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Melodramas de Liszt en la Fundación March: la música al servicio de la palabra

Melodramas de Liszt en la Fundación March: la música al servicio de la palabra

domingo 08 de mayo de 2016, 11:13h
Melodramas de Liszt en la Fundación March: la música al servicio de la palabra

El género lo ideó el filósofo y también compositor Jean-JacquesRousseau a finales del XVIII, pero el melodrama tiene ahora escasísimo eco en teatros, salas de conciertos o en tertulias literarias. Si en la sociedad al diferente le cuesta trabajo ser aceptado en un grupo porque sus integrantes piensan -erróneamente-que un nuevo miembro con características propias puede afectarle a su misma esencia, algo parecido le pasa a este género a caballo entre el concierto y la interpretación: que es muy difícil verlo representado, declamado y escuchado en sitio alguno. La Fundación Juan March ha decidido que sí, que hay lugar para el melodrama y está probando que, además, tiene público. El sábado, 8 de mayo, asistí al tercero de los conciertos programados y el salón de actos (casi 400 butacas) estaba absolutamente lleno, y sé que en las dos funciones precedentes sucedió otro tanto.

El programa lo constituían varios melodramas de Franz Liszt (1811-1886), pianista y compositor de origen húngaro, que fue el precursor del recital para piano y, a través de sus numerosos discípulos, el pianista más influyente del siglo XIX. Y en las manos de Miriam Gómez Morán, estupenda pianista -por cierto, sobre un piano original de Friedrich Ehrbar fabricado en Viena en 1883, el mismo que utilizaba Liszt-, y la voz, el gesto y el alma entera de Clara Sanchís, todo el público asistente disfrutó durante unos 70 minutos de la música de Liszt con Lenore (1859), sobre texto de Gottfried August Bürger; El monje afligido (1872), sobre texto de Nikolaus Lenau; Vals Mephisto nº 1, para piano; El amor del poeta muerto (1874), sobre texto original húngaro de Mór Jókai, y El cantor ciego (1877), sobre texto de Alekséi Konstantínovich Tolstói.

La base literaria de todos estos poemas es más que romántica, gótica, ya que por ella desfilan historias truculentas de amor y muerte, con paisaje lúgubre de fondo y final patético. La música de Liszt constituye una verdadera banda sonora de esos poemas que, con sus notas, pronuncia el dramatismo, el miedo, la inquietud, los sueños o la desesperación de los personajes de los dramas poéticos sobre quien fueron compuestas estas piezas.

Miriam Gómez Morán al piano, en perfecta armonía con Clara Sanchís, magnífica en todo momento, y desdoblándose a veces en tres personajes y adoptando además la voz del narrador, es capaz de elevar al cielo al espectador y situarlo, no ya en primera fila, sino en el seno mismo del acontecimiento narrado.

En contra de lo que sucede en la ópera, en donde la música tiene preponderancia sobre el texto, en el melodrama está muy claro que es la música quien se pone al servicio del texto, le sirve de apoyo y su fin fundamental es remarcar aquellos aspectos esenciales del mismo, razón por la cual se declaman en español y tratando siempre en las traducciones de que la métrica de los versos se respeten al máximo.

‘Liszt, dramaturgo’, que es el título de esta primera edición de un ciclo con vocación anual dedicado a recuperar este género, no ha podido ser una elección más acertada para revivirlo en la palabra de Clara Sanchís y en la fina sensibilidad de Miriam Gómez Morán. Cualquiera diría que han estado haciendo melodramas durante años y, sin embargo, estoy absolutamente seguro de que sus ensayos conjuntos habrán estado muy ajustados. El producto final, sin embargo, es sencillamente insuperable.

El silencio y la música

Hace casi dos años ya, los espectadores madrileños de teatro tuvimos la ocasión de ver a Miguel Rellán protagonizar un monólogo singularísimo, ‘Novecento’, exitoso texto que el autor italiano Alessandro Baricco publicó en 1994. (http://www.diariocritico.com/ocio/teatro/critica-de-teatro/novecento/468332). Lo inaudito de la obra es que el espectador revive la figura de un trompetista, músico de jazz, que sobrevive tocando para los turistas a bordo de un trasatlántico. En la función se vive, incluso, un duelo musical que Novecento libra con otro afamado y exitoso pianista que sube al Virginia con el único propósito de medirse con él como músico. Y lo más sorprendente de todo es que en la función no hay más que un hombre sobre el escenario, Miguel Rellán, y no suena ni una sola nota musical en los casi 90 minutos de función, pero el espectador sale de ella con mil sonidos de trompeta y de piano en su cabeza(por cierto, el montaje se está reponiendo estas semanas en otro teatro madrileño).

En este ‘Liszt, dramaturgo’, creo que sucede justa y curiosamente algo muy distinto. Es tal la armonía y la simbiosis de música y palabra que cuando uno rememora las historias que cuenta Clara Sanchís, parece que la música brotara de su propia esencia porque forma parte “natural” de aquellas.

La delicadísima puesta en escena ha dejado prácticamente desnudo el escenario, con el piano en el centro, ligeramente escorado a la izquierda, y, de forma contigua al mismo, un atril con micrófono para que la actriz pose sobre él los textos que va a declamar. Pero también, paralelamente, las partituras, porque Sanchis cursó la carrera de piano en el Conservatorio Superior de Madrid. Una densa niebla lo puebla prácticamente de principio a fin del espectáculo, que no deja ver más allá de la luna llena instalada en la noche, y unas luces directas (la iluminación corre a cargo de Fer Lázaro), enfocan constantes las figuras de Clara Sanchís y Miriam Gómez Morán. Es todo tan perfecto que parece hasta fácil, pero en eso estriba justamente la genialidad del montaje, en la perfecta simbiosis de música y palabra, de pianista y actriz.

El ciclo emprendido con ‘Liszt, dramaturgo’ por la fundación Juan March ha sido un verdadero acierto y, si esta es la senda marcada, el camino que nos queda por recorrer constituirá un verdadero y prolongado placer para los sentidos.


‘Liszt, dramaturgo’

Miriam Gómez Morán, piano

Clara Sanchis, actriz

María Ruiz, dirección artística

Luis Gago, traducción rimada

Fundación Juan March (Castelló, 77 -Madrid-)

Sábado 7 de mayo, 12:00 h


Tráiler (3’05’’)

http://www.march.es/musica/detalle.aspx?p6=100560

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