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Carolina Calema es ‘La Celestina’, una voz, un cuerpo y unas manos a la altura del clásico de Fernando de Rojas
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Carolina Calema es ‘La Celestina’, una voz, un cuerpo y unas manos a la altura del clásico de Fernando de Rojas

domingo 17 de julio de 2016, 19:57h

Con esta adaptación de Darío Galo de ‘La Celestina’, de Fernando de Rojas son ya tres los montajes que veo en los últimos meses sobre el texto clásico español. Los tres son importantes, más que respetuosos con el original, incluso imprescindibles, deliciosos pero absolutamente distintos entre sí. Los anteriores tenían como protagonistas a Charo López, y a José Luis Gómez,y este a otra gran actriz y directora de origen argentino, aunque anda a un lado u otro del Atlántico, según la época y las circunstancias y, supongo, la voluntad: Carolina Calema, que en esta ocasión ha sido dirigida también por el adaptador de la obra, Darío Galo. Calema construye una Celestina entrañable, particular y bien distinta a las otras dos por lo que diremos a continuación, pero igualmente esencial en la palabra, ya que en el montaje no sobra ni una sola en sus 70 minutos de duración.

Carolina Calema es una actriz completa porque, además de dar voz a la “puta vieja, alcahueta y hechicera”, se desdobla en otros cuatro personajes más (Calixto, Melibea, Sempronio y Pármeno) y, sin suplantar sus personalidades, dialoga con ellas y hace al espectador verlas, sinestar allí, en el mismo escenario. Me refiero a Elicia y Areúsa, las dos mujerzuelas que cautivan a los criados de Calixto. Y tanto este, como Melibea y los criados son títeres, que Calema maneja al tiempo que les habla, los induce, los convence y los impele a actuar. ¡Hermosísima y acertada iniciativa! del director del montaje que Calema lleva al escenario con la naturalidad de quien parece haberlo hecho durante toda su vida… Porque la actriz, directora y dramaturga argentina les adjudica a cada uno de ellos, voces, tonos timbres y hablas distintas, que los singularizan.

Y combinar la dicción propia -la de Celestina-, su expresión corporal (Celestina, además, aquí está coja), y con el manejo de las marionetas con el alma de los criados y de Calisto y Melibea, no es tarea nada fácil que, sin embargo, Carolina maneja con una aparente sencillez y comodidad que, sin duda, esconde un trabajo ímprobo de configuración de los personajes, primero, en los duros ensayos, y, después, en las docenas y docenas de representaciones que este montaje de ‘La Celestina’ en los años que lleva ya de rodaje.

Como una juglaresa del Renacimiento, pero utilizando las técnicas de la Commedia dell’Arte, el mimo, el clown y el bufón, Celestina cuenta frente al público, -acercándose a él casi hasta tocarle, o alejándose unos metros de él, según convenga a cada escena…- todo lo que ha podido ver en su azarosa y agitada vida. Para ella no hay barrera ni secreto de amor que no pueda ser derribado, y hora es ya, después de tantos años, de sacar el mayor y mejor provecho de ello.

Tragicomedia

‘La Celestina’ tuvo un éxito de público extraordinario desde su primera aparición. Se conservan bastantes ejemplares que proceden de primeras ediciones antiguas (Burgos, 1499), y constaba de dieciséis actos con el título de Comedia de Calisto y Melibea. Hubo después varias segundas ediciones de Toledo, Valencia y Salamanca (1500). Entre 1502 y 1507 aparecieron muchas ediciones ampliadas y con el título de Tragicomedia de Calisto y Melibea, y también El libro de Calisto y Melibea y de la puta vieja Celestina, en Sevilla, Toledo, Salamanca y Zaragoza; esta, de 1507, es la más antigua que se conserva de la Tragicomedia, que inserta cinco actos nuevos entre el XIV y el XV de la Comedia, fijándose el texto en veintiún actos definitivamente.

La trama de ‘La Celestina’, que es como acabó denominándose a la tragicomedia, es bien conocida: Calixto, de noble linaje y claro ingenio, está prendado deMelibea, joven y rica, a quien intenta hablarle pero esta le despide con gesto airado. Calixto, entonces, se marcha a su casa compungido y su criado Sempronio le convence para que use los servicios de una vieja alcahueta llamada Celestina. Los criados se ponen de acuerdo con ella en repartir el dinero que consiga sacarle a Calisto. Celestina cumple con su misión y Melibea se entrega a Calisto. Pero cuando los criados van a casa de Celestina a reclamar su parte,esta se niega a darles nada, ellos la matan, y ante los gritos de las pupilas de Celestina, Elicia y Areúsa, acude la justicia, los prende y ejecuta públicamente. Elicia y Areúsa deciden vengar las muertes y, sabiendo que esa noche los amantes se verán en la torre de casa de Melibea, envían a un brabucón contra Calisto, el cual al oír ruidos intenta acudir en ayuda de su criado, se cae de la escala y muere. Melibea se desespera y se tira de la torre.

El montaje de Darío Galo y la interpretación de Carolina Calema tienen, desde luego, un lugar destacado en mi memoria por su cuidada adaptación y por el primoroso ejercicio de interpretación que consigue cuajar esta actriz que ha sabido ajustarse a un personaje tan poliédrico como la vieja alcahueta que, además, y no conforme con ello, borda también el de los otros cuatro personajes principales de la tragicomedia. La propuesta es de pleno acierto en este caluroso verano madrileño…

‘La Celestina’, de Fernando de Rojas

Adaptación y dirección: Darío Galo

Intérprete: Carolina Calema

Vestuario, títeres y escenografía: Elena Colmenar

Máscara: CTC PRODUCCIONES

Iluminación: David Amandi

Música: Renato di Prinzio

Sonido: Pablo Fischtel

Teatro del Arte, Madrid

23,24, 30 y 31 de julio de 2016

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