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'Los hermanos Karamázov' y la perversidad del ser humano, en un montaje grandioso de Gerardo Vera

'Los hermanos Karamázov' y la perversidad del ser humano, en un montaje grandioso de Gerardo Vera

miércoles 25 de noviembre de 2015, 14:04h

‘Los hermanos Karamázov’ es, junto a ‘Crimen y castigo’, ‘El idiota y ‘El jugador’, una de las novelas más importantes de Fiódor Mijáilovich Dostoievski (1821-1881), novelista realista ruso, uno de los más importantes de la literatura universal, que escudriñó con todas ellas en lo más profundo de la mente y el alma humanos, y cuya obra narrativa ha ejercido una profunda influencia en todos los ámbitos de la cultura moderna.

Ahora, el Centro Dramático Nacional ha subido al escenario del Teatro Valle Inclán la adaptación al teatro de ‘Los hermanos Karamázov’, bajo la dirección de Gerardo Vera, que ha partido de la adaptación de José Luis Collado, que ha llevado a cabo la titánica tarea de condensar las aproximadamente 1000 páginas en un texto de 80 en donde queda recogida toda la peripecia familiar de los Karamázov, que es donde se centra el foco de la adaptación, eliminando todas las referencias historicistas y de ambiente social de la novela.

Todas las novelas de la última etapa de Dostoievski -y, desde luego, también la que ha dado origen a esta adaptación teatral- pueden considerarse como precursoras del surrealismo y el existencialismo que irrumpieron en la literatura del siglo XX. Por ellas transitan en tropel los grandes temas que afectan al hombre, y tratados con la profundidad y la pasión que el novelista ruso supo plasmar con habilidad para traducir a palabras sus análisis psicológicos y sus puntos de vista filosóficos.

Novela y adaptación teatral cuentan una historia de misterio sobre un parricidio, el asesinato de Fiódor Karamázov (encarnado aquí magistralmente por Juan Echanove), un hombre déspota, cruel y oscuro (“no hay nada más dulce que el vicio”, dice), que será asesinado en un crimen en el que de una u otra forma están implicados sus cuatro hijos.

Las tensiones familiares están detrás del espantoso crimen (“los Karamázov no vivimos, quemamos la vida” dice el padre a Iván), el enfrentamiento directo entre los tres hermanos Karamázov: el intelectual escéptico, Iván; el pasional hombre de acción, Dimitri, y el bondadoso novicio de un monasterio, Alekséi. Los tres hermanos son los símbolos metafísicos del cuerpo, la mente y el espíritu, que se baten en el interior de cada ser humano para conformar su ser, su personalidad.

Hay un cuarto hermano, solo de padre, llamado Smerdiakov, fruto de la fogosidad del padre con una mujer prostituta de la que había abusado en un camino tras una larga noche de farra y borrachera, que tendrá también un papel determinante en el desenlace de la tragedia. Smerdiakov, sin embargo, es tratado por todos -padre e hijos- como un siervo y es destinado siempre a realizar las labores más ingratas de la casa de los Karamázov. De hecho, es él mismo el primero que aparece en escena recogiendo la basura esparcida por la casa familiar…

En las relaciones, las discusiones y los pensamientos de todos los hermanos y en la relación con su padre y con las dos mujeres que irrumpen en su vida, Katerina y Grúshenka, afloran todos los temas que preocupan al autor: la lucha entre el bien y el mal, el valor supremo de la libertad y del individuo, Dios, la moral, la religión, la culpa, el pecado, la política, la economía, el amor, el deseo, el remordimiento, la sospecha, el perdón y el castigo.

Pero Dostoievski deja también un atisbo de esperanza en el hombre porque , en la última escena, el hermano menor, Alekséi -el novicio- recuerda su infancia con su padre y sus dos hermanos jugando y se dice a sí mismo que “a vida siempre es el principio de algo, siempre es el principio”…

Un montaje grandioso

La obra dura más de tres horas y está dividida en dos partes con una pausa de diez minutos. El espacio elegido es sencillo, pero está constantemente transformándose con ayuda de la iluminación (a cargo de Juan Gómez Cornejo) y el espacio sonoro (del que se ocupa Luis Miguel Cobo), que tienen un papel decisivo en la creación y recreación de todas las atmósferas en que discurre la obra: la casa de los Karamázov, el jardín, el monasterio, la prisión, el juzgado, la casa de Grúshenka, el hotel Mokroie o el velatorio del padre… La conjunción de todos estos elementos son especialmente hermosos en las escenas de la estación cuando el tren parte de nuevo después de haber llegado Katerina, o el monasterio del Padre Zosima, donde pretende ingresar el menor de los hermanos, o el tribunal que va a juzgar a Dimitri como autor de la muerte de su padre…

La interpretación de todo el elenco es portentosa. Juan Echanove demuestra una vez más que es un actor clave y que su sola presencia basta para justificar un montaje. Encarna a un Fiódor Karamázov violento, caprichoso, sádico y payaso que ha sembrado el odio a su alrededor, y que ha encontrado en la humillación constante de los demás el norte de su vida.

Junto a Echanove, sus cuatro hijos destilan la fuerza de la ambición, el odio, la pasión, la bondad y la rabia. Ellos son Óscar de la Fuente (Smerdiakov, el hijo bastardo), Fernando Gil (Dimitri, el militar), Markos Marín (Iván, el filósofo)y Ferran Vilajosana (Alekséi, elmonje).La parte femenina del reparto recae en Lucía Quintana (Katerina), Marta Poveda, (que interpreta a Grúshenka, la prostituta de la que se enamoran Fiódor y Dimitri), y Antonia Paso (tía de Katerina y criada de Grúshenka) están también estupendas, así como el resto del elenco, que lo conforman Antonio Medina, Chema Ruiz, Eugenio Villota y Abel Vitón.

Los personajes tienen movimientos oscilantes y están muchas veces casi rozando la felicidad, mientras que en otros momentos el mal, poco a poco, se va colando por los resquicios de sus almas y se apodera finalmente de ellas.

El montaje de Gerardo Vera, en fin, es grandioso, espectacular e imprescindible y, desde luego, tanto la adaptación como la interpretación y la escenografía (del propio Gerardo Vera), el vestuario (de Alejandro Andújar), la luz, el sonido y el vídeo (de Álvaro Luna) son aspectos a los que no solo no se les puede poner ningún pero, sino que, muy al contrario, conforman en su conjunto una obra de arte hermosísima que ningún buen aficionado al teatro debería perderse. Lo que no conviene es dormirse en los laureles porque mediados de enero llega mucho más rápidamente de lo que parece…

Los hermanos Karamázov’, de Dostoievski, en versión de José Luis Collado

Dirección y escenografía: Gerardo Vera

Con Juan Echanove, Óscar de la Fuente, Fernando Gil, Markos Marín, Antonio Medina, Antonia Paso, Marta Poveda, Lucía Quintana, Chema Ruiz, Ferran Vilajosana, Eugenio Villota y Abel Vitón

Centro Dramático Nacional. Madrid

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