La atención del mercado volvió a centrarse en el riesgo político en Estados Unidos, con la posibilidad de un nuevo cierre parcial del Gobierno a partir de este fin de semana como telón de fondo. Aunque las conversaciones entre la Casa Blanca y los demócratas del Senado avanzan para evitarlo, el bloqueo inicial del proyecto de gasto y el enfrentamiento en torno a la política migratoria mantienen elevada la incertidumbre.
Más allá del impacto administrativo inmediato, el riesgo de cierre reintroduce ruido institucional y amenaza con distorsionar el calendario de datos, en un momento en el que el mercado depende especialmente de referencias claras y consistentes. Este trasfondo político se superpone a un debate más profundo sobre la credibilidad de la Reserva Federal. Tras mantener los tipos sin cambios, el presidente del banco central evitó pronunciarse sobre las controversias relacionadas con su independencia y su sucesión. Ese silencio fue interpretado como una señal de fragilidad institucional, contribuyendo a la presión sobre el dólar, al repunte de los rendimientos largos y al aumento de la prima a plazo, en un entorno en el que la confianza institucional actúa como principal ancla de expectativas.
En Europa, el foco se mantiene en la fortaleza del euro y en sus implicaciones para la política monetaria. Algunos responsables del BCE reconocen que una apreciación adicional podría reabrir el debate sobre recortes de tipos, aunque el repunte del precio del petróleo compensa parcialmente su efecto desinflacionario, reforzando la cautela.