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'Is This the Life We Really Want?' de Roger Waters: Pink Floyd en los tiempos de Trump
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'Is This the Life We Really Want?' de Roger Waters: Pink Floyd en los tiempos de Trump

Roger Waters siempre ha explorado la política con un enfoque muy 'orwelliano', desde los tiempos de 'Animals' todos los discos de Pink Floyd fueron en esa dirección, así que era normal que en estos tiempos de Trump, Brexits, ataques de drones y crisis de refugiados, el bajista saliera de su semiretiro, 25 años sin publicar un disco, para volver con 'Is This the Life We Really Want?', su disco en solitario que más recuerda a su ex banda y, posiblemente, también el mejor sin sus ex compañeros.

No todo son aciertos en el disco y uno esperaría que, tras 25 años, un compositor de su talla volviera con un disco mucho más redondo pero, aun así, aquí hay suficientes placeres como para celebrar su vuelta. Waters suena cabreado y amargado, pintando un escenario casi apocalítico. Como se vio en sus últimos conciertos no está contento con la pinta que está cogiendo el mundo, un mundo al que no ve demasiada esperanza, lleno de gente que prefiere "la abundancia a la libertad" y gobernada por "líderes sin un puto cerebro".

Musicalmente Waters se ha alíado con Nigel Godrich, productor de Radiohead, que le ha rodeado de pianos, guitarras acústicas y arreglos de cuerda que invitan a la comparación con la última etapa de Pink Floyd, la que va de 'Animals' a 'The final cut', el disco con el que guarda mayor relación. 'Deja vu' abre el disco y crea el tono que acompañará al resto del disco, es una gran canción, calmada y amarga como en los mejores tiempos de Waters. Musicalmente trae a la memoria glorias pasadas como 'Mother' o 'Pigs on the Wing'.

'The last refugee' es sinfónica, construida sobre unos simples acordes de piano y una batería que recuerda al 'Five years' de Bowie. 'Picture that' es la más contemporánea, aunque sigue recordando a los Floyd, y es en la que más se nota la mano de Godrich, es su ataque más feroz a Trump. 'Broken bones' es una buena balada con un bonito arreglo de cuerdas. La canción titular vuelve a arremeter contra el presidente de los EEUU en la letra, musicalmente vuelve a notarse la mano del productor con una canción que podría haber firmado Radiohead. 'Bird in a gale' cuenta con unas guitarras saturadas que rompen el tono sombrío del disco pero suena a descarte de 'The Wall'. 'The most beautiful girl' y 'Wait for her', la mejor canción del disco junto a 'Deja vu' y 'Smell the roses', son pruebas evidentes de lo gran compositor que es Waters pero son demasiado similares a las otras baladas del disco. 'Smell the roses' es uno de los pocos cambios en el tempo del disco, siendo una de las pocas canciones que rompen con los medios tiempos y las baladas, a la mitad de la canción, se paran y vuelven esos relojes tan 'floydianos' hasta dar paso a un puente instrumental en el que no habría venido nada mal David Gilmour, a pesar de que Jonathan Wilson tampoco está mal, sobre todo si tenemos en cuenta que suena como una mezcla entre 'Have a cigar' y 'Pigs (three different ones)'.

En definitiva, un buen disco que contentará a los fans pero que puede que no cumpla del todo las expectativas, sobre todo si tenemos en cuenta al autor, uno de los grandes compositores de todos los tiempos, y el tiempo que ha tenido para prepararlo. Y es que 25 años dan para mucho, diga lo que diga Carlos Gardel.

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