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Los universos Despeyroux en 'La tentación de vivir'

Los universos Despeyroux en 'La tentación de vivir'

lunes 28 de marzo de 2016, 08:09h

No puedo, no quiero tampoco, ocultar mi pasión por Denise Despeyroux, la dramaturga hispano-uruguaya afincada hace ya algún tiempo entre nosotros. Hace muy poco, en estas mismas páginas de Diariocritico.com, he hablado de ‘Iliria’ y de ‘Ternura negra’, y hace ya unos cuantos meses de ‘Carne viva’, que fue mi primer contacto con el fascinante mundo Despeyroux. Y, para que no haya dudas, hoy le toca a ‘La tentación de vivir’ y mañana será el turno de ‘Los dramáticos orígenes de las galaxias espirales’.

Si hay que señalar algunas características comunes a todo el teatro de Despeyroux podrían ser su fantástica capacidad para los diálogos entre sus personajes, su inteligente sentido del humor, muchas veces basado en la paradoja, su irónica fascinación sobre el mundo de lo paranormal, y su mirada sobre la cotidianeidad de un tiempo como el nuestro, capaz de descubrir en él aspectos aparentemente marginales con los que luego, sin embargo, se siente identificado todo el público. Estos ingredientes, y algunos más tiene ‘La tentación de vivir, comedia trepidante, aparentemente descabellada, llena de tipos de hoy, y con un titulo de claras evocaciones hollywoodienses, que se viene representando hace ya unas semanas en los Teatros Luchana de Madrid.

‘La tentación de vivir’, montaje dirigido por Agustín Bellusci, está poblada de diez personajes contemporáneos, algo desnortados, un tanto inestables, pero cotidianos, reconocibles y cuyos rasgos podemos encontrar fácilmente entre muchos de nuestros próximos y conocidos, cuando no en nosotros mismos. Esa, la cercanía, es la clave para que el público no pare de reír y sonreír en una comedia de casi dos horas en donde los líos de vidas cruzadas de esos diez personajes tan verosímiles como estrambóticos no acaben por desvelarse hasta el mismo final de la obra…

Simple y complejo a la vez

Sobre el escenario, tan solo cinco sillas y una mesita que, a medida que se suceden las diez escenas, irán incorporando algunos elementos más, como un sofá de piel marrón, un colchón, y se irán moviendo las sillas para conformar otros espacios por donde discurre la acción (un avión, un quirófano, una consulta de un psicólogo un tanto despistado, un cementerio, las casas de algunos de los protagonistas, una comisaría...). Los personajes van apareciendo poco a poco y conformando el pequeño gran universo Despeyroux.

Una cirujana, virtuosa también del violín, viaja en avión a Boston a un congreso. Es Julieta, interpretada por Violeta Díez. A su lado se sienta Miguel (Luis Riera), un buen chico, que está perdidamente enamorado de ella, que forma parte de su círculo de amigos, pero al que no le presta mucha atención. Poco después, en una segunda escena, Clara (Laura Angulo) y Óscar (Miguel Bosch) llegan discutiendo a la consulta del psicólogo. Allí se encuentra Elsa (Mayte Franco) a la que ha abandonado su marido...

En un quirófano, Julieta está operando a un paciente que se muere (“la muerte no es una película y la vida tampoco”). Allí se encuentran también Òscar, de ayudante y Candela como anestesista, interpretada por Nuria Gallego. Y, a renglón seguido, en una nueva escena, en el cementerio se encuentran dos hermanos, Miguel y Clara, ante la tumba de sus padres. Ella le dice a su hermano que no es alcohólico, que no tiene desórdenes alimenticios y que no práctica sexo... Llega hasta la tumba de su padre Irina (Soledad Caltana), una argentina que lleva consigo flores, un cinturón, un cuchillo y un bote de miel...

