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Obra de teatro ‘Esperando a Godot’
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Obra de teatro ‘Esperando a Godot’

'Esperando a Godot': reloj, no marques las horas

domingo 15 de diciembre de 2019, 14:41h

Gogo (también llamado Estragón) y Didi (también llamado Vladimir), son dos personajes en medio de la nada, en el justo cruce de dos vías muertas de tren, que se juntan a la sombra del único árbol que rompe el pasaje desértico que enmarca ‘Esperando a Godot’, la fábula que construyó en 1952 Samuel Beckett (1906-1989), el gran dramaturgo, novelista, poeta y crítico irlandés. Ahora el clásico de Beckett sube a las tablas del Teatro Bellas Artes de Madrid bajo la dirección de Antonio Simón y protagonizado por Pepe Viyuela (Gogo), junto a Alberto Jiménez (Didi), Fernando Albizu (Pozzo), Juan Díaz (Lucky, criado de Pozzo) y Jesús Lavi (Joven).

Ni a Gogo ni a Didi la vida los ha tratado bien (¿mendigos?, ¿refugiados? ¡qué más da…!). Son dos seres desamparados, perdedores en todo caso. Ambos saben que no va a pasar nada y, aún así, siguen esperando la llegada de un misterioso personaje llamado Godot, es decir, aceptan la frustración de la espera (“Hemos acudido a la cita, eso es todo. No somos santos, pero hemos acudido a la cita. ¿Cuántas personas podrían decir lo mismo?”). En ese interminable espacio de tiempo, los dos amigos discuten, hablan, se desesperan, se enfrentan, se reconcilian otra vez, se quieren y se odian al mismo tiempo. Y en ese extraño juego de relaciones personales brota nítido el reflejo de las relaciones humanas, la actitud de los hombres frente a los problemas, la relatividad en la medida del tiempo, la desesperanza, el autoengaño, la fragilidad del hombre, su vulnerabilidad, su miedo a la soledad y, en última instancia, el absurdo de la existencia.

Dividida en dos actos, ‘Esperando a Godot’ presenta a Gogo y Didi junto a un camino atravesado por unas vías de tren y junto a un árbol (espléndida la escenografía de Paco Azorín), que esperan la llegada de Godot. En ese desierto yermo, hay sonidos unas veces inquietantes y otras muy concretos (el espacio sonoro lo firma Lucas Ariel Vallejos). La noche y el día son implacables (la atinada luz la pone Pedro Yagüe). Visten con ropas andrajosas (Ana Llena las ha diseñado). Los dos amigos no albergan ningún resentimiento contra el mundo. Simplemente esperan, sin concretar muy bien las razones de esa espera ni los motivos que les mueven para aguardar allí… Sencillamente esperan…

Un acontecimiento inesperado les saca de su ensimismamiento, la llegada de Pozzo, que lleva a su criado Lucky atado con una larga cuerda en el cuello. El amo obliga al criado a bailar ante los desconocidos, y, de paso, a soltarles un rollo sobre las teorías de Berkeley. Entretanto, Pozzo engulle con fruición unos muslos de pollo y los huesos los tira después con desprecio a los dos indigentes.

Un tercer individuo vendrá después, tras la partida de amo y criado, a animar la espera de los dos amigos. Se trata de un joven que trae un mensaje de Godot: “aparentemente, no vendrá hoy, pero vendrá mañana por la tarde”. Pero el caso es que Godot no acaba de llegar y el tiempo pasa y las circunstancias cambian porque, en un nuevo encuentro con amo y criado, ahora Pozzo se ha vuelto ciego, y Lucky, mudo…

“¿Habré dormido mientras los otros sufrían? ¿Acaso duermo en este instante? Mañana, cuando crea despertar, ¿qué diré acerca de este día? ¿Que he esperado a Godot, con Gogo, mi amigo, en este lugar, hasta que cayó la noche? ¿Que ha pasado Pozzo, con su criado, y que nos ha hablado? Sin duda. Pero, ¿qué habrá de verdad en todo esto?”. Es la profunda duda que se plantea Didi en esa búsqueda incesante no se sabe muy bien de qué. Y es también la metafísica y eterna cuestión que se plantean todos los espectadores que acuden a este montaje de ‘Esperando a Godot’, en una versión muy fiel al original, y con una impecable dirección de Antonio Simón, que cuenta con estupendas interpretaciones, a veces cómicas y a veces trágicas, de los cinco intérpretes, en donde destaca la ternura que Viyuela le pone a su Gogo, y la extrema crueldad de la que dota Fernando Albizu a su Pozzo. El montaje del clásico de Beckett es siempre más que interesante.

‘Esperando a Godot’

Autor: Samuel Beckett

Dirección: Antonio Simón

Reparto: Pepe Viyuela, Alberto Jiménez, Juan Díaz, Fernando Albizu y Jesús Lavi

Diseño de escenografía: Paco Azorín

Diseño e iluminación: Pedro Yagüe

Vestuario: Ana Llena

Espacio Sonoro: Lucas Ariel Vallejos

Ayudante de dirección: Gerard Iravedra

Diseño gráfico y fotografía: Javier Naval

Productor: Jesús Cimarro (Pentación Espectáculos)

Teatro Bellas Artes, Madrid

Hasta el 5 de enero de 2020

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