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Crítica de 'El hombre del Norte (The Northman)': la perturbadora y turbia belleza de la violencia
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Crítica de 'El hombre del Norte (The Northman)': la perturbadora y turbia belleza de la violencia

viernes 22 de abril de 2022, 12:21h

La tercera película de Robert Eggers está a medio camino entre 'Conan, el Bárbaro', 'Excalibur' y 'El caballero verde', o, como el propio director ha explicado mejor, "yo tratando de hacer 'Conan el Bárbaro' por medio de 'Andrei Rublev'". Que no se asuste nadie, la huella de Tarkovsky se refleja solo en su oscura fotografía, en 'El hombre del norte' es más una brutal reflexión sobre la violencia y la venganza en su tiempo, y no una reflexión existencial en lentas imágenes.

Escrita en colaboración con el autor islandés Sjón ('Dancer in the Dark'), 'El hombre del norte' es sangrienta, turbia, alucinante y fascinante. Es, también, un prodigio visual sobre como la violencia engendra más violencia, y como la venganza no es tan satisfactoria como uno pensaba. Eso sí, no se mira a la violencia con los ojos del Siglo XXI sino con los ojos de un Berserker que cree a pies juntillas que si muere en combate una Valquiria le transportará inmediatamente al Valhalla.

La película la vemos con los ojos de Amleth, tan convencido de la existencia de lo sobrenatural como que su destino está sellado de antemano. Esa es la fuerza que tiene, además de sus portentosos músculos, él es solo un arma del destino, algo tan real en su cabeza como la lluvia que cae sobre sus cabezas. A pesar de estar basado en el mismo personaje que inspiró a Shakespeare para hacer 'Hamlet', el personaje de Eggers está menos interesado en el ser o no ser que en cortar cabezas.

Puede que nunca haya existido una película de vikingos tan centrada en la autenticidad como ésta, en la epopeya de Eggers la violencia tiene su propio ritmo, uno brutal asfixiante que se siente en el galope de los caballos, el choque de las espadas o las flechas que se clavan en los músculos. Su mundo es un lugar áspero y desolado donde la debilidad se castiga con la muerte y no hay lugar para la misericordia, o matas o te matan, un día eres rey y al otro esclavo. La brutalidad del entorno tiene su respuesta en la sed de venganza de Amieth.

La historia es tan antigua como la vida misma, un joven príncipe ve como su amado padre es asesinado por su hermano que, además, hace suya a la esposa del difunto. El chico jura venganza y dedica su vida a ello. Cuando le volvemos a ver es una masa de músculos sin piedad, que lidera una banda de guerreros sanguinarios que arrasan pueblos enteros, violan y queman vivos a los menos útiles y mandan como esclavos al resto.

El mundo a su alrededor es tan inhóspito como ellos, es lo que la une con las otras dos películas de Eggers, 'La bruja' y 'El faro', pero la escala de 'El hombre del norte' es mucho mayor, es una película más irregular pero también la más ambiciosa y chocante, eso sí, las tres películas se desarrollan en entornos naturales que se rebelan contra sus ocupantes humanos.

Los actores, clave

Los actores están muy bien, encabezados por un Alexander Skarsgård con tantos músculos que parece hasta jorobado por ellos, Anya Taylor-Joy, que repite con Eggers tras 'La bruja', da a la película sus momentos más calmados, dando un poco de humanidad al personaje de Skarsgård, aunque es Nicole Kidman la que roba las escenas cada vez que entra en acción. Mención especial también para un Claes Bang especialmente brillante.

No es una película perfecta pero tiene tanta fuerza, tanto ardor wagneriano si se prefiere, en sus momentos más épicos (como ese duelo final), que creo que los aciertos superan con amplitud a los fallos. Eggers ha entregado una película sucia y brutal pero de la que emana una belleza perturbadora y turbia.

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