la trena; y Ramonet, un demente con trastornos psicóticos a quién le cuesta mucho hablar y que vende lotería caducada, a quien da vida Francisco Sánchez.

Analizar el excelente trabajo actoral de cada uno de ellos podría constituir todo un ensayo sobre la materia. ¡Es un verdadero placer seguir sus evoluciones en el escenario, sus palabras, sus gestos! Creo que podría acudir todos y cada uno de los días en que La Zaranda estará en Naves del Matadero descubriendo nuevos matices en cada uno de los intérpretes y en cada función, y con un interés creciente.

Realismo y poesía se funden en unos personajes que lo mismo citan a Caronte que a Shakespeare o a Dostoievski sin que esa circunstancia rechine para nada en los castos oídos del espectador. Al cabo todos saben que son marginales, que no cuentan en estas vidas aceleradas que sólo admiten a triunfadores y que, por tanto, sólo pueden aspirar a buscar sus instantes de felicidad en paraísos artificiales y alternativos, aunque con ellos se les vaya la vida. El infierno siempre será mejor que dormir en la calle, prostituirse por las esquinas del polígono industrial con cinco grados bajo cero en invierno, o con cuarenta en verano porque, al cabo, una no puede huir del “negocio” que le permite comer cada día.

Y, a pesar de todo, y en medio de ese lacerante dolor, entre tanta desolación y adversidad, el humor, la humanidad, la esperanza y la fe se hacen un hueco porque no hay vida, por miserable que sea y por escasa o nula posibilidad de redención, en dónde no aflore lo auténticamente humano.

La Zaranda busca siempre lo esencial, lo expresa a través de un lenguaje escénico inconfundible que no está al albur de las modas éticas o estéticas del momento; su teatro no es nada complaciente, eriza la piel, sacude las conciencias, rasca en los tuétanos del público y siempre lo enfrenta a un realismo sucio, a lo desagradable, a lo sórdido incluso, para recordarle que los perdedores son tan seres humanos como él mismo. No vale con mirar para otro lado ni con llenar nuestras vidas de risas que ahuyenten lo que nos resulta escabroso… Consigue así que un espectáculo de apenas 75 minutos se transforme en una aventura vital fuera del espacio y del tiempo que culmina con una oración (“Salve Regina…”), única salida a la esperanza de quien juega con las peores cartas posibles en la vida a sabiendas de que lo tendría todo perdido si no hubiera vida después de la vida.

El espacio escénico -ideado también por Paco de La Zaranda-, está vacío y en él sólo caben unos cuantos trastos viejos e inservibles (una caja de cervezas, un somier desvencijado, unas mantas, varios pares de zapatos rojos de tacón y unos libros viejos…); el vestuario ha sido creado por Encarnación Sancho y reúne toda la gama de colores del mejor Barroco, potenciados y estilizados más aún con la poética luz de Peggy Bruzual.

La carnalidad, la humanidad de estos cinco personajes ha crecido enormemente en menos de un año en que la pieza echara a andar en el Rojas de Toledo. El espacio de Naves del Matadero, que acerca a los actores hasta los pies del público tiene mucho que ver, pero también el crecimiento y el estudio incesantes en que siempre se embarca la compañía en cada uno de sus montajes. El misterio, la denuncia social, el análisis de los más intrincados resortes del alma humana y la trascendencia están aquí presentes del modo más sutil y bello posible. Nadie debiera perderse las vicisitudes de estos ángeles, aunque hayan transitado por este mundo sin haber podido o sabido reparar sus alas rotas.

Ficha técnica de ‘Todos los Ángeles alzaron el Vuelo’:

  • Autoría: Eusebio Calonge
  • Dirección: Paco de la Zaranda
  • Intérpretes: Francisco Sánchez, Gaspar Campuzano, Enrique Bustos, Ingrid Magrinyà y Natalia Martínez
  • Diseño espacio escénico: Paco de la Zaranda
  • Iluminación: Peggy Bruzual
  • Vestuario: Encarnación Sancho
  • Ayudante de dirección: Andrea Delicado
  • Fotografía y diseño cartel: Víctor Iglesias
  • Distribución: Carme Tierz
  • Naves del Matadero, Madrid
  • Hasta el 25 de enero de 2026

José-Miguel Vila

Columnista y crítico teatral

Periodista desde hace más de 4 décadas, ensayista y crítico de Artes Escénicas, José-Miguel Vila ha trabajado en todas las áreas de la comunicación (prensa, agencias, radio, TV y direcciones de comunicación). Es autor de Con otra mirada (2003), Mujeres del mundo (2005), Prostitución: Vidas quebradas (2008), Dios, ahora (2010), Modas infames (2013), Ucrania frente a Putin (2015), Teatro a ciegas (2017), Cuarenta años de cultura en la España democrática 1977/2017 (2017), Del Rey abajo, cualquiera (2018), En primera fila (2020), Antología de soledades (2022), Putin contra Ucrania y Occidente (2022), Sanchismo, mentiras e ingeniería social (2022), y Territorios escénicos (2023) LInkedIn: https://www.linkedin.com/in/josé-miguel-vila-8642271a/

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