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Filicidios: ¿Por qué los padres matan a sus hijos?
(Foto: EFE)

Filicidios: ¿Por qué los padres matan a sus hijos?

martes 29 de noviembre de 2016, 16:12h
Hay pocos actos dentro del comportamiento humano que resulten más incomprensibles que el asesinato de un hijo en manos de sus padres. Quizás puedan parecernos casos excepcionales, pero lo cierto es que las estadísticas nos demuestran que es mucho más habitual de lo que pensamos.

Sin ir más lejos, el pasado jueves una mujer de cuarenta años ha matado a su hija de cinco y se ha suicidado posteriormente en su vivienda de Aranjuez. Ambas presentaban una única herida de arma blanca, a la altura del tórax.

Las causas por las que puede producirse un filicidio son muy diversas, y muchas deben entenderse en conexión con trastornos psiquiátricos; van desde filicidios accidentales, hasta los puramente instrumentales.

Estos últimos, son propios de sujetos con claros rasgos psicopáticos; en los que la presencia de los hijos supone les supone un obstáculo para desarrollar su vida tal y como quieren hacerlo.
Es el caso de una de las parricidas españolas más célebres, Francisca Ballesteros, conocida como la envenenadora de Melilla. Esta mujer, de apariencia pícnica, descrita por sus allegados como desconfiada e introvertida, mató a su marido y a dos de sus hijos, intentándolo también con el tercero.
Durante años, Francisca suministraba en las comidas familiares pequeñas dosis de carbimida, (sustancia que se encuentra en un medicamento denominado “Colme”, utilizado para la dependencia al alcohol) mezcladas otras de distintos tipos de sedantes.

Ya en el juicio, acabó confesando que tanto su marido como sus hijos eran un "estorbo" para conseguir su propósito de rehacer su vida junto a un hombre que había conocido por internet.
Algunos medios apuntaron también a esta tesis, la del filicidio instrumental, para explicar el asesinato de Asunta Basterra, la niña de origen chino asesinada por sus padres el verano del 2013.

A continuación mostramos tres de las principales explicaciones psicológicas que pueden llevar a un padre a matar a su propio hijo, haciéndolo en algunos casos por razones tan extrañas como la compasión.

Síndrome de Medea

En la mitología griega, Medea era una poderosa sacerdotisa, esposa de Jasón, que tras la traición de éste al prometerse de nuevo con Glauce, decide matar a los hijos que habían tenido en común como venganza.

Es la historia que da nombre al síndrome de Medea: entendido como el cuadro de síntomas que caracteriza a una madre que, en respuesta a los conflictos con su pareja, descarga todas sus frustraciones con comportamientos agresivos hacia sus descendientes, utilizando a los hijos como un mero instrumento de poder, pudiendo incluso llegar a arrebatarles la vida como forma de venganza. El dolor que pueda producir al marido les genera más satisfacción que el sufrimiento por la pérdida de los hijos.

Si es el padre quien da muerte a los hijos como venganza hacia la madre, hablaríamos de síndrome de Medea inverso; en la casuística española tenemos un caso de gran exposición mediática en el que se baraja la existencia de esta patología, se trata del asesinato de Ruth y José Bretón Ortiz.

Cuando José Bretón Gómez se casó con su ahora exmujer Ruth Ortiz, creyó que iba a ser para siempre. Así se desprende de las numerosas cartas y mensajes que la mujer recibía, y que son prueba de la obsesión que Bretón experimentaba por ella.

Tras sentirse rechazado, como Medea es “traicionada” en el mito, Bretón pasa a sentir un enorme odio y frustración; y los hijos de ambos, antes fruto del amor, pasan a ser ahora un posible instrumento para hacer daño.

Síndrome de munchausen por poderes

El síndrome de munchausen, también conocido como trastorno facticio es un trastorno psiquiátrico que se caracteriza por la simulación por parte del sujeto, de dolencias con el objetivo de asumir el papel de enfermo. El CIE10 lo define como “la producción intencionada o el hecho de fingir síntomas o incapacidades somáticas o psicológicas”. La motivación principal de esta patología es, principalmente, captar la atención del entorno social y familiar.

