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Crítica de la primera temporada de 'Watchmen': Máscaras fuera
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Crítica de la primera temporada de 'Watchmen': Máscaras fuera

martes 17 de diciembre de 2019, 17:18h

'Watchmen' ha sido una serie redonda en todos los sentidos, no menos importante en su configuración circular comenzando y terminando en el mismo cine de Oklahoma con el mismo personaje y un lapsus de 100 años, en el que Damon Lindeloff ha tomado prestado el mundo que Alan Moore y Dave Gibbons crearon, hace más de 30 años, para crear algo nuevo a partir de ello siendo totalmente respetuoso con el espíritu de la obra original.

El último episodio de la serie ha respondido satisfactoriamente a casi todas las preguntas, nos hemos enterado de quién era Lady Trieu y que quería exactamente, también de todos los planes de los supremacistas blancos, a la vez que ha cerrado de manera espectacular la historia de los que han sido sus tres principales personajes, Angela Abar/Sister Night, Cal Abar/Doctor Manhattan/Jon Osterman y Will Reeves/Justicia Encapuchada.

Es a través de este trío desde el que hemos tenido toda la perspectiva durante la serie, principalmente de Angela, una sensacional Regina King, pero también hemos visto como Lindeloff se apropiaba de dos personajes del cómic original y les daba un papel muy importante que les da una nueva profundidad. La serie ha comenzado a través de los ojos de Reeves, mientras ocurría una terrible matanza a cargo del Ku Kux Klan y nos ha puesto de nuevo en su piel, al igual que a Angela, cuando esta se tomaba las píldoras con sus recuerdos para ver cómo se convertía en el primer héroe encapuchado. Eso sí, después de tantos años Reeves da una de las grandes lecciones de esta serie, la justicia no puede venir de tipos cubriéndose el rostro con máscaras, el verdadero heroísmo llega a cara descubierta y hay más probabilidades de salir adelante escuchando a los demás y estando presente con ellos. Esa misma lección de que las máscaras solo pueden llevar al miedo y al odio le llega también al considerado hombre más inteligente del mundo, Adrien Veidt, también conocido como Ozymandias.

Otro de los principales temas de la serie es como puede lidiar EEUU con su complicado pasado racista, un racismo endémico al que es muy difícil combatir, sobre todo si se hace detrás de una máscara. Al final el Séptimo de Kaballería no ha sido tan importante como prometía el primer capítulo, pero sí lo ha sido el contexto de que el problema racial es uno de los que más pesan en la conciencia de los EEUU.

Lindeloff ha construído esta historia paso a paso, tomándose su tiempo y llenando los primeros capítulos de decenas de interrogantes, pero los ha sabido cerrar con brillantez y ha conseguido darle un toque personal a un material ajeno, apartándose de la copia y la adulación al material original para tomar decisiones arriesgadas y propias. Eso sí, no ha traicionado el espíritu de la obra y ha sabido sacar lo mejor de personajes prestados como Veidt, Manhattan o Laurie Blake, añadiendo otros tan fascinantes como aquellos, la propia Angela Abar o esa gran villana que ha resultado ser Lady Trieu, perfecta heredera de Veidt, cuyo final es una delicia ("Cualquier persona que busque obtener el poder de un Dios debe ser evitado a toda costa que lo consiga").

La serie, como no podía ser de otra forma con Lindeloff detrás, termina con un 'cliffhanger' (¿habrá heredado Angela los poderes del Doctor Manhattan?) pero puede ser tanto un final definitivo como un hasta luego. Está claro que no hemos de temer, como en el caso de Lady Trieu, que Angela vaya a utilizar esos poderes en beneficio propio, si algo nos ha demostrado esta serie y la relación entre Angela y Cal/Manhattan es que, puede que sea un ser humano con varios defectos, pero haga lo que haga no estará impulsada por la venganza o el odio, sino por el amor y el sacrificio. Y, tenga esos poderes o no, eso ya es algo.

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