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'Ana el once de marzo', una historia de amor en medio del cruel atentado

'Ana el once de marzo', una historia de amor en medio del cruel atentado

martes 22 de marzo de 2016, 09:52h

La Sala Margarita Xirgu del Teatro Español, acoge estos días la representación de ’Ana el once de marzo’, de Paloma Pedrero, dirigida por la propia autora junto a Pilar Rodríguez. El reparto lo componen María José Alfonso (La madre), Blanca Rivera (La esposa), Marta Larralde (La amante), Laura Toledo (Amina) y Ana Peinado (Julia). El texto llega al madrileño Teatro Español tras su paso por Londres, Nueva York, Atenas, Estambul o Praga, ciudades en las que ha sido representada por compañías locales.

Los personajes centrales del drama son tres mujeres que, curiosamente, tienen el mismo nombre, Ana. Ana es la madre de Ángel; Ana es también su mujer, y Ana se llama su amante. Y Ángel, que podría haber ido en esos trenes tal y como imaginó Paloma Pedrero, es una víctima de los atentados del 11-M, que hace ahora doce años sacudieron la vida de los más de cuatro millones de madrileños y, por extensión, de todos los españoles. Desde entonces nada ha sido igual en nuestras vidas y este es un tema extremadamente delicado que aún está muy lejos de digerir nuestra sociedad porque el varapalo asestado por el yihadismo a Occidente en la cabeza de miles de trabajadores madrileños (nativos y foráneos) fue durísimo. Con ‘Ana el 11 de marzo’, la dramaturga ha imaginado qué consecuencias personales pudo traer en las vidas de esas tres mujeres la muerte de Ángel, como símbolo de las muchas consecuencias que también trajo en las vidas de todos los afectados por el atentado.

El texto de Pedrero ha huido deliberadamente de la soflama política y en él no se formulan juicios contra o a favor del gobierno o del partido de turno, sino contra todo tipo de violencia terrorista, aunque lo fundamental es el amor de tres personas que quieren a un mismo hombre, de distintas formas, y que un hecho tan salvaje como los atentados del 11-M en Madrid, pone de manifiesto.

La escenografía del montaje (a cargo de Gracia Bondía, que se ocupa también del vestuario) marca tres espacios diferentes en los que está cada una de las tres Anas: la casa de la amante, el hospital donde su mujer aguarda noticias de los servicios médicos acerca de la suerte de su marido, y la habitación de una residencia donde está ingresada su madre, ya con principios de Alzheimer. Una iluminación (de Carlos Sañudo y Susana Romero) efectiva contribuye a centrar la atención en uno o varios de los espacios donde se mueven las tres protagonistas.

La amante es una joven guapa y deportista que lleva un año con Ángel. Se conocieron en un tren y el amor surgió de repente, a borbotones. Entre los dos hay una pasión desbordante. No para de llamar compulsivamente al móvil de Ángel dejándole mensajes desesperados para que dé señales de vida, y, a medida que pasan las horas, su nerviosismo se hace más y más evidente.

Ana, su mujer legal, aguarda noticias de su marido en un hospital, con un nerviosismo contenido y la intuición de que ha pasado lo peor, teniendo entre las manos una bolsa que contiene su ropa y su móvil. Quiere a su marido a pesar de que ha descubierto que tiene una amante. Allí, en la espera, está atenta a las más nimias señales que le den a conocer si su marido engrosa las listas de muertos o las de heridos. En esa misma sala de espera se encuentra con Amina, marroquí y madre de Abdulah, un joven de 16 años, que ese día había cogido el tren para ir a trabajar (¡preciosa y desgarradora esaescena en la que la mujer marroquícanta una tristísima canción en árabe, después de salir de la puerta 1 donde la habían llamado para ver a su hijo herido!). La relación entre las dos mujeres, frente a la barbarie perpetrada por los terroristas, es también sobrecogedora.

La madre de Ángel, ya mayor y con demencia senil, recuerda cuando se quedó embarazada, a los 39 años -y después de llevar intentándolo durante 15- un once de marzo, de un marido que tuvo varias amantes... Las intervenciones de María José Alfonso, que ya habla con la sinceridad de quien ya no tiene por qué guardar las formas, ni tiene razones para engañarse a sí misma, son muy celebradas por el público.

Las tres Anas conservan una americana de su Ángel, que siempre se las dejaba olvidadas, y agarrada a una de ellas la amante baila recordando a Ángel intensa, emotiva y desesperadamente, en una escena hermosísima.

Partiendo de un texto sencillo, sensible y cuidadoso hasta el extremo en el lenguaje, Pedrero y Rodríguez han conseguido montar un espectáculo hermosísimo y han logrado que las cinco actrices den de sí lo mejor de ellas. Puede verse a una María José Alfonso entrañable, instalada en el recuerdo como mejor antídoto para no hacer frente a la dura realidad; a una Blanca Rivera dolida y resignada la vez ante el fatalismo que le ha tocado vivir; a una Marta Larralde, que pasa de la despreocupación y la aventura, a la desesperación y el dolor más intensos; a una sorprendente y estupenda Laura Toledo que borda su papel como Amina, y a una tierna Ana Peinado, la enfermera, dispuesta a aliviar las penas de Ana-madre con un chupito de licor y unas pastillas que “dan la felicidad”, dosis a dosis.

Un montaje tan bello como necesario sobre una realidad durísima que, aunque nos tocó vivir a todos hace ya más de una docena de años, y que su solo recuerdo nos revuelve las entrañas, seguramente fueron las mujeres (trabajadoras, madres, esposas, amantes, hermanas, amigas…) quienes tuvieron que sufrir con mayor intensidad el golpe. El montaje, sin embargo, es una historia de amor llena de esperanza.

‘Ana el 11 de marzo’, de Paloma Pedrero

Dirección: Paloma Pedrero y Pilar Rodríguez

Intérpretes: María José Alfonso, Blanca Rivera, Marta Larralde, Laura Toledo y Ana Peinado

Espacio sonoro: David González

Teatro Español (Sala Margarita Xirgu), Madrid

Hasta el 10 de abril

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