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'Mauthausen. La voz de mi abuelo': un hermoso y estremecedor canto a la vida en medio del horror

miércoles 28 de noviembre de 2018, 11:51h
'Mauthausen. La voz de mi abuelo': un hermoso y estremecedor canto a la vida en medio del horror

La verdad se esconde siempre detrás de la apariencia. En medio de la mayor felicidad puede encontrarse un punto de amargura. Y viceversa: también en las más horrorosas experiencias humanas, si se miran de otro modo, pueden descubrirse también algunas gotitas de humor aunque solo sea por mera cuestión de supervivencia o, como dicen otros, por hacer de la necesidad virtud. Mucho de esto puede encontrarse en ‘Mauthausen. La voz de mi abuelo’, un magnífico montaje teatral escrito y dirigido por Pilar G. Almansa, que viene representándose en Nave 73, y que podrá verse también los próximos domingos del mes de diciembre. Una oportunidad para conocer una historia real que afortunadamente no terminó en el campo de concentración al que hace alusión el título, protagonizada por un español, abuelo de Inma González -que hace una interpretación deliciosa de Manuel, su abuelo-, y que es un verdadero canto a la inteligencia, a la necesidad de sobrevivir, de ampararse en el otro, incluso en la peor de las circunstancias.

A partir de los recuerdos grabados directamente por Manuel, uno de los millares y millares de personas que acabaron siendo deportados en la primera mitad de los años 40 del siglo pasado, en plena II Guerra Mundial, al campo de concentración nazi de ‘Mauthausen’, Pilar G. Almansa ha construido un montaje de una hora y cuarto, aproximadamente, que destila oficio, pasión, humanidad, emoción y empatía en la misma proporción y de principio a fin.

Y si el texto de Mauthausen’, aisladamente considerado (sencillo, directo al corazón), presenta un camino de interés creciente, el montaje que ha construido la directora de escena está también lleno de aciertos. Comenzando por la necesaria elección de la intérprete, Inma González, que pone en acción todos los resortes de la actriz de raza que lleva en sus venas para resucitar lo mejor de su abuelo Manuel, haciendo uso de la voz, el cuerpo, la gestualidad y el silencio cuando es necesario. Soberbia lección de teatro en la que colabora una espléndida escenografía, tan sencilla como eficaz (una escalera de tijera, que lo mismo sirve de tienda de campaña que de jergón o de trocha de 186 peldaños por los que se despeñaron cientos de prisioneros cuando subían las piedras que habían sacado de la cantera; un par de postes que soportan una alambrada electrificada –iluminada o no, según convenga a la escena-; unos cuantos pares de zapatos y botas viejas; alguna mesita y silla bajas…). Y con la escenografía que firma el tándem Almansa y González, estupendas también la luz de Jesús Antón y la música original y el espacio sonoro de Luis Miguel Lucas, que esparcen por la sala el temor de las SS en la misma proporción que las ansias de libertad de los prisioneros.

Horror

En ‘Mauthausen’, Manuel, “el preso 9031”, cuenta en primera persona y dirigiéndose directamente al espectador (metateatro), su periplo personal que le llevó durante la Guerra Civil española a huir a nado desde La Línea de la Concepción a Gibraltar, su paso por el ejército republicano, la dura estancia en el campo francés de refugiados de Argelés, su posterior apresamiento por el ejército nazi, su llegada a Mauthausen, el trabajo en las canteras, el campo de exterminio de Gusen, los partidos de fútbol, cómo sacaron los negativos de las fotos de Francisco Boix del campo de exterminio, la vida cotidiana en ese infierno (comida llena de gusanos, los piojos, el frío, el recuento constante por parte de los vigilantes del campo, los andrajos, las muertes por agotamiento, las ejecuciones…). Pero todo eso Manuel lo cuenta como quien refiere su última aventura amorosa a un grupo de amigos íntimos, sin darle apenas importancia porque, al fin y al cabo, es lo que uno sabe ya después de tantas décadas transcurridas. Lo interesante, lo original, lo didáctico de su narración es el talante, la actitud con las que, no solo Manuel, sino los otros dos españoles que apresaron los nazis y que formaban parte del comando poschaca, unidad de mano de obra esclava creada por los SS muestran ante la terrible adversidad.

Inma González, relatora y protagonista al mismo tiempo del montaje, se mueve con la soltura y la gracia envidiables de un andaluz sencillo y sin pretensiones, como era su abuelo, con la inteligencia natural del que busca razones debajo de las piedras para sobrevivir a ese infierno que le había deparado el destino: “yo llegué a Mauthausen el sábado, 30 de noviembre del 40. Éramos tres españoles. Nos habían subido al vagón en Munich. Veníamos de la cárcel… Allí algunos eran médicos, otros escritores. ¡Había hasta ministros! Y muchos críos. Muchos que no tenían ni los 15 años…”. Y, después de tanto infortunio, tanta desolación, tanta muerte, la conclusión de Manuel no puede ser más contundente: “¿Para qué sirvió la guerra? Para dar vueltas. ¡Anda que no las di yo!”.

El montaje impresiona, conmueve, interpela y enseña. Y no deja lugar al aburrimiento. Sucede en poco más de una hora pero, te aseguro, que vas a perder la noción del tiempo y del espacio para habitar durante 70 minutos lo mejor y lo peor de Mauthausen’. Un montaje esencial, necesario, imprescindible.

‘Mauthausen. La voz de mi abuelo’

Dramaturgia y dirección: Pilar G. Almansa

Intérprete: Inma González

Espacio escénico: Pilar G. Almansa e Inma González

Espacio sonoro y música original: Luis Miguel Lucas

Ambientación de vestuario y zapatos: María Calderón

Ambientación de escenografía: Rubén Díaz de Greñu

Realización de escenografía: Agustín López e Inma González

Diseño de iluminación: Jesús Antón

Diseño gráfico: Mamen Fernández

Dirección y montaje del tráiler: Sergio Milán

Producción: Trajín Teatro

Nave 73, Madrid

2, 9, 16, 23 y 30 de diciembre de 2018

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