El síndrome de munchausen por poderes, sin embargo, da un paso más allá. Se trata de una enfermedad psiquiátrica y una forma de maltrato infantil. En esta patología, el cuidador del menor, habitualmente la madre, simula síntomas falsos o provoca síntomas reales para que parezca que el niño está enfermo. La motivación es similar a la del síndrome de munchausen: la búsqueda de atención, comprensión y admiración.

El sujeto intenta que la sociedad lo perciba como un “padre coraje”; alguien que tiene que lidiar con el sufrimiento que supone la enfermedad de un hijo, y la muerte en caso de que suceda.
En la casuística, es mucho más común que sean las madres las que experimenten este trastorno. Algunas de las conductas que puede realizar son: privar de alimento al niño, administrarle fármacos para provocar diversos síntomas, infectarle heridas, o incumplir deliberadamente los tratamientos médicos.

Siempre son madres sumamente preocupadas y abnegadas, sobre las que no existen sospechas de maltrato. Los menores que sufren esta forma de maltrato pueden ser hospitalizados por presentar grupos de síntomas “incoherentes”; que no encajan en ninguna enfermedad conocida. Además, el estado del niño suele mejorar durante su estancia en el hospital, y empeorar drásticamente en los periodos en los que regresa a casa.

Lacey Spears fue una mujer estadounidense que fue condenada recientemente a 20 años de prisión, por el asesinato de su hijo de seis años, Garnett, al envenenarlo con grandes dosis letales de sal en enero de 2014.

Suicido ampliado

El término suicidio ampliado se utiliza para definir la conducta de un suicida que antes de llevar a cabo la conducta autoagresiva, previamente acaba con la vida de otras personas de su entorno, generalmente su cónyuge o los hijos.

Se trata de personas que sufren lo que se denomina en psiquiatría como “depresión con rasgos psicóticos”; en estos casos, los pacientes tienen ideas de culpa y hostigamiento, que coexisten con ideación suicida persistente. Son sujetos que experimentan un profundo desencanto con la vida, viéndola como un sufrimiento continuo y perpetuo. A menudo también aparecen creencias delirantes que llevan al enfermo a pensar que todos sus allegados viven su misma situación; que están condenados a una existencia cruel, y que la única alternativa para acabar con su dolor es la muerte.

En la psicología de este tipo de filicida, la muerte es por tanto un mecanismo liberador; un acto misericorde. Piensan que solamente traspasando esa barrera pueden acabar con el sufrimiento de sus hijos. Por extraño que pueda parecer, la motivación de estos crímenes no es la venganza, el odio, o la envidia, si no la compasión; por ello son también conocidos como filicidios altruistas.

A menudo, a esta sintomatología hay que añadir la presencia del llamado pensamiento mágico. Desde la perspectiva criminológica, el pensamiento mágico es un conjunto de creencias irracionales basadas en la fe, los deseos, imaginaciones, emociones o tradiciones. La religión es el pensamiento mágico por excelencia, y es común que este tipo de filicidas sean también extremistas religiosos.

El imaginario cristiano y la idea de “la vida eterna” son elementos persistentes, que retroalimentan este tipo de conductas; la muerte es vista como la puerta hacia otro tipo de vida, sin sufrimiento ni crueldad.

Con los datos existentes, no podemos descartar que el filicidio de Aranjuez sea efectivamente un caso de suicidio ampliado. Más aun teniendo en cuenta la existencia de un cuadro de depresión en el historial médico de la mujer.

Otro caso que parece encajar en esta tipología criminal sería el de la mujer gerundense de cuarenta y dos años que, en diciembre del pasado año, arrojó por la ventana a sus hijas de once y un año de edad, para lanzarse ella a continuación.
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