Esta semana coincide una concentración poco habitual de decisiones de política monetaria de varios bancos centrales. Entre todos ellos destacan por su significación la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y el Banco de Japón en un momento especialmente complejo para la economía global. Aunque no se esperan cambios inmediatos en los tipos de interés, el foco del mercado estará en el tono de sus mensajes y en cómo interpretan el equilibrio entre inflación y crecimiento.
En las últimas semanas el mercado había comenzado a descontar una relajación monetaria gradual. Sin embargo, el repunte de los precios de la energía y el aumento de las tensiones geopolíticas han introducido un nuevo elemento de incertidumbre. Los bancos centrales deberán valorar hasta qué punto este shock energético puede trasladarse nuevamente a la inflación y retrasar el proceso de recortes de tipos. Este debate se produce en medio de la tensión en el estrecho de Ormuz, que ha impulsado al alza el precio del petróleo y ha devuelto la energía al centro de las preocupaciones macroeconómicas.
En este contexto, los datos macroeconómicos publicados al inicio de la semana ofrecieron señales mixtas. En Estados Unidos, la producción manufacturera avanzó moderadamente y la confianza del sector de la construcción mostró cierta mejora, mientras que en Canadá la inflación de febrero se moderó más de lo previsto.