En una nueva vuelta de tuerca al absurdo y lo inesperado, la comedia presenta a Miguel junto a dos chicas que son una pareja de lesbianas que viven juntas, Vero (Lucía Casado) y Claudia (Lara Díaz de Sonseca). Miguel va a terapia una vez a la semana. Las chicas, una vez al mes. Claudia hizo Magisterio pero ahora está haciendo voluntariado social en una comisaría… Y acto seguido, la acción se traslada a la consulta del psicólogo, Rodrigo (Eloy Noguera Atienza), que atiende a su amiga Candela. Él la psicoanaliza a ella gratis y ella, por intercambio, aparte de ser anestesista, echa las cartas del tarot y le va indicando el tratamiento a las pacientes de Rodrigo, pero él confunde esos tratamientos y los aplica equivocadamente a otras pacientes...

Avanza la historia y las dos chicas lesbianas están en su casa, con Claudia acostada y llega Vero, que no para de chatear con Óscar. Mientras, después, Elsa, la mujer abandonada que quiso suicidarse, está en su casa bebiendo y tomando somníferos, cuando llaman a la puerta un hombre y una mujer, Vero y Óscar, para venderle un plan de criogenización... Vero y Óscar se aman...

En casa de los hermanos Miguel y Clara, la chica toca la canción de ‘Titanic’ con la flauta travesera. Irina, que también toca la flauta, se declarará a Clara… Y, por último, Candela está en la comisaría tratando de poner una denuncia. Le toma nota Claudia que trabaja allí. Candela no sabe si ponerla o no por agresión (tiene un ojo morado) o dejarla pasar poque puede ser consecuencia de “una mala praxis en una relación sexual”... Llega Elsa, y tras ella irán apareciendo todos los personajes, que irán descubriendo de verdad todas sus relaciones, sus mentiras, sus frustraciones,... Y sus ganas de vivir…

Y después de decir todo esto, seguro que hay quien ha puesto ya una ampliación de mi foto sobre corcho para entrenar en el juego de los dardos y crucificarme como eso que llaman ahora spoiler, en una nueva acuñación de anglicismo cursi y esnob. No importa. Ya sé que idiotas hay en todas partes, y en el teatro no va a ser menos. ¡Ni que el teatro se redujese a resumir una historia, por muchas o muy intrincadas aristas que contenga! Cualquier buen aficionado sabe que pueden verse mil versiones de cualquier obra de Shakespeare, de Calderón o de Lorca, o del ‘Don Juan Tenorio’ de Zorrilla, me da igual, y disfrutar y sorprenderse con cada una de ellas, aún conociéndose el texto íntegro de todas ellas. Más aún: mayor disfrute a mayor conocimiento previo del texto de la obra. El texto es solo la base del montaje, pero en este son muchos otros aspectos(dirección, escenografía, sonido, luz, movimiento y, sobre todo, la actuación del elenco -voces, gestos, miradas, silencios, etc. incluidos-), imposibles de describir en una crítica…

Para terminar, hay que subrayar también que detrás del montaje (por cierto, “de encargo”, pero eso aún engrandece más el resultado) está Estudio 3, una escuela de actores, para quien Despeyroux escribió esta comedia a medida, para estos diez jóvenes y estupendos actores salidos de sus aulas. La dirección es de Agustín Bellusci (fundador y director de la escuela, y actor en ‘Carne Viva‘), que en este montaje da una estupenda muestra de los resultados académicos obtenidos en ella.

‘La tentación de vivir’, de Denise Despeyroux

Dirección: Agustín Bellusci

Intérpretes (Compañía Estudio 3): Laura Angulo, Miguel Bosch, Soledad Caltana, Lucía Casado, Lara Díaz de Sonseca, Violeta Díez, Mayte Franco, Nuria Gallego, Eloy Noguera Atienza y Luis Riera

Escenografía y Vestuario: Mónica Florensa

Preparación Vocal: Miguel Ángel Corpas

Diseño, Fotos: Juan Valero

Técnico luz y sonido: Eduardo Campón

Una producción de Estudio 3

Teatros Luchana

Hasta el 31 de marzo

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