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'El sepelio', de Heidi Steinhardt
'El sepelio', de Heidi Steinhardt

'El sepelio', un drama camuflado de comedia

jueves 04 de febrero de 2016, 16:32h

No, la cosa no va de muertos. Al contrario, en ‘El sepelio’, un texto escrito y dirigido por la argentina Heidi Steinhardt, una madre (Zulema)y sus tres hijos (Alfredo, Pedro y Coyi)están muy vivos y, como es natural, nunca han podido escapar a ese conflicto permanente que es el núcleo familiar. Zulema, la madre, ha invitado a sus tres hijos a desayunar (“es más barato que una comida”, les dice), para hablarles, en teoría, de cómo deben actuar cuando ella muera. Está escandalizada por la actuación de los hijos de su amiga Peteca, que acaba de fallecer, y lo que han hecho antes de enterrarla. Pero los reúne en realidad con otro motivo bien distinto que Zulema no puede confesar a sus hijos...

La obra se representa en el madrileño Teatro del Arte y su escenario acoge la sala de estar de una familia de clase media. La mesa está perfectamente ordenada y dispuesta para dar buena cuenta de un desayuno estupendo (tarta, café con leche y bollitos variados…). Próximos a esa mesa, a uno y otro lado, hay también una tabla de planchar, un sillón y una alacena. Todos los miembros de la familia llevan bayetas pegadas a los pies para no estropear el suelo.Zulema en esos y en otros extremos esdeterminante, autoritaria e inflexible hasta el extremo (“¡…Tú no corriges a tu madre!”, repite en multitud de ocasiones a sus hijos).

Un espejo donde mirarse

Zulema-interpretada por una genial Inma Ochoa- va ataviada con un vestido negro por debajo de la rodilla, un pañuelo blanco anudado al cuello y pelo recogido perfectamente; lleva colgado al hombro el bolso durante toda la función, y del cuello un rosario y un matamoscas que utiliza con frecuencia para pegar a sus hijos(los actores Bosco Fernández, Fonsi Liébana y Victor Duque se ajustan también con precisión a sus personajes), amén de las bofetadas que les suelta cuando le parece. Y eso que sus vástagos ya no llevan pantalones cortos, sino que son ya hombres hechos y derechos, que sobrepasan con holgura la veintena e, incluso, la treintena en alguno de ellos. Ambos, sin embargo, tienen algo en común: los tres le deben miles de euros a su madre.

Alfredo, vestido con uniforme de vigilante de seguridad, está casado, tiene un hijo (Manuel), y, provisto de una mascarilla, limpia compulsivamente sus zapatos en cuanto tiene un momento. Pedrodice que se va a convertir al judaísmo, y es un eterno estudiante de Psicología (lleva estudiando nueve años y todavía le quedan tres para terminar). Es el criado de su madre. Se ocupa de la casa: plancha la ropa, friega, le pinta las uñas....Su madre lo insulta llamándole “beréber”. A él lo que le gusta de verdad es el break dance (“me robas el dinero para comprarte marihuana”, le dice). Y, por último, Coyi,que es obeso, no para de comer. Su madre lo insulta constantemente llamándole “paquidermo”, “cerdo”, “invertido” y “homosexual”.

Ese es el paisaje y ese es el paisanaje. Los conflictos internos de la familia son fácilmente trasladables al patio de butacas en donde -quién más y quien menos- todo el mundo se ve reconocido de alguna manera con los personajes. Todos son conflictos cotidianos, algo exagerados obviamente para crear el necesario clímax dramático y para definir la personalidad de los miembros de la familia. Sermones, tensiones, algún cachete que otro, insultos más o menos sentidos, todos los hemos vivido con nuestros hermanos o nuestros padres. Heidi Steinhardt juega con esa identificación rápida delpúblico con loque ve en escena para crear un espacio común y que la risa, la sonrisa y, a veces, la carcajada surjan con facilidad. No hay mejor forma de ahuyentar los fantasmas internos y externos. Pero la procesión va por dentro, y las verdaderas intenciones de la madre a la hora de repartir una pequeña herencia familiar (el padre, muerto ya hace algún tiempo, tenía unos ahorrillos que ahora hay que repartir equitativamente) va a descubrir una realidad bien distinta, que aparece encubierta con esa comedia aparente que se vive en escena.

La risa que recorre los casi 75 minutos del montaje se transforma finalmente en una sonrisa amarga cuando se descubre el verdadero leitmotiv de Zulema al propiciar esa temprana reunión familiar que ha hecho variar los planes cotidianos de dos de los hermanos para acoplarse -una vez más- a los caprichos maternos. Y es que, en el escenario, como en la vida, casi nada es lo que parece…

'El sepelio'

Dramaturgia y dirección: Heidi Steinhardt

Intérpretes: Inma Ochoa, Bosco Fernández, Fonsi Liébana y Victor Duque

Teatro del Arte, Calle de San Cosme y San Damián, 3, Madrid.

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