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Crítica de la serie 'Arde Madrid': libertad contra represión
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Crítica de la serie 'Arde Madrid': libertad contra represión

martes 13 de noviembre de 2018, 14:11h
La etapa de la actriz estadounidense Ava Gardner viviendo en Madrid es materia de leyendas varias desde hace años, así que no es una sorpresa que alguien se decidiera a hacer algo en ficción sobre ella. Paco León y Anna R. Costa la utilizan para hacer un retrato de una época en concreto, los momentos en los que el régimen franquista decidió abrirse algo y en ese país gris y rancio comenzaron a entrar ráfagas de aire fresco. En eso se basa la serie en el contraste entre la estrecha moralidad nacional católica y la libertad/libertinaje ejemplarizada por la actriz.

La serie nos pone desde el principio dos polos opuestos, los que representan Ava Gardner, interpretada por Debi Mazar, y Ana Mari, interpretada pr Inma Cuesta, la solterona de la sección femenina que entra a trabajar a su casa como sirvienta/espía. La primera es un volcán que solo hace caso a sus impulsos, ajena a la triste realidad del país vive cada día como si fuera último, mientras que la segunda es una mujer reprimida y gris. Es ella la que abre el primer capítulo diciendo a un grupo de mujeres que si su marido las pega es porque algo habrán hecho. Su evolución será el motor principal de la serie. Sobre todo su relación con Manolo, intepretado por Paco León. Este personaje es el que sirve como enganche con la mayor inspiración de sus creadores, la picaresca. Un género que va de Quevedo a Azcona y es uno de los que mejor ha servido para reflejar las muchas desgracias por las que ha pasado este país. Sobre todo su gente más humilde y es que, a pesar de su retrato de las fiestas de la época, con cameos de Lola Flores, Marisol, Carmen Sevilla o la Duquesa de Alba, la serie se centra en los criados, que son el eje de la misma. A los interpretados por Cuesta y León se suma el de Anna Castillo.

La serie funciona a la perfección como retrato de su época, con una bonita estética en blanco y negro que trae a la memoria a la influencia más clara de León, Berlanga. La serie utiliza una mezcla de humor y drama bastante bien compensada, aunque el formato de media hora pueda hacer ver que faltan risas. Pero es que lo que León y Costa tratan es algo muy serio, un país en el que la mitad de la población (en concreto las mujeres) no tenían ningún tipo de libertad e independencia, y la otra parte, la tenía bastante restringida. Como decía al principio es el personaje de Cuesta el que lleva el peso de la serie y es el que más cambiará a lo largo de la misma, sobre todo cuando (no podía ser de otra forma tratándose de León) de rienda suelta a sus impulsos sexuales. Y es que, a pesar de las circunstancias, aquí sigue habiendo alegría de vivir, ejemplarizada en esas fiestas en las que, como en la canción de Serrat, cada uno, pobres y ricos, es cada cual, aun sabiendo que a la mañana siguiente, "y con la resaca a cuestas, vuelve el pobre a su pobreza, vuelve el rico a su riqueza, y el señor cura a sus misas". En esas fiestas, verdaderos quebraderos de cabeza para el matrimonio Perón, y en las pocas ocasiones que la serie sale a exteriores, ya sea a Chicote o al bautizo de Antonio Flores, la serie da lo mejor de sí misma, con un ojo puesto en 'El Guateque' de Blake Edwards y otro en 'La Dolce Vita' de Fellini.

Por este lado la serie es un verdadero logro, igual que en el apartado técnico y artístico, con unos actores a los que León sabe sacar todo su potencial. Eso sí, a pesar de sus muchas virtudes, tampoco se puede decir que sea una serie perfecta, así que aquí van algunos peros. El más importante es la trama, la serie no tiene un enganche claro, es perfecta como retablo de lo que pasaba entonces y la mayoría de sus personajes están muy bien cuidados pero realmente no hay algo que enganche y una todos los capítulos, siendo lo más parecido el collar de Ava Gardner, aunque queda un poco flojo. Por otro lado puede que el peso de la actriz americana no sea todo lo importante que debería, sobre todo con respecto a los criados, mucho mejor definidos. Algo parecido pasa con los Perón, aunque sirven de contrapunto cómico a la propia Ava.

Por último, algo mucho más pequeño, pero que me irrita un poco como melómano. Con lo cuidada que me ha parecido toda la serie en su ambientación de la época y lo bien integrada que está la música en la misma, podrían haber tenido un poco más de cuidado a la hora de elegir ciertas canciones. Está muy bien que se utilice música de la época que se quiera pero cuando ésta pasa a estar dentro de la historia creo que es un error poner cosas que todavía no existían. Por poner un ejemplo, es difícil que en una fiesta celebrada en 1961 todos los invitados coreen a gritos el 'I Like It Like That' de Pete Rodriguez que no se editaría hasta seis años después, como tampoco podía sonar el 'Bang, Bang' de Joe Cuba, publicado en 1966. Si le querían haber dado un toque latino a esa fiesta podían haber cambiado el boogaloo neoyorquino por la bomba portorriqueña de Ismael Rivera, cuyas canciones, además, servirían de base para Peret y toda la rumba catalana.

Pero a pesar de estos detalles el resultado final es mucho más que digno y demuestra que la ficción nacional televisiva se está poniendo las pilas y alcanzando vuelo propio. Desde luego León no es tan ácido y brillante como Berlanga y Azcona pero tampoco tan naif como 'Cuéntame'. Aquí ya se han olvidado de las tramas para toda la familia, los niños y las cursilerías de manual. Paco León y Anna R. Costa pueden estar satisfechos y si hubiera una segunda temporada de la serie, con cambio de personajes incluido, sería una estupenda noticia.

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