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Corral de comedias

Lorca, 80 años después, en el Teatro Español

Lorca, 80 años después, en el Teatro Español

lunes 17 de marzo de 2014, 17:44h
La  Compañía Tribueñe, de la mano  de su  alma mater, Irina Koberskaya, ha llevado a las tablas del Teatro Español de Madrid  "La casa de Bernarda Alba", uno de los  emblemas dramáticos de Federico García Lorca.
Tribueñe   viene desarrollando  un  trabajo  encomiable desde hace  una década  en su pequeña sala alternativa situada en las proximidades   de la madrileña  plaza de toros de las Ventas y, acaso  por eso mismo, por  lorquiana, por española y por  típica y tópica, esta versión  de  Bernarda Alba  está repleta  de  recursos   alusivos a la España profunda:  sonidos  de  bandas, trompetas y tambores,  procesiones,  riguroso luto, abanicos  y, sobre todo, el fogonazo  de Adela, la pequeña de las hijas de Bernarda Alba, que en un gesto   apasionado  y desesperado, lanza  al aire  y deja a sus pies  un  largo  trozo de  lienzo rojo,  que recuerda  el capote  taurino, como gesto desafiante  a la madre  y al mundo, para  proclamar a los cuatro vientos  que  ella, y no su hermana   mayor, Angustias, es la verdadera mujer  de Pepe el Romano.

Recordemos que  Bernarda Alba, tras quedarse viuda, cierra  a cal y canto  las puertas de su casa, habitada únicamente  por mujeres  (ella misma, sus hijas, su madre y dos sirvientas  más) con el declarado  y firme propósito de no volver a abrirlas  hasta  8 años  después, cuando   se haya pasado el luto que impone la costumbre de la época. Esa circunstancia, la juventud  de sus hijas  y que, como siempre se ha dicho, no se le pueden poner  puertas al campo, desencadenan  la tragedia  en la que  -como no puede ser de otro modo- hay un hombre , Pepe el Romano, novio por interés de Angustias, hija del primer marido de Bernarda, pero  que se encapricha  de Adela, la menor  de las hermanas, que no está dispuesta  tampoco a renunciar a él, de ningún modo, y lleva  ese sentimiento  hasta la muerte.
 
Lorca escribió  el drama  en los años 30 del siglo pasado  para denunciar, aunque  de forma  poética, la hipocresía, el rigor, la dureza y  la verdad descarnada  de la España profunda  que, poco después, acabaría enfrentándose  de forma fratricida  y llevando  a la tumba  al mismo  poeta granadino. Un  asunto que, aunque   no esté  fuera del folklorismo, no es precisamente el aspecto  esencial  de la obra  y en el que, sin embargo, inciden   en exceso -a nuestro juicio- Irina Kouberskaya y Hugo Pérez de la Pica, directores de la obra.
 
Son  casi innumerables  las versiones  que se han montado   de la obra de García Lorca,  razón  por la cual  este empeño  de  los padres de Tribueñe   merece  más que respeto, pero  esto implica también un riesgo  extremo porque    despierta   en  el   espectador  la memoria  reciente, que la traslada   a Las Naves del Matadero   para recordar como en 2009   y en  versión de  Lluis Pasqual, Nuria Espert y Rosa María Sardá  dieron vida a Bernarda y a Poncia, respectivamente. O como  un año después, en  el Español,  la sevillana Pepa Gamboa llevó a ocho gitanas chabolistas al escenario. O como un poco más  atrás, en 1998,  María Jesús  Valdés (Bernarda) y Julieta Serrano (Poncia),  dieron vida  también a estos personajes lorquianos en el María Guerrero, sede del CDN, dirigidas por Calixto Bieito.  O la transgresora  encarnación, en 1976  (Teatro Eslava),  de la figura de Bernarda  por Ismael Merlo, bajo la dirección de Ángel Facio.
 
Un drama,  en fin, a nuestro juicio, el recreado por  Irina y Hugo, con  excesos de simbolismo  y  falta de naturalismo   que se salva   por el excelente trabajo  de las actrices Irina Kouberskaya (Mª Josefa, madre de Bernarda), Carmen Rodríguez de la Pica (Bernarda), Badia Albayati (Adela), Alejandra Navarro (Angustias), Matilde Juárez (Martirio), Rocío Osuna (Magdalena), Irene Polo (Amelia), Mª Luisa García Budi (criada), Enriqueta Sancho (vecina),  y,  en especial, de  Chelo Vivares, actriz que encarnó a Espinete  -personaje principal de Barrio Sésamo-, la famosa serie de TVE de los años 80,  y que da  vida  a una Poncia    también  memorable  y más que creíble.


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