www.diariocritico.com
Festival de San Sebastián

Festival de San Sebastián

Vuelven a San Sebastián cineastas de todo género y nacionalidad. En estos últimos días de septiembre se está celebrando, como cada año desde 1953, el multitudinario reencuentro internacional de cine que tendrá lugar en la ciudad vasca hasta el 26 de septiembre, cuando el colombiano Rodrigo García clausure el festival con Mother and Child, una película de elecciones, oportunidades perdidas y la relación irrompible que existe entre madre e hijo.

A la orilla de la Playa de la Concha, un nombre que podría dibujarle una sonrisa a más de uno de los que por allí se pasean con su cinta bajo el brazo, se celebra la 57 edición del Festival de San Sebastián, una de las citas cinematográficas más prestigiosas del mundo. Se proyectan y concursan películas provenientes de todo el globo, pero la producción latinoamericana, como de costumbre,  cuenta con una atención especial: Horizontes Latinos es el espacio reservado al cine del subcontinente americano, “siempre ha sido un pilar importante en San Sebastián, es ahora reconocido como uno de los focos de creatividad más importantes del mundo, y así queda reflejado en la selección”, considera la organización.

México y Argentina se llevan la palma. De las 13 películas que componen este espacio, en nueve han participado alguno de los dos países: son las cinematografías con mejor salud de la región en la actualidad. El director californiano Cary Joji Fukunaga inauguró la sección con su filme Sin Nombre, el viaje de una adolescente hondureña que decide emigrar a Estados Unidos y su paso por México. Pareciera una historia más del drama humano que se vive en zonas empobrecidas del planeta, pero Joji explica que “no es precisamente una denuncia: yo quisiera que la gente saliera del cine con empatía hacia esas personas que hasta ahora eran sólo artículos de periódico”.

Este filme es fruto de una coproducción entre México y Estados Unidos. Resulta difícil encontrar una película producida por un solo país latinoamericano; la falta de fondos o el logro de los mismos se obtiene a través de subvenciones regionales que obligan a las productoras a unirse para existir y trabajar.

Que las coproducciones están a la orden del día se advierte en la lista de películas que compiten en Horizontes Latinos: con participación mexicana, Daniel y Ana, de Michel Franco (México-España); Marea de Arena, de Gustavo Montiel Pagés (México-Argentina); El Árbol, de Carlos Serrano (España-México) y Perpetum Mobile, de Nicolás Pereda (México-Canadá). La Invención de la Carne, de Santiago Loza; El último verano de La Boyita, de Julia Solomonoff y Francia de Israel Adrián son, las tres, las representantes del cine argentino.

Además de éstas, compiten en la sección Contracorriente, de Javier Fuentes-León (Perú-Colombia-Francia-Alemania); Gigante, de Adrián Biniez (Uruguay); Los Viajes del Viento, de Ciro Guerra (Colombia-Argentina-Alemania-Holanda); Huacho, de Alejandro Fernández Almendras (Chile-Francia-Alemania) e Ilusiones Ópticas, de Cristián Jiménez (Chile).

La pujanza del cine latinoamericano

La presencia del cine latinoamericano en este y otros festivales internacionales es cada vez mayor. En San Sebastián las películas sudamericanas no sólo participan en la sección exclusiva dedicada a Latinoamérica, sino que lo hacen en todas las categorías del festival. Pero, ¿qué significa cine latinoamericano? ¿Qué se espera de él? Poco a poco, los estereotipos se disuelven y da la sensación de que la idea que se reproduce en las ‘entendederas colectivas’ cuando se oye hablar de este cine cada vez lleva menos aparejado el concepto de penurias humanas, favelas o cumbia.

El percepción está cambiando, los cineastas latinoamericanos no buscan sólo el compromiso o la denuncia social, también cuentan historias cotidianas o fantásticas, se expresan más allá del narcotráfico, los mariachis, indígenas y revolucionarios varios. Los temas son tan diversos como los de otros continentes, con su toque distintivo por engendrarse en tal lugar, pero la evidencia de su seña no los convierte en inconfundibles.

Otra sección del festival donostiarra en la que se aglutinan películas latinoamericanas es Cine en Construcción. Su finalidad es, en colaboración con el festival de Toulouse, donar ayuda para que sea posible la finalización de largometrajes de ficción latinoamericanos que no cuentan con recursos suficientes en su posproducción. Cine en Construcción celebra ahora su 16 edición y la participación no para de crecer. Compiten este año en San Sebastián dos filmes uruguayos, Norberto Apenas Tarde y La Vida Útil, A Tiro de Piedra (México), Agua Fría de Mar (Costa Rica-Francia), Lucía (Chile) y Rompecabezas (Argentina).

Existe en San Sebastián un espacio dedicado a jóvenes promesas: Zabaltegi-Nuevos Directores. De las 14 propuestas –que suponen la primera o segunda obra para el director- tres tienen sello latinoamericano: El Cuarto de Leo es la ópera prima del uruguayo Enrique Buchichio, que aborda un tema tan común –aunque pionero en la producción cinematográfica su país- como es la homosexualidad: Leo está en plena crisis de aceptación y alguien hará que nos cuestionemos las perspectivas: qué merece de veras un duelo. 77 Doronchip de Pablo Agüero (Francia-Argentina) cuenta la convivencia obligada de una francesa a punto de parir con un viejo bohemio argentino a punto de morir. Rigoberto Perezcano, en Norteando (México-España), trata la relación de tres personajes y una frontera, la que divide EEUU de México.

Juan José Campanella ha pasado a la Sección Oficial con El Secreto de sus Ojos. El director que fuera nominado al Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa por El Hijo de la Novia (2001) y después de varias películas, compite este año con una de las 18 películas inéditas seleccionadas entre la mejor producción de todos los países que competirán por la Concha de Oro. Así, el reconocido actor argentino Ricardo Darín protagoniza dos filmes que participan en esta sección: el segundo es El Baile de la Victoria, de Fernando Trueba -éste sí ganó el Oscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa por Belle Époque (1992), además del Oso de Plata en el Festival de Berlín por El año de las luces (1986)-, que, además, se desarrolla en Chile, tras la dictadura, cuando se decreta una amnistía general para los presos sin delitos de sangre.

Igualmente, la sección Made In Spain recoge también parte de la historia de Latinoamérica fuera de sus fronteras: La Pérdida es un documental codirigido por Enrique Gabriel y Javier Angulo en el que recoge el testimonio de diez argentinos que se exiliaron a causa de la dictadura militar y reflexionan también sobre la imposibilidad del regreso: “Varios de ellos cuentan que han querido volver a Argentina, pero ya nadie los esperaba, no había sitio para ellos y eso supone una doble pérdida”, cuentan los directores.

Lo más difícil está por llegar: la distribución de estas películas. Si bien no es un problema exclusivo de la cinematografía latinoamericana, sí encuentra en muchas ocasiones mayor dificultad para colocarlas en los circuitos de cine comercial del mundo. No todas las cintas tienen las mismas posibilidades, a pesar del esfuerzo del festival por encauzarlas en este difícil mercado: el Festival de San Sebastián creó el año pasado ‘European Distributors: Up Next!’ con el objetivo de fomentar la distribución transnacional de películas europeas. Una iniciativa así en versión latina sería deseable.

 

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios