Las conversaciones celebradas en Ginebra entre representantes de Irán y Estados Unidos concluyeron con un entendimiento sobre “principios rectores” para encauzar la disputa nuclear, aunque sin un calendario definido para un acuerdo definitivo. La mediación de Omán facilitó la definición de próximos pasos, en un contexto marcado por la presión militar y la retórica cruzada. La reacción de los mercados fue inmediata: el crudo de referencia Brent retrocedió más de un 1%, reflejando una menor prima de riesgo geopolítico ante la posibilidad de desescalada. Sin embargo, la cautela prevalece, ya que ambas partes mantienen posiciones divergentes sobre el alcance de las negociaciones y las condiciones para el alivio de sanciones.
La dimensión energética sigue siendo central. El anuncio temporal de restricciones en el Estrecho de Ormuz, ruta clave para una quinta parte del suministro mundial de crudo, recordó la vulnerabilidad de los flujos globales ante cualquier deterioro diplomático. A ello se suma el precedente de los ataques aéreos sobre instalaciones nucleares y la amenaza de ampliar el perímetro negociador hacia el programa de misiles. Teherán insiste en circunscribir el diálogo al ámbito nuclear, en línea con sus compromisos en el Tratado de No Proliferación Nuclear, mientras que Washington aspira a un acuerdo más amplio. En paralelo, la economía iraní continúa condicionada por las sanciones y por tensiones internas derivadas del encarecimiento del coste de vida.