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'The Beatles: Eight Days a Week': La gira mágica y misteriosa de los Beatles

'The Beatles: Eight Days a Week': La gira mágica y misteriosa de los Beatles

jueves 15 de septiembre de 2016, 12:54h
'Eight Days a Week - The Touring Years', el documental de Ron Howard sobre las giras de los Beatles no aporta nada nuevo que cualquier 'beatlemano' de pro no supiera ya, pero su metraje está lleno de imágenes de archivo de conciertos y entrevistas de los 'Fab Four' que suponen una delicia para cualquier aficionado a la música y pondrán (cuando menos) una sonrisa en la boca de cualquiera con un par de oídos funcionales.
Decía George Harrison que vivir la 'Beatlemanía' desde dentro era como estar en el ojo del huracán, viendo la tormenta desde el único lugar seguro, también decía que el mundo les tomó como excusa para volverse loco y que luego les echaron la culpa. Éso es lo que se puede ver en el documental de Howard, y ya se había visto antes en el imprescindible 'Beatles Anthology', cuatro chicos de Liverpool revolucionando el mundo sin tomárselo muy en serio y, además, disfrutando del proceso. Lo que vuelve a probar el documental es la camaradería que imperaba entre ellos, donde cada voto y opinión valía lo mismo, desde la de John Lennon a la de Ringo Starr. La misma camaredería que les permitió permanecer cuerdos a pesar de convertirse en el fenómeno del siglo XX, algo que, como también apuntaba Harrison, no tuvieron un Elvis o un Sinatra, otras tres personas que estuvieran pasando por lo mismo. Eso se puede ver en sus famosas ruedas de prensa y entrevistas en las que dan rienda suelta a su humor típicamente británico (imperdible el momento en el que Lennon se presenta como Eric ante un periodista norteamericano)

Y luego está la música, ésas maravillosas píldoras de menos de tres minutos con las que tomaron el mundo por asalto, diciendo cosas tan sencillas, y un poco tontas, como "quiero cogerte de la mano", "ella te quiere" o "la vi allí de pie". Canciones que no estaban llamadas a cambiar el mundo pero que sí lo hicieron porque más allá de su letra eran melodías absolutamente perfectas, tocadas y cantadas con total convicción y encanto. De eso trata también el documental, de cómo esos mismos chicos van creciendo y madurando a la vez que su propia música y cuando ésta se hace más sofisticada y deja de poder reproducirse con facilidad en el escenario van sintiendo cada vez más desapego por el escenario y considerando el estudio su verdadera casa. De como el escenario deja de ser el medio natural que había sido para ellos desde los lejanos tiempos de Hamburgo, hasta convertirse en una especie de circo en el que son la principal atracción.

En el documental también aparecen varios famosos relatando sus anécdotas con la banda, desde Whoopy Goldberg a Sigourney Weaver, pero tampoco aportan muchas cosas, más allá de anécdotas personales. El verdadero placer del documental está en la música y en la comprobación que, dado el equipo que tenían, los Beatles no sonaban nada mal en directo. Desde luego es milagroso ver como John y Paul empastan sus voces de manera maravillosa, mientras Ringo es capaz de mantener el ritmo sin fallo, a pesar de no escuchar nada más que miles de gargantas chillando. Como colofón al documental se puede ver el mítico concierto en el Shea Stadium de Nueva York, la primera vez que se utilizó un estadio deportivo para un concierto al aire libre. Es divertido ir viendo como Lennon va enloqueciendo a lo largo del mismo, hablando en una especie de japonés inventado, haciendo bromas aprovechando que nadie les oye o el final con 'I´m down' en el que toca el órgano con los codos y desafina en los coros intentando matar de risa a George Harrison. Es un documento maravilloso, en el que se puede apreciar a la banda más grande de todos los tiempos todavía disfrutando de un escenario, a pesar de que ya nadie escucha.

Es curioso ver el final del documental con la actuación en 1969 en la azotea de Abbey Road, a pesar de haber transcurrido tan solo tres años, parece como si entre las imágenes de su último concierto en el Candlestick Park de San Francisco hasta ese momento hubiera pasado una eternidad. Parecen otros y aun así en cuanto comienzan a tocar vuelve a fluir la magia y vuelves a pensar, erróneamente, que el mundo fue un poco peor el día en el que los Beatles se rompieron, que los sueños se acabaron y que la culpa de todo la tiene Yoko Ono. Porque, al fin y al cabo, con su ruptura se evitó el desgaste y los años de decadencia, la imagen de los Beatles quedó sin tacha, incapaces de entregar un disco que bajara del sobresaliente y siempre relacionados con la década que comandaron.

Desde luego 'The Beatles: Eight Days a Week' no dice nada que ya no estuviera dicho, el documental vuelve a pasar de largo por lo que pasaba dentro de las habitaciones del hotel entre los Beatles y sus fans, ni tampoco indaga especialmente en lo musical. No se nos dice porqué cuando en los discos de estudio ya habían abandonado las versiones en directo seguían sonando 'Twist & Shout', 'Rock & roll music' o 'Long tall Sally', ni tampoco cómo se elegía el repertorio, si tenía que haber tantas canciones de Paul o de John, además de dejar una a George y otra a Ringo. Como decía no hay ni grandes revelaciones, ni grandes sorpresas, pero el material es tan bueno que es imposible no disfrutarlo y es que como dice Elvis Costello durante su metraje, con los Beatles ya se sabe que vas a ganar de antemano.

* El documental solo estará en los cines durante una semana, tras la cuál pasará a estar disponible en otros formatos. Eso sí, el concierto del Shea Stadium sólo estará disponible en la gran pantalla (una decisión de Apple, la compañía fundada por los 'Fab Four')

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