La intensificación del conflicto en Oriente Medio ha alterado de forma sustancial el marco de referencia de la política monetaria, desplazando el foco desde los riesgos de baja inflación hacia posibles tensiones inflacionarias derivadas del encarecimiento energético. En este contexto, hoy finaliza la reunión de la Reserva Federal en la que se espera que mantenga los tipos en el rango 3,50%-3,75%. Además, la semana está marcada por las decisiones de los principales bancos centrales. Ayer fue el turno del Banco Central de Australia, que elevó los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta el 4,10%, ante el riesgo de un repunte de la inflación. El encarecimiento del petróleo y la amenaza de disrupciones en las cadenas de suministro introducen un sesgo alcista en los precios que, aunque previsiblemente transitorio, complica la evaluación del equilibrio entre estabilidad de precios y crecimiento económico.
Este cambio de entorno también se refleja en el plano geopolítico global, donde la escalada bélica ha relegado temporalmente iniciativas diplomáticas clave entre las principales economías. La postergación de encuentros bilaterales de alto nivel entre Estados Unidos y China añade incertidumbre a unas relaciones comerciales ya tensionadas, al tiempo que refuerza la atención de los mercados sobre la seguridad energética y las rutas de suministro. El aumento de los precios del crudo y los riesgos asociados al estrecho de Ormuz actúan como catalizadores de volatilidad, condicionando tanto las perspectivas inflacionarias como de crecimiento económico.