Los principales bancos centrales europeos reforzaron ayer un mensaje claro de pausa y cautela. El BCE mantuvo los tipos en el 2% y revisó al alza su escenario macroeconómico, elevando el crecimiento previsto para 2025 al 1,4% desde el 1,2% anterior y manteniendo un avance del 1,2% en 2026, con una aceleración hacia el 1,4% en 2027 y 2028.
En inflación, el banco sigue anticipando registros por debajo del 2% en 2026 y 2027 antes de volver al objetivo en 2028, aunque revisó al alza la inflación subyacente, reflejando la persistencia de las presiones salariales y en el sector servicios. Este ajuste eleva el listón para cualquier movimiento adicional y desplaza el foco hacia la duración de la pausa más que hacia el siguiente paso.
En el Reino Unido, el Banco de Inglaterra recortó los tipos en 25 puntos básicos hasta el 3,75%, pero lo hizo con una votación muy ajustada que puso de manifiesto la fragilidad del consenso interno. Aunque la inflación ha sorprendido a la baja y la actividad muestra signos de estancamiento, el mensaje fue inequívoco: el margen para seguir relajando la política monetaria es limitado y dependerá de una moderación más clara del mercado laboral y de los salarios.
El mercado interpreta que 2026 será un año de ajustes muy graduales, no el inicio de un nuevo ciclo de estímulos. Este tono prudente se extiende a otros bancos centrales, como los de Noruega y Chequia, que mantuvieron los tipos sin cambios y reiteraron que la inflación aún exige una política monetaria relativamente restrictiva.