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'El concierto de San Ovidio'
'El concierto de San Ovidio' (Foto: marcosGpunto)

'El concierto de San Ovidio', viejos conflictos en el recuerdo del centenario de Buero

jueves 12 de abril de 2018, 10:16h

Los ciegos músicos de ‘El concierto de San Ovidio’ resucitan en el Teatro María Guerrero de Madrid, de la mano de Mario Gas en lo que , felizmente, parece un viejo anacronismo si se compara la situación que vivían los ciegos en 1771, fecha en la que su autor, Antonio Buero Vallejo (1916-2000), colocó la fábula que imaginó, cuya trascendencia ética y moral quería llegar mucho más lejos de la propia denuncia de la situación del colectivo de invidentes a finales del siglo XVIII, en pleno furor y expansión de las tesis de la Revolución Francesa.

Digo anacronismo porque hoy nadie duda de las facultades de las personas ciegas (es normalísimo encontrarse ahora a ciegos empresarios, economistas, comerciales, profesores, periodistas, escritores, músicos, estudiantes, abogados o parlamentarios, pongamos por caso), pero tan verdad como que la situación que describe Buero en ‘El concierto de San Ovidio’ no distaba mucho de la que podía verse en España a mediados del siglo XX ya que la situación de los ciegos españoles solo empezó a cambiar de verdad a partir de la creación de la ONCE en 1938, en plena Guerra Civil.

La acción de ‘El concierto de San Ovidio’ (1962), sucede en el seno de un hospicio del París de 1771, El Hospital de los Quince Veintes. Hasta allí acude Valindín, un negociante desaprensivo y ambicioso, que consigue sin mucho esfuerzo que la monja que regenta la institución permita que seis de los ciegos allí acogidos, que muestran cierta habilidad en el manejo de instrumentos musicales, puedan actuar en las fiestas de San Ovidio en la barraca que el comerciante dispone al efecto. Y todo por el módico salario de doscientas libras que la religiosa mira como una oportunidad inaplazable para comenzar a cambiar la penuria del centro. Solo David, uno de los elegidos, desconfía de las buenas intenciones de Valindín e intuye que este no va a tener remilgo alguno en aprovecharse como sea de ellos. Y no se equivoca porque lo que el deshonesto comerciante busca es ridiculizarlos (les coloca unas grotescas gafas, los viste de magos, ataviados con un ridículo capirote, y a uno de ellos, además, le coloca unas orejas de burro). La lucha entre Valindín y David, es decir, entre el poder del dinero, y la dignidad del asalariado, no difiere mucho de la que tiene lugar en nuestros días…

Efectivamente, lo que no tiene nada de anacronismo son los temas que aparecen en ‘El concierto de San Ovidio’: la frontal lucha de clases; el abuso del poderoso frente al ciudadano; el uso espúreo de la autoridad legal; la falta de ética en el empleador para alcanzar el beneficio a toda costa; el conflicto íntimo del asalariado por mantener su dignidad; la marginación social de un colectivo de personas con discapacidad; el machismo imperante en las relaciones con la mujer; los celos; la ambición -incluso entre los más desfavorecidos-; la traición, el perdón y la honestidad llevada hasta el final por quien prefiere la muerte antes que la claudicación.

La puesta en escena de Mario Gas ha huido (él sabrá por qué, pero en su caso, con capacidad sobrada y sin falta de medios, resulta cuando menos extraño…), del riesgo y ha optado por el camino de la prudencia. La escenografía de Jean Guy Lecat es minuciosa y sorprendente, y combina el aire dieciochesco y depauperado (el hambre inunda los dispensarios públicos y conventos), con la utilización del vídeo (obra de Álvaro Luna), una música muy cuidada (de Orestes Gas), una luz de ensueño (diseñada por Felipe Ramos) y un vestuario brillante (firmado por Antonio Belart). Sorprende, sin embargo, que apenas se haya tocado el texto de don Antonio, que a los oídos del espectador de nuestros días, y concretamente en esta obra, parece extremadamente academicista y explícito -cosa que no sucede, por ejemplo, en La Fundación-.

Del largo y ajustado elenco del montaje hay que destacar a Alberto Iglesias como David que, en muchos momentos de la obra (entonación, gestos, seguridad en sus movimientos…), me recordó a aquel grandísimo actor de nuestra escena, José María Rodero, una figura que, junto a la de José Bódalo, será difícil que pueda desaparecer de la memoria de cuantos tuvimos la ocasión de verlos más de una vez en aquel viejo -y desgraciadamente hoy no resucitado en RTVE-, Estudio 1.



‘El concierto de San Ovidio’

Texto: Antonio Buero Vallejo

Dirección: Mario Gas

Intérpretes: José Luis Alcobendas, Lucía Barrado, Jesús Berenguer, Mariana Cordero, Pablo Duque, Nuria García Ruiz, Javivi Gil Valle, José Hervás, Alberto Iglesias, Lander Iglesias, Ricardo Moya, Aleix Peña, Agus Ruiz y Germán Torres

Escenografía: Jean Guy Lecat

Vestuario: Antonio Belart

Iluminación: Felipe Ramos

Música original y audioescena: Orestes Gas

Videoescena: Álvaro Luna (AAI)

Ayudante de dirección: Montse Tixé

Diseño cartel: Javier Jaén

Fotos: marcosGpunto

Teatro María Guerrero, Madrid

Hasta el 20 de mayo de 2018

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