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Crítica de 'Élite': las series españolas están de moda
(Foto: Netflix)

Crítica de 'Élite': las series españolas están de moda

miércoles 10 de octubre de 2018, 07:49h

Pocos imaginaban el éxito que tuvo el año pasado 'La Casa de Papel', tanto en España como en el extranjero. Tras un estreno relativamente discreto en 'Antena 3', la serie resurgió meses después y se dio a conocer a través de Netflix, que ha llegado a ordenar una tercera temporada de una historia con final cerrado. Por qué ciertos productos triunfan en streaming cuando no lo hacen en antena daría para otro artículo.

Aquí hemos venido a hablar de que, después de productos rentables como 'Las Chicas del Cable', 'Paquita Salas' o la ya mencionada 'La Casa de Papel', Netflix ha vuelto a apostar por la ficción española: ha llegado 'Élite'.

“Cuando tres jóvenes de clase obrera se matriculan en un exclusivo instituto privado, las diferencias entre ellos y los alumnos ricos darán lugar a un asesinato.”

Sinopsis de 'Élite'

Y así es, el punto de partida de “Élite” es la llegada de tres becados de clase obrera a un carísimo instituto privado, donde los roces entre los alumnos irán un paso más allá de los líos de faldas y uno de ellos será asesinado. La serie maneja dos líneas temporales al estilo de 'How to get away with Murder' o 'Big Little Lies': por una parte, un futuro cercano, el momento del crimen; por otro, un presente que ocupa la mayor parte de la narración. Las tramas del presente se van enmarañando hasta llegar a la noche del asesinato, donde todo encaja.

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A priori, otro folletín de instituto con tintes de drama criminal. Y... pues un poco sí. 'Élite' no pretende ser 'The Wire' o siquiera analizar en profundidad el sistema escolar español o hacer un retrato certero sobre el bullying. 'Élite' ha venido a darnos puro entretenimiento, disfrute con mayúsculas, gente guapa, cliffhangers y giros con los que desencajar la mandíbula y decir “uy uy uy, qué fuerte”.

¿Qué más ingredientes nos encontramos en el cóctel de 'Élite'? Un hermano ex presidiario, una relación a tres bandas, corrupción urbanística, conflicto racial y religioso, personajes abiertamente LGTB con arco argumental donde el conflicto no es su identidad sexual, muchas drogas, puestas de largo, chantajes entre profesores y alumnado, dinámicas de poder turbias y un tratamiento del VIH que ya le gustaría a muchos dramas supuestamente serios y formales. Y, como no podía faltar en una ficción adolescente, una cantidad de sexo apabullantemente inverosímil en comparación con el día a día de un chaval de instituto. Todo ello hilado con un guion más coherente de lo que podríamos pensar y dirigido con buen pulso durante ocho episodios de casi cincuenta minutos que se os pasarán como un suspiro.

Y aquí está parte del éxito de 'Élite': el maratón. Si os pasa como a mí (y como a buena parte de espectadores) no querréis parar de verla. Netflix suele apostar por temporadas de episodios iniciales pausados donde la información se da a cuentagotas pues cuentan con que el usuario maratoneará varios episodios seguidos y no quieren sobrecargarlo de información. Eso a “Élite” le da igual, pone toda la carne en el asador desde el primer episodio y no baja de marcha.

Drama, asesinato, culebrón, choque de clases, gente guapa y un ritmo obscenamente adictivo. ¿A qué esperáis para empezar 'Élite'?

Solo una cosa más: queridos directivos de Netflix, si me estáis leyendo, necesito la segunda temporada para antes de ayer.

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