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'Mierda de artista', un musical  fresco y divertido  en los Teatros del Canal

'Mierda de artista', un musical fresco y divertido en los Teatros del Canal

miércoles 04 de junio de 2014, 19:19h
En  1963,  cuando solo  tenía  30 años,  moría  Piero  Manzoni, un artista italiano que revolucionó  la concepción  del arte y, con su actitud, llegó a   tambalear los cimientos   teóricos  sobre los que  se sustenta. Hasta tal punto quiso poner  en un brete a todos los elementos  necesarios  para  la subsistencia  del arte   (artistas, marchantes, compradores  y estudiosos) que, con su actitud, obligó a  reflexionar  acerca de sus fundamentos, al llegar  a firmar con las huellas dactilares de sus pulgares unos huevos duros que se comieron los asistentes a una galería de arte, y en otra firmando en los cuerpos desnudos de personas (con certificado de autenticidad), porque  con ese gesto los convertía en obras de arte. Pero su mayor provocación fue meter sus propias heces en noventa latas de metal, etiquetadas bajo el título «Mierda de artista».

Sin salirse  del  ámbito de lo escatológico, "Si  el arte es una mierda, la mierda  es  también arte". Este  ha sido  el  punto de partida, el motivo de inspiración  que ha   levantado un musical  del mismo nombre escrito por  Ferrán GonzálezJoan Miquel Pérez y dirigido por Alicia Serrat, que estos días se representa en  los Teatros del Canal.

Además de  Ferrán González y Joan Miguel Pérez  -quien, además, integra la banda  que toca  en directo durante todo el musical, junto a Eloi López y Paco Weht- están también sobre el escenario Gemma Martínez, Xenia Reguant, Frank Capdet y Nanina Rosebud.

En  "Mierda de artista", a través de un  humor fácil, sencillo  pero    eficaz   y con una partitura pegadiza, los autores  han  conseguido  construir un musical       entretenido, divertido y  correcto, en la interpretación dramática,  y  brillante en su parte  musical.

Un libreto  que mueve a la  risa con mucha facilidad, en un tema   -el de la naturaleza del arte- que  da  y para mucho, en el terreno intelectual del que han huido deliberadamente  sus autores. No así de  otros factores  que   también están presentes   en torno  al artista: intereses,  frivolidad,  dinero,vanidad ...

Los  actores  y cantantes,  con grandes voces   conjuntadas  y armónicas,  despertaron  varias veces los aplausos  del público, especialmente en la segunda parte, que,  como es natural,    elevó el tono   de la historia  y  llenó de  emoción  la Sala Verde de los Teatros del Canal.

En todo caso, el público asistente a la función sale la mar de satisfecho  por haber pasado casi dos horas y media  de   sonrisas, provocadas por un  humor   fresco, explícito y  eficaz, integrado con  música en directo  a lo largo de toda la obra,   escenas y coreografía  que   llegaron muy pronto al público.

Sin la profusión  de  lo escatológico,   la efectividad   del mensaje  probablemente  no calaría tanto entre  un público  mayoritariamente joven  que llena  las salas de los Teatros del Canal. Una  situación, por cierto,  muy frecuente  en  las salas  que dirige  Albert Boadella, motivado por  la variedad de  la programación, en primer lugar, y, en segundo,  por  la  diversidad de  descuentos  a los que   tiene acceso  prácticamente todo tipo de público  para acudir   a   cualquier espectáculo  programado  en ellas.

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