La sesión de ayer estuvo marcada por un brusco reajuste de expectativas en los mercados globales tras la nominación de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal. El movimiento se reflejó de forma inmediata en los activos más sensibles al sesgo monetario: las materias primas registraron una liquidación intensa, con caídas históricas en el oro y la plata, amplificadas por el endurecimiento de los requisitos de margen en los futuros de metales preciosos negociados en el CME. Este ajuste financiero se produjo, sin embargo, en un contexto de mejora del ciclo real. En Estados Unidos, el PMI manufacturero del ISM sorprendió al alza en enero, volviendo a terreno expansivo por primera vez en un año, impulsado por un fuerte repunte de los nuevos pedidos. Aunque persisten presiones en los precios de los insumos y tensiones en las cadenas de suministro ligadas a los aranceles, los datos apuntan a una demanda más sólida de lo previsto.
En el plano global, las encuestas de actividad apuntaron a una recuperación gradual del sector manufacturero, liderada por Asia, mientras que en la zona euro la producción volvió a crecer pese a que el índice general permanece en niveles de ligera contracción. En este contexto, la atención del mercado se desplaza ahora hacia la reunión del Banco Central Europeo del jueves. El reciente fortalecimiento del dólar tras los sólidos datos estadounidenses añade un elemento adicional de complejidad al mensaje del BCE.