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Obra 'El hombre y el lienzo'
Obra 'El hombre y el lienzo' (Foto: David Ruiz / Emilio Gómez)

'El hombre y el lienzo'. El camino (a veces tortuoso) de la creación artística

miércoles 15 de enero de 2020, 18:01h

La Sala Jardiel Poncela del Teatro Fernán Gómez de Madrid se ha convertido durante unos días en el taller de un pintor, encarnado aquí por Javier Ruiz de alegría, protagonista de ‘El hombre y el lienzo’, un montaje escrito y dirigido por Alberto Iglesias, en el que se muestra sobre el escenario la permanente, la cíclica, interminable y, a veces, infernal lucha entre el artista y su obra.

El proceso siempre es el mismo: un lienzo totalmente en blanco sobre un caballete; un pintor, situado frente a él, que tiembla como cada vez que se enfrenta a una nueva obra; la necesidad de escoger entre los infinitos colores para dar forma a una idea que nunca, o casi nunca, aparece clara en su mente; la lucha con los fantasmas personales; el aislamiento forzado del mundo y, para terminar, la duda permanente sobre el sentido último de todo esto: del arte, del porqué y del para qué de toda esa lucha constante de ‘El hombre frente al lienzo’.

Si el cuadro es lo que queda del artista y de su forma de ver la vida al otro lado del espejo de la realidad, Javier Ruiz de Alegría -actor, escenógrafo e iluminador en esta función, y avezado pintor dentro y fuera del escenario-, se está vaciando a diario ante la mirada sorprendida y atenta de docenas de espectadores que asisten al eterno rito de la creación del artista, del brote y del rebrote de los miedos, las dudas, la ira, la falsa firmeza de quien necesita saberse en el camino correcto.

El monólogo de Iglesias pone al actor y pintor frente a los recuerdos de su padre –un cantante lírico muerto prematuramente-, que tenía una visión muy particular del amor y de la vida, y la de su madre, viva aún y con un amigo –más bien pareja-, que la acompaña en su nueva etapa.

La madre admira y quiere profundamente a su hijo, convertido, ya a sus cuarenta y tantos, en afamado pintor que ha expuesto ya en las principales pinacotecas de arte moderno del mundo (Nueva York, Londres, París, Tokio, Madrid…). Ella no deja de recoger, ordenar y guardar como oro en paño cualquier crítica, referencia o entrevista que haya protagonizado su hijo. Un hijo que, sin embargo, mantiene una relación de amor /temor con su madre, a la que tarda meses en llamar, incluso ante la perspectiva de que su madre necesite confesarle algo personalmente porque la noticia no es seria y el teléfono no es la vía más apropiada…

Y, entre tanto, el cuadro va surgiendo, tomando vida propia, afirmándose incluso frente a su autor, al tiempo que las circunstancias vitales que le rodean no dejan de aflorar en un diálogo consigo mismo mientras el artista vive obsesionado por descubrir su yo más profundo a través de diversos autorretratos. Uno de ellos, incluso, es la respuesta del pintor ante un encargo para una exposición sobre el terrorismo, una idea que aparece inicialmente como disparatada para el espectador.

El taller (amplio espacio presidido por un caballete apropiado para un cuadro de 1,5 x 1 m., espejo al lado, un par de mesas, un sillón funcional con ruedas, algunos bocetos esparcidos por el suelo, algunos cuadros ya elaborados, pegados a la pared, los botes de pintura, los pinceles…), es el templo donde a diario se reproduce el íntimo rito de la creación. Esas cuatro paredes son testigo directo de lo más profundo del artista, de su conciencia de hombre, de ser que tiene los días contados, como cada hijo de vecino, y de su rebelión permanente y estéril ante esa circunstancia. Y el arte –siempre el arte-, como única vía de escape para la conciencia de ser un falso y limitado dios sobre la Tierra, a quien visita el fantasma de su padre (encarnado aquí por la voz en off de Ramón Barea). Silvia Mir ha vestido al personaje y Kike Mingo ha diseñado el espacio sonoro por el que transitan él y sus recuerdos (la voz de su padre, su música, los espacios naturales que frecuentaba…).

El montaje tendrá sus detractores -todo lo que se expone ante un público está sujeto a ello-, pero tiene indudable interés y, aunque ya hemos visto varios intentos en el cine sobre esta misma cuestión (arte y creación), no ha habido tantos sobre el escenario. La propuesta de Iglesias y Ruiz de Alegría engancha y, lo que es más extraño, anima al debate y las reflexiones posteriores sobre el hecho creativo.



‘El hombre y el lienzo’

Autor y director: Alberto Iglesias

Intérprete: Javier Ruiz de Alegría

Voz en off: Ramón Barea

Espacio y luz: Javier Ruiz de Alegría (AAPEE)

Diseño espacio sonoro: Kike Mingo

Vestuario: Silvia Mir

Diseño gráfico y cartel: David Ruiz

Fotografía: David Ruiz / Emilio Gómez

Producción ejecutiva: Kendosan Producciones

Ayudante de dirección: Jacinto Bobo

Técnico: Óscar Sainz

Dirección de producción: Jesús Sala

Comunicación: Marea GlobalCOM (Maite Perea e Isabel G. Jérez)

Teatro Fernán Gómez, Madrid

Hasta el 2 de febrero de 2020